Los vaivenes de Trump dejan dudas sobre el final de la guerra en Irán

El conflicto continúa con ataques de misiles iraníes contra bases estadounidenses e instalaciones aliadas, con riesgo de escalada y víctimas civiles potenciales por bombardeos.
Trump no ha definido qué es una victoria en esta guerra
Los analistas advierten que la falta de objetivos claros deja a Estados Unidos atrapado en un conflicto sin fin definido.

En el corazón de Oriente Próximo, una guerra que se proclama casi ganada se resiste a terminar. Donald Trump ha declarado que los objetivos en Irán escasean, pero no ha trazado el camino hacia la paz, mientras Teherán continúa lanzando misiles y el mundo observa cómo la ambigüedad estratégica puede ser tan peligrosa como la guerra misma. La historia recuerda que los conflictos sin definición de victoria suelen convertirse en trampas, y esta vez las consecuencias se extienden desde los mercados de petróleo hasta los equilibrios de poder en Europa y Asia.

  • Trump afirma que quedan pocos objetivos en Irán pero se niega a fijar una fecha de cese, dejando al mundo —y a sus propios aliados— sin saber cuándo ni cómo termina esta ofensiva.
  • Irán sigue atacando: el jueves pasado un misil iraní golpeó una base italiana en Irak, demostrando que el régimen no está dispuesto a rendirse mientras Washington mantiene su ambigüedad.
  • La elección de Mujtaba Jamenei como nuevo líder supremo cierra la puerta a cualquier negociación, fortalece a las Guardias Revolucionarias y deja al sector tecnocrático iraní sin voz.
  • Israel continuará sus propios ataques independientemente de lo que decida Washington, complicando cualquier salida diplomática que la Casa Blanca pudiera intentar construir.
  • Con las elecciones de medio mandato en noviembre, Trump enfrenta una contradicción fatal: una guerra prolongada dispara el costo de vida, justo el flanco que le dio la victoria electoral.
  • Rusia y China observan con cálculo: cada semana que el conflicto se cronifica es una semana en que Putin respira gracias al precio del petróleo y Pekín avanza posiciones sin disparar un solo tiro.

Donald Trump ha declarado esta semana que la campaña militar contra Irán está casi concluida —describió la ofensiva como una mera 'excursión' sobre Teherán— pero no ha fijado ninguna fecha para detener los ataques. La contradicción es visible: si la guerra está ganada, ¿por qué continúa? Mientras Washington delibera, Irán sigue lanzando misiles, incluido uno que impactó una base italiana en Irak el jueves pasado. El viernes, Trump anunció que retomaría la compra de petróleo a Rusia para aliviar la presión energética, una decisión que revela hasta qué punto el conflicto ya está afectando la economía doméstica.

El analista Daniel Bashandeh advierte que Estados Unidos no ha ofrecido a Irán ninguna salida clara, y que incluso si Washington y Teherán abrieran negociaciones, Israel no las respetaría y continuaría sus propios ataques. La Casa Blanca necesita vender una narrativa de victoria, pero eso no equivale a tener una estrategia. La reciente elección de Mujtaba Jamenei como nuevo líder supremo iraní complica aún más el panorama: su perfil discreto fortalece a las Guardias Revolucionarias, cierra los canales de contacto y deja al sector más pragmático del régimen sin influencia.

Daniel Gil, de The Political Room, sitúa el conflicto en clave de política interna estadounidense. Trump llegó a la presidencia prometiendo combatir la inflación y el costo de vida; una guerra prolongada en Oriente Próximo —sumada a las tensiones con Venezuela y el pulso por Groenlandia— amenaza con erosionar precisamente esa promesa antes de las elecciones de noviembre. Nadie ha definido qué significa ganar: ¿destruir la industria petrolera iraní?, ¿neutralizar a la Guardia Revolucionaria? Sin esa definición, el conflicto puede extenderse indefinidamente.

Mientras tanto, los grandes beneficiarios de la ambigüedad son Rusia y China. Putin depende del precio de los combustibles fósiles para financiar su guerra en Ucrania, y la tensión energética en Oriente Próximo le ofrece el respiro que lleva tiempo buscando. Pekín, por su parte, aprovecha la distracción estadounidense para avanzar posiciones en Asia. La falta de una estrategia clara de Trump no solo deja a Irán en la incertidumbre: abre espacios que otros actores globales no dudarán en ocupar.

Donald Trump tiene un problema que no termina de resolver: dice que la guerra contra Irán está casi ganada, pero no sabe cuándo terminarla. Esta semana declaró que "ya no quedan objetivos por atacar" en el país persa, pero al mismo tiempo dejó claro que la decisión de poner fin a la ofensiva depende de él. Mientras tanto, Teherán sigue lanzando misiles. El jueves pasado atacó una base italiana en Irak. El conflicto en Oriente Próximo no cesa, y en Washington comienzan a pesar dos factores que Trump no puede ignorar: el precio del petróleo disparado y las elecciones de medio mandato en noviembre, la primera prueba real para su segundo mandato.

Esta semana, Trump describió la campaña militar como una "excursión" sobre Teherán. Afirmó que Irán tenía entre siete mil y ocho mil misiles, que Estados Unidos logró destruir muchos antes de que fueran lanzados, y que ahora está destruyendo plantas de drones "a gran velocidad". No obstante, nunca fijó una fecha clara para detener los ataques. El viernes anunció que volvería a comprar petróleo a Rusia para aliviar la crisis energética. La contradicción es evidente: si la guerra está ganada, ¿por qué continúa? Si continúa, ¿cuál es realmente el objetivo?

Daniel Bashandeh, analista político especializado en Oriente Próximo, explica que Trump aún no ofrece una salida clara al régimen iraní. Incluso si hubiera negociaciones entre Washington y Teherán, Israel no las respetaría. La Casa Blanca necesita vender una narrativa de victoria a su población y al mundo, pero eso no es lo mismo que tener una estrategia clara. Bashandeh cree que Estados Unidos seguirá atacando para intentar desmilitarizar a Irán, pero esa desmilitarización va acompañada de otro objetivo: la desestabilización del país, que es lo que busca Israel. Tel Aviv continuará los ataques independientemente de lo que haga Washington.

La elección de Mujtaba Jamenei como nuevo líder supremo de Irán ha cerrado las puertas a cualquier negociación. Para Bashandeh, esto es estratégico: sin apariciones públicas, la incertidumbre favorece a las Guardias Revolucionarias, y el régimen puede rearmarse mientras Estados Unidos ve cómo se cierra la posible vía de contacto. El sector más tecnocrático del régimen queda relegado a un segundo plano. Una guerra prolongada va contra los intereses estadounidenses. Los costos económicos y políticos los asume Trump, no Netanyahu. Cuanto más se implique en Irán sin lograr la desmilitarización, más recursos necesitará, como sucedió en Irak. El precio de una salida sin victoria contundente será alto en las elecciones de noviembre. Y hay más: si Trump no encuentra solución, Rusia y China podrán avanzar posiciones en Europa y Asia respectivamente.

Daniel Gil, de The Political Room, añade otra capa de incertidumbre. La inteligencia iraní sugiere que podría haber otras dos semanas de guerra. Después, entramos en un escenario completamente incierto. Si en esas dos semanas se confirma la muerte de Mujtaba Jamenei, estaríamos ante un escenario completamente diferente. Lo que marca este conflicto es la volatilidad. Gil señala que para Trump hay mucho de política interna en juego. En noviembre hay elecciones de medio mandato, y Trump se presentó a las presidenciales con una plataforma ganadora basada en atacar el costo de vida, la inflación, el precio de la energía. Ahora Washington está inmersa no solo en la ofensiva contra Irán, sino también en Venezuela y en el pulso con Groenlandia.

Pero Trump no ha definido qué es una victoria. ¿Destruir la industria petrolera de Irán? ¿Volver a atacar a la Guardia Revolucionaria? ¿Qué significa ganar? Un conflicto prolongado es impopular porque subiría el costo de vida en un contexto ya complicado. Gil tampoco ve factible la entrada de soldados estadounidenses sobre el terreno, algo que sería aún más impopular. Mientras tanto, Putin observa con interés. Rusia depende de las exportaciones de combustibles fósiles, y la tensión energética le beneficia. Sus cuentas nacionales dependen del precio de estas materias primas, especialmente en un escenario de guerra donde los gastos del Estado se han disparado para sostener el esfuerzo en Ucrania. Para Putin, el conflicto en Oriente Próximo es un "balón de oxígeno" que lleva mucho tiempo buscando. La ambigüedad de Trump no solo deja a Irán en la incertidumbre: también abre espacios para que otros actores globales avancen sus propios intereses.

Ha resultado ser más fácil de lo que pensábamos
— Donald Trump, sobre la guerra esta semana
El régimen ha cerrado filas y se encamina hacia la militarización. Ahora se vuelve más difícil lograr el diálogo
— Daniel Bashandeh, analista político
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Trump no simplemente declara la victoria y se retira si dice que no quedan objetivos?

Model

Porque la victoria política no es lo mismo que la victoria militar. Necesita que se vea como un triunfo contundente ante su base electoral, especialmente con las elecciones de medio mandato en noviembre. Una retirada apresurada parecería debilidad.

Inventor

¿Y qué gana Irán con elegir a Mujtaba Jamenei como líder supremo en medio de todo esto?

Model

Cierra las puertas a cualquier negociación con Washington. Un líder más militarista, sin apariciones públicas, favorece a las Guardias Revolucionarias y permite que el régimen se rearmé mientras Trump pierde la posibilidad de dialogar con sectores más moderados.

Inventor

¿Entonces Israel seguirá atacando sin importar lo que haga Trump?

Model

Exacto. Israel tiene sus propios objetivos de desestabilización. Trump puede declarar un alto el fuego mañana y Tel Aviv continuaría. Eso es lo que hace tan complicada la situación para Washington.

Inventor

¿Cuál es el verdadero problema para Trump aquí?

Model

Que una guerra larga encarece la vida. Subida de precios de energía, inflación. Trump ganó las presidenciales atacando precisamente eso: el costo de vida. Si la guerra se cronifica, su mensaje político se desmorona justo antes de las elecciones de medio mandato.

Inventor

¿Y Putin qué hace mientras tanto?

Model

Observa cómo el petróleo sube de precio. Rusia vive de vender combustibles fósiles. Cuanto más tensa la situación en Oriente Próximo, más dinero entra en las arcas rusas para financiar la guerra en Ucrania. Es un regalo inesperado.

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