Losada advierte sobre la fragilidad del acuerdo de Gaza por intereses electorales de Netanyahu

Se liberaron 20 rehenes israelíes vivos y se espera la devolución de 28 cuerpos de rehenes fallecidos; Israel excarceló aproximadamente 2.000 presos palestinos.
Llamamos acuerdo de paz porque dejaron de caer bombas, nada más
Losada cuestiona que el cese al fuego constituya una verdadera solución de paz para la región.

En un día marcado por intercambios de rehenes y prisioneros entre Israel y Hamás, el mundo observó imágenes que muchos quisieron llamar paz. Sin embargo, el politólogo Antón Losada advierte que un cese al fuego sin cimientos estructurales no es más que una pausa en la violencia, especialmente cuando el líder que lo firma enfrenta elecciones en un año y tres causas por corrupción pendientes. La historia, señala Losada, ya ha visto este guión antes.

  • Los últimos 20 rehenes israelíes vivos fueron entregados en operaciones supervisadas por la Cruz Roja, mientras Israel liberaba a cerca de 2.000 presos palestinos, en lo que Trump presentó como un paso histórico hacia la paz.
  • El analista Antón Losada rechaza la etiqueta de 'acuerdo de paz': las bombas callaron, pero no existe ninguna arquitectura real de resolución para la región ni para el pueblo palestino.
  • Losada alerta sobre una narrativa mediática que retrata a Hamás como el gran ganador del pacto, lo que podría estar preparando el terreno para que Israel justifique una futura ruptura del acuerdo.
  • Con elecciones israelíes previstas en un año y tres procesos por corrupción sobre Netanyahu, el riesgo de que el conflicto sea reactivado por conveniencia electoral es, según el analista, muy real.
  • El escepticismo de Losada se apoya en el precedente: Trump ya declaró terminado este conflicto una vez, y todos recuerdan lo que ocurrió después.

El lunes trajo imágenes que el mundo esperaba desde hace tiempo: los últimos veinte rehenes israelíes con vida fueron entregados en dos operaciones sucesivas bajo supervisión internacional, mientras Israel iniciaba la liberación de cerca de dos mil prisioneros palestinos. También se aguardaba la devolución de los cuerpos de veintiocho rehenes fallecidos. La firma oficial del acuerdo estaba prevista para ese mediodía en Egipto, con presencia de líderes de una veintena de países, y Donald Trump lo presentó como el inicio del fin del conflicto.

Pero desde los micrófonos de la radio, el politólogo Antón Losada ofrecía una lectura muy distinta. Para él, hablar de paz era impreciso: el silencio de las bombas no equivale a una solución. No había, en su opinión, ningún cimiento real que sostuviera lo que se estaba firmando. Dos años de observación le habían enseñado que Netanyahu había utilizado la guerra como instrumento de supervivencia política, y nada indicaba que esa lógica hubiera cambiado.

Lo que más inquietaba a Losada era el horizonte próximo. Israel celebrará elecciones en un año, y Netanyahu afronta tres procesos por corrupción. La pregunta que el analista dejaba en el aire era incómoda: ¿qué ocurriría si el candidato Netanyahu necesitara reactivar el conflicto para ganar esos comicios? A eso se sumaba una narrativa mediática que presentaba a Hamás como el gran vencedor del acuerdo, lo que Losada interpretaba como una justificación anticipada para que Israel pudiera romper el pacto alegando haber negociado mal.

La cautela, insistía Losada, era la única respuesta razonable. Estas escenas de liberación y esperanza ya se habían visto antes, y Trump ya había anunciado el fin de este conflicto en una ocasión anterior. El acuerdo era frágil, construido sobre intereses que podían cambiar en cuanto los votos estuvieran en juego. Lo que vendría después dependería menos de la paz que ambas partes decían desear y más de la política que cada una necesitaba para sobrevivir.

El lunes fue un día de movimiento en el conflicto entre Israel y Hamás, pero no necesariamente de resolución. Los últimos veinte rehenes israelíes con vida fueron entregados en dos operaciones sucesivas, supervisadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja, mientras Israel comenzaba a liberar a cerca de dos mil prisioneros palestinos. Al mismo tiempo, se esperaba la devolución de los cuerpos de veintiocho rehenes fallecidos. La ceremonia oficial de firma del acuerdo estaba prevista para ese mediodía en Egipto, con presencia de líderes de una veintena de países. El presidente estadounidense Donald Trump presentó el momento como un paso hacia la paz, anunciando que Hamás se desarmaría como parte del plan para terminar el conflicto.

Pero en los estudios de radio, el análisis político tomaba un giro más escéptico. Antón Losada, politólogo, expresó sus dudas sobre lo que realmente estaba sucediendo. Para él, llamar a esto un acuerdo de paz era impreciso. Las bombas habían dejado de caer, sí, pero eso no era lo mismo que una solución. No era paz para la región ni para el pueblo palestino. Era, en su evaluación, un alto el fuego sin los cimientos de una verdadera resolución.

Losada llevaba dos años observando cómo Netanyahu había utilizado este conflicto como herramienta política. El primer ministro israelí había mantenido su poder a través de la guerra, y no había señal alguna de que estuviera dispuesto a abandonar esa estrategia. Lo que preocupaba a Losada era lo que vendría después. Israel tenía elecciones programadas para dentro de un año. Netanyahu enfrentaba tres procesos por corrupción. ¿Qué sucedería si el candidato Netanyahu necesitaba reactivar el conflicto para ganar esas elecciones? ¿Cuál sería el costo de esa necesidad política?

Había algo más que irritaba al analista: la narrativa que estaba construyéndose en los medios. Durante el fin de semana, algunos artículos presentaban a Hamás como el gran ganador del acuerdo. Losada veía en eso una justificación anticipada para que Israel rompiera el pacto. Si Hamás era el triunfador, entonces Israel podría argumentar que había cometido un error, que había negociado mal, que necesitaba volver a la confrontación. La narrativa estaba siendo preparada, quizás sin intención, para la próxima escalada.

Losada insistía en mantener la cautela. Estas imágenes de liberación, de acuerdos, de esperanza, ya las habían visto antes. Trump ya había declarado terminado el conflicto una vez. Todos sabían cómo había terminado aquello. La historia no ofrecía razones para el triunfalismo. El acuerdo era frágil, construido sobre intereses que podían cambiar en un año, cuando los votos estuvieran en juego. Lo que sucedería después dependería menos de la paz que ambas partes decían querer y más de la política que ambas necesitaban para sobrevivir.

Esto no es un acuerdo de paz, ni es una solución, ni para la zona, ni para el pueblo palestino
— Antón Losada, politólogo
Netanyahu ha utilizado este conflicto para mantenerse en el poder a cualquier precio durante dos años
— Antón Losada
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué crees que Losada es tan escéptico si acaban de liberar rehenes y de detener los bombardeos?

Model

Porque para él, detener las bombas no es lo mismo que construir paz. Es un alto el fuego, no una solución. Y un alto el fuego puede romperse.

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Pero ¿no es mejor que siga la guerra?

Model

Claro que sí. Pero Losada está advirtiendo que este alto el fuego tiene una fecha de vencimiento incorporada: las elecciones de Netanyahu en un año.

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¿Crees que Netanyahu realmente reactivaría el conflicto por razones electorales?

Model

Losada no lo dice directamente, pero sí pregunta: Netanyahu tiene tres procesos por corrupción pendientes y elecciones en un año. ¿Qué va a hacer? Es una pregunta que se responde sola.

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¿Y qué hay de la narrativa sobre Hamás como ganador?

Model

Eso es lo que más le preocupa. Si los medios dicen que Hamás ganó, entonces Israel puede decir que perdió, que negoció mal. Y eso justifica volver a la guerra.

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¿Ha pasado esto antes?

Model

Sí. Trump ya declaró terminado el conflicto una vez. Todos saben cómo terminó.

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