Estudio revela que padres distribuyen apoyo y recursos de forma desigual entre sus hijos

La competencia puede convertirse en una especie de castigo
Sarah Meyer, directora de MyIQ, sobre cómo la distribución desigual de recursos afecta la equidad familiar.

En el espacio entre lo que los padres creen sentir y lo que realmente hacen, un estudio global con casi 11.000 participantes ha encontrado una brecha reveladora: la mayoría distribuye preocupación, recursos y expectativas de manera desigual entre sus hijos. No se trata de favoritismo consciente, sino de una lógica silenciosa que asigna roles distintos a cada hijo según la percepción de su vulnerabilidad, perpetuando así dinámicas que pueden durar toda una vida. La familia, ese espacio donde el amor se proclama universal, opera con frecuencia bajo reglas que nadie escribió pero todos terminan cumpliendo.

  • Seis de cada diez padres admiten preocuparse más por un hijo específico, derrumbando el mito del amor parental perfectamente equitativo.
  • Casi la mitad destina más dinero, energía emocional y ayuda práctica a un hijo en particular, sin reconocerlo como favoritismo.
  • La lógica detrás de la desigualdad no es preferencia, sino percepción: los hijos vistos como vulnerables absorben más recursos, mientras los considerados capaces quedan en segundo plano.
  • En paralelo, el 39% de los padres espera que un hijo distinto —no necesariamente el más apoyado— asuma el rol de cuidador principal en la vejez.
  • Estos patrones no se disuelven al crecer: se consolidan como estructuras familiares duraderas que distribuyen desigualmente tanto los beneficios como las cargas durante décadas.

Los padres suelen afirmar que aman a todos sus hijos por igual. Pero una encuesta realizada en junio de 2026 por la plataforma MyIQ, con casi 11.000 participantes en Europa, Reino Unido, Estados Unidos y América Latina, revela que entre el discurso y la práctica existe una distancia considerable. El 61% admitió sentir mayor preocupación por uno de sus hijos, el 48% reconoció que uno demanda más energía emocional, y el 44% confesó destinar más recursos económicos y prácticos a un hijo en particular.

Lo llamativo es que esto no parece responder a preferencias conscientes. Los investigadores encontraron que los padres concentran su atención en los hijos que perciben como más vulnerables o menos autosuficientes, mientras que los considerados capaces reciben menos apoyo. Es una lógica comprensible en el momento —ayudar a quien más lo necesita—, pero que genera consecuencias duraderas. Sarah Meyer, directora general de MyIQ, señaló que la competencia entre hermanos puede convertirse en una forma de castigo que afecta la equidad dentro del hogar.

El estudio también expuso una paradoja en la distribución de responsabilidades futuras: el hijo que recibe más apoyo hoy no es necesariamente el que se espera que cuide a los padres mañana. El 39% de los encuestados admitió esperar que un hijo específico asuma la mayor parte de esa carga en la vejez. Así, cada hijo termina ocupando un rol distinto en el drama familiar: uno recibe rescates, otro debe proveerlos.

Aunque MyIQ aclaró que se trata de una exploración de percepciones y no de un estudio clínico, la escala del relevamiento sugiere que este fenómeno es transversal a culturas y contextos económicos. El amor parental puede proclamarse igualitario, pero la gestión del tiempo, el dinero y las expectativas sigue trayectorias diferenciadas que, una vez establecidas, tienden a persistir mucho más allá de la infancia.

Los padres dicen que aman a todos sus hijos por igual. Pero cuando se les pregunta qué hacen en realidad, la historia cambia. Una encuesta realizada en junio de 2026 por MyIQ, una plataforma de autoconocimiento, entrevistó a casi 11.000 padres en Europa, Reino Unido, Estados Unidos y América Latina. Lo que encontró desafía la narrativa del amor parental equitativo: seis de cada diez padres admiten sentir mayor preocupación por uno de sus hijos en particular.

Los números son contundentes. El 48% de los encuestados reconoce que un hijo demanda más energía emocional que los otros. Casi la mitad —el 44%— destina más recursos prácticos a un hijo específico: dinero, ayuda para resolver problemas, asistencia en momentos de crisis. Estos no son números pequeños. Son confesiones de casi la mitad de los padres que participaron en el estudio, personas que probablemente llegaron a la encuesta pensando que trataban a sus hijos de manera justa.

Pero aquí está lo interesante: esto no parece ser favoritismo deliberado. Los investigadores descubrieron que los padres concentran su atención y recursos en los hijos que perciben como más vulnerables o menos autosuficientes. Los que parecen independientes, capaces de resolver sus propios problemas, reciben menos atención. Es una lógica que tiene sentido en el momento —ayudar a quien más lo necesita— pero que genera consecuencias a largo plazo. Sarah Meyer, directora general de MyIQ, lo expresó así: la competencia entre hermanos puede convertirse en una especie de castigo, afectando la equidad en el trato dentro del hogar.

El estudio reveló algo más perturbador: una paradoja en cómo los padres distribuyen las responsabilidades futuras. Mientras un hijo recibe la mayor parte del apoyo económico y emocional en el presente, otro es designado —a menudo sin que se lo diga explícitamente— como el "hijo confiable". Este es el que se espera que coordine la familia, que brinde soporte emocional estable, que eventualmente sea el cuidador principal cuando los padres envejeccan. El 39% de los encuestados admitió esperar que un hijo específico asuma la mayor parte de esa carga en sus años mayores.

Lo que hace que esto sea particularmente significativo es que estos roles no siempre coinciden. El hijo que recibe rescates financieros no es necesariamente el que se espera que cuide a los padres. Es como si cada hijo tuviera asignado un rol diferente en el drama familiar: uno es el que necesita ayuda, otro es el que debe proporcionarla. Estas divisiones, que parecen naturales en el momento, tienden a consolidarse. Se convierten en patrones que persisten mucho después de que los hijos alcanzan la adultez, perpetuando desigualdades en la atención y las responsabilidades durante décadas.

MyIQ fue cuidadosa al aclarar que estos resultados representan una exploración de percepciones familiares, no un estudio clínico. Pero la escala del estudio —casi 11.000 padres en múltiples continentes— sugiere que esto no es un fenómeno marginal. Es algo que ocurre en miles de hogares, en diferentes culturas y contextos económicos. El amor parental puede ser igualitario en teoría, pero la gestión del tiempo, el dinero y las expectativas futuras sigue cauces diferenciados según la estructura de cada familia. Y esa diferencia, según el estudio, tiene peso.

La competencia puede convertirse en una especie de castigo, afectando la equidad en el trato dentro del hogar
— Sarah Meyer, directora general de MyIQ
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los padres hacen esto si dicen que aman a todos sus hijos por igual?

Model

Porque la percepción de necesidad es más fuerte que la intención de equidad. Un padre ve a un hijo luchando y responde. El otro parece estar bien, así que recibe menos atención. Es un acto de compasión que genera desigualdad.

Inventor

Pero entonces, ¿el hijo que recibe menos apoyo no sufre?

Model

Sufre de una manera diferente. Recibe menos dinero, menos rescates emocionales. Pero se espera que sea el que cuide a los padres. Es como si ganara responsabilidad a cambio de independencia.

Inventor

¿Esto es algo nuevo o siempre ha sido así?

Model

Probablemente siempre ha existido, pero ahora tenemos números que lo confirman. Casi 11.000 padres admitiendo lo que antes era un secreto familiar.

Inventor

¿Qué pasa cuando los hijos se dan cuenta?

Model

Eso es lo que el estudio no responde. Pero imagina crecer sabiendo que tu hermano recibe más dinero, más atención, y que se espera que tú seas el que cuide a los padres. Eso marca una familia.

Inventor

¿Es posible evitar esto?

Model

Tal vez si los padres son conscientes de que está sucediendo. Pero la mayoría probablemente no lo ve como un problema. Lo ven como una respuesta natural a las necesidades reales.

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