Polimedicación en mayores: mareos, caídas y pérdida de memoria

Las personas mayores enfrentan riesgos de caídas, confusión mental y deterioro funcional por efectos adversos de polimedicación no identificados.
Los síntomas que atribuimos al paso del tiempo pueden provenir del tratamiento
Mareos, confusión y caídas frecuentemente se achaca a la vejez cuando en realidad pueden ser efectos de medicamentos interactuando entre sí.

En los hogares de millones de personas mayores, el botiquín se ha convertido en un mapa de enfermedades acumuladas a lo largo de los años, pero también en una fuente de riesgos invisibles. La polimedicación —la toma simultánea de varios fármacos— no suma peligros de forma aritmética: los multiplica, porque los medicamentos interactúan entre sí y el cuerpo que envejece los procesa de manera distinta. Lo que preocupa a los expertos es que los síntomas resultantes —mareos, confusión, caídas— se atribuyen con demasiada facilidad al paso del tiempo, cuando en realidad son señales de que el tratamiento necesita ser revisado.

  • Cada mañana, muchas personas mayores toman una docena de fármacos sin que nadie haya evaluado si todos siguen siendo necesarios o si sus combinaciones son seguras.
  • Los efectos adversos —somnolencia, inestabilidad, pérdida de memoria, caídas— se confunden sistemáticamente con síntomas del envejecimiento, retrasando la detección del verdadero problema.
  • La fragmentación del sistema sanitario agrava el riesgo: cardiólogos, endocrinólogos y neurólogos prescriben por separado, sin que nadie tenga una visión completa del tratamiento total del paciente.
  • Los suplementos y remedios naturales comprados sin receta añaden una capa de peligro oculta que los médicos raramente conocen y que puede potenciar efectos adversos de forma impredecible.
  • Los especialistas proponen una solución concreta: revisar periódicamente cada fármaco, mantener listas actualizadas de toda la medicación y centralizar la información cuando intervienen múltiples especialistas.

Cuando una persona mayor abre el botiquín por la mañana, puede encontrar una docena de frascos con propósitos distintos. Juntos, sin embargo, pueden convertirse en un problema silencioso. Álvaro Sáez, supervisor de enfermería en el Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar, lleva años observando cómo la polimedicación afecta a los pacientes mayores, y su conclusión es incómoda: el riesgo no es la suma de los fármacos individuales, sino el resultado de sus interacciones y de cómo un cuerpo envejecido los procesa de forma diferente. Lo que funcionaba a los 60 puede volverse peligroso a los 80.

El problema más grave es que los efectos adversos son maestros del disfraz. La somnolencia diurna, la pérdida de apetito, la inestabilidad al caminar, los olvidos frecuentes, las caídas repetidas: todo se achaca fácilmente a la vejez. Sáez advierte que estos síntomas pueden ser señales de alarma de una medicación mal coordinada, no del envejecimiento en sí. El riesgo se amplifica cuando el sistema sanitario se fragmenta: cada especialista prescribe sin ver el cuadro completo, y los suplementos o remedios naturales que el paciente compra por su cuenta añaden una capa de peligro que los médicos raramente conocen.

Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores, plantea una pregunta que pocas personas se hacen: ¿cuándo fue la última vez que alguien revisó si todos esos medicamentos siguen siendo necesarios? Revisar el tratamiento no significa eliminar por eliminar, sino examinar cada fármaco con criterio: si sigue siendo necesario, si la dosis es correcta, si existe una alternativa más segura. Los especialistas recomiendan mantener un listado actualizado de toda la medicación —incluidos suplementos y remedios caseros—, revisarlo periódicamente con un profesional que vea el panorama completo, y centralizar la información cuando intervienen varios especialistas. Es una batalla que se libra en silencio en millones de hogares, y la causa suele estar ahí, en el botiquín, esperando que alguien se detenga a mirar realmente qué hay dentro.

Cuando una persona mayor abre el botiquín por la mañana, es posible que encuentre una docena de frascos. Un medicamento para la presión, otro para el colesterol, uno más para la diabetes, pastillas para dormir, vitaminas, suplementos herbales que compró en la farmacia sin receta. Cada uno tiene su propósito. Juntos, sin embargo, pueden convertirse en un problema silencioso que nadie ve venir.

Álvaro Sáez, supervisor de enfermería en el Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar, ha pasado años observando cómo la polimedicación —la toma simultánea de múltiples fármacos— afecta a los pacientes mayores. Lo que descubrió lo llevó a una conclusión incómoda: cuando los medicamentos se combinan, el riesgo no es simplemente la suma de sus partes. Cada fármaco interactúa con los otros. El cuerpo envejece y su capacidad para procesar estas sustancias cambia. Lo que funcionaba a los 60 años puede volverse peligroso a los 80. A veces, los síntomas que atribuimos al paso del tiempo —mareos, debilidad, confusión— en realidad provienen del tratamiento, no de la enfermedad que el tratamiento intenta curar.

El problema es que estos efectos adversos son maestros del disfraz. Una persona mayor que duerme demasiado durante el día, que come menos, que camina con inseguridad, que olvida dónde dejó las llaves, que se cae repetidamente: todo esto se achaca fácilmente a la vejez. Es lo que se espera. Pero Sáez señala que estos síntomas pueden ser banderas rojas de una medicación mal coordinada. La somnolencia, la pérdida de apetito, la inestabilidad, los problemas de memoria, las caídas recurrentes. Todos ellos pueden estar gritando que algo no está bien con los fármacos, no con el cuerpo.

El riesgo se amplifica cuando el sistema de salud se fragmenta. Un cardiólogo prescribe un medicamento. Un endocrinólogo prescribe otro. Un neurólogo añade un tercero. Ninguno de ellos ve el cuadro completo. Y luego está lo que los médicos no ven: los suplementos que el paciente compra por su cuenta, las hierbas medicinales, los remedios naturales que parecen inofensivos pero que pueden interferir con los tratamientos prescritos o potenciar sus efectos adversos de formas impredecibles.

Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores, plantea una pregunta que pocas personas se hacen: ¿cuándo fue la última vez que alguien revisó realmente si todos esos medicamentos siguen siendo necesarios? Muchas personas acumulan fármacos a lo largo de los años como si fueran souvenirs de sus enfermedades. Nadie se detiene a preguntar si ese medicamento que se tomaba hace cinco años todavía tiene sentido. Revisar el tratamiento no significa eliminar por eliminar, aclara Piqueras. Significa examinar cada fármaco: ¿sigue siendo necesario? ¿Es la dosis la correcta? ¿Existe una alternativa más segura para lo que el paciente necesita ahora?

Los especialistas de Sanitas ofrecen un camino más seguro. Mantener un listado actualizado de toda la medicación —no solo los fármacos prescritos, sino también los suplementos y los remedios caseros. Revisar ese listado de forma periódica, preferiblemente con un profesional que vea el panorama completo. No hacer cambios por cuenta propia, por muy lógicos que parezcan. Comunicar inmediatamente cualquier síntoma nuevo o cambio en la capacidad funcional. Y cuando intervienen múltiples especialistas, centralizar la información para que alguien, en algún lugar, tenga una visión clara de qué está tomando el paciente y por qué.

Esta es una batalla que se libra en silencio en millones de hogares. No hay dramatismo, no hay crisis. Solo personas mayores que se sienten cada vez más cansadas, más confusas, más propensas a caer. Y la causa está ahí, en el botiquín, esperando a que alguien se detenga el tiempo suficiente para mirar realmente qué hay dentro.

Cuando una persona toma varios fármacos de forma simultánea, el riesgo no depende solo de cada medicamento por separado. También debemos valorar cómo interactúan entre sí y cómo responde el organismo con el paso de los años.
— Álvaro Sáez, supervisor de enfermería
Revisar el tratamiento no significa retirar por retirar, sino comprobar si cada fármaco mantiene su indicación, si la dosis es adecuada y si existe alguna alternativa más segura para la situación clínica actual.
— Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los médicos no ven estos problemas si están prescribiendo los medicamentos?

Model

Porque cada especialista ve solo su parte. El cardiólogo ve el corazón, el endocrinólogo ve la diabetes. Nadie tiene la responsabilidad de ver cómo todas esas piezas encajan juntas en un cuerpo que envejece.

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Pero ¿no debería ser responsabilidad del médico de cabecera?

Model

En teoría, sí. En la práctica, a menudo el médico de cabecera no sabe qué ha prescrito el especialista, o el paciente no le cuenta, o simplemente hay demasiados pacientes y poco tiempo para revisar cada medicamento.

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¿Y los suplementos naturales? ¿Realmente pueden ser peligrosos si son "naturales"?

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Esa es una ilusión peligrosa. Natural no significa inofensivo. Una planta puede interactuar con un fármaco de formas que nadie ha estudiado. El problema es que muchas personas no mencionan los suplementos al médico porque no los consideran "medicinas reales".

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¿Cuál es el síntoma más fácil de confundir con la vejez?

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Las caídas. Una persona mayor se cae y todos asumen que es porque está viejo, que los reflejos fallan. Pero si esa caída es causada por mareos provocados por una combinación de medicamentos, entonces el problema no es la edad, es el tratamiento.

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¿Qué debería hacer alguien que toma muchos medicamentos?

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Hacer una lista completa —todo, incluyendo vitaminas y hierbas— y llevarla a una cita con su médico. Preguntar explícitamente: ¿sigo necesitando cada uno de estos? ¿Podrían estar causando estos síntomas que tengo? Es una conversación incómoda, pero necesaria.

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¿Y si el médico dice que sí, que todos son necesarios?

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Entonces pide una segunda opinión. O pregunta si hay alternativas. O solicita que revisen las dosis. Lo importante es que alguien, en algún lugar, vea el cuadro completo y asuma la responsabilidad de que todo funcione junto.

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