En el umbral de una contienda electoral que definirá el rumbo de Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva recorre tres estados combinando anuncios de inversión pública con mítines políticos, recordándonos que en la democracia moderna la frontera entre gobernar y aspirar al poder rara vez es nítida. Con la primera vuelta fijada para el 4 de octubre, esta gira por Rio Grande do Norte, Minas Gerais y Rio de Janeiro no es solo logística electoral: es la demostración de que el poder se sostiene tanto desde el palacio como desde el estacionamiento de un estadio.