Los «químicos eternos» contaminan delfines y ballenas en todo el mundo, según estudio global

Los cetáceos, incluyendo delfines y ballenas, acumulan contaminantes tóxicos que afectan su salud y reproducción, con transferencia materna de PFAS a las crías durante la gestación y lactancia.
Lo que acaba en el océano no desaparece sin más
Los investigadores advierten sobre la persistencia de los PFAS en los ecosistemas marinos y la necesidad de acción global.

En los océanos del mundo, delfines y ballenas cargan silenciosamente una herencia química que la humanidad ha vertido durante décadas sin ver sus consecuencias: los PFAS, compuestos sintéticos que no se degradan, acumulados ahora en los tejidos de 33 especies de cetáceos estudiadas en 13 países. Un equipo internacional analizó 713 muestras de hígado recolectadas entre 2000 y 2023, descubriendo que las concentraciones aumentan con el tiempo y son especialmente altas en el Pacífico. Los grandes mamíferos marinos, centinelas involuntarios de la salud oceánica, nos devuelven en sus cuerpos el registro fiel de lo que hemos arrojado al mar.

  • Los PFAS, presentes en sartenes, espumas contra incendios y empaques de alimentos, han permeado todos los ecosistemas del planeta sin posibilidad de degradarse de forma natural.
  • Las crías de cetáceos ya nacen contaminadas: las madres transfieren estos químicos durante la gestación y la lactancia, convirtiendo la reproducción en un vector de intoxicación generacional.
  • El Pacífico registra las concentraciones más altas, reflejo de décadas de actividad industrial y del transporte de contaminantes a través de las corrientes oceánicas globales.
  • Aunque algunos PFAS han sido restringidos, sus sustitutos siguen llegando al mar y las concentraciones en cetáceos han aumentado durante las últimas dos décadas sin señales claras de reversión.
  • Los investigadores llaman a reforzar regulaciones y monitoreo continuo, citando como precedente esperanzador la recuperación de la capa de ozono tras acuerdos internacionales de eliminación gradual de químicos dañinos.

Los delfines y ballenas que recorren los océanos del mundo llevan en sus hígados una carga química invisible pero permanente: los PFAS, compuestos sintéticos que no se degradan y que durante décadas han sido ingredientes cotidianos en sartenes antiadherentes, espumas contra incendios, textiles impermeables y empaques de alimentos. Cada descarga industrial, cada producto descartado, ha alimentado una contaminación que hoy permea todos los ecosistemas del planeta.

Un equipo internacional completó la primera evaluación global de estos químicos en odontocetos —delfines, orcas, marsopas y ballenas dentadas— eligiéndolos como centinelas oceánicos por su longevidad y su posición en lo alto de la cadena alimentaria. El estudio analizó 713 muestras de hígado de 33 especies recolectadas en 13 países entre 2000 y 2023. El hígado fue el órgano clave porque es donde los PFAS se concentran con mayor intensidad al unirse a las proteínas del tejido.

Los resultados mostraron que la especie y la ubicación geográfica son los factores que más determinan la acumulación de estos contaminantes. El océano Pacífico registró las concentraciones más elevadas, reflejo probable de décadas de actividad industrial y del transporte de compuestos a través de las corrientes marinas. Un hallazgo perturbador fue la transferencia materna: las hembras eliminan parte de los PFAS al traspasarlos a sus crías durante la gestación y la lactancia, lo que explica por qué los machos y los individuos jóvenes presentan concentraciones más altas.

Lo más alarmante es la tendencia temporal: las concentraciones han aumentado a lo largo de las dos décadas estudiadas, a pesar de que algunos PFAS han sido restringidos en varios países. Sus sustitutos químicos continúan llegando al mar. Los autores proponen monitoreo riguroso y regulaciones más estrictas, y señalan un precedente alentador: la recuperación de la capa de ozono demostró que cuando las naciones actúan de forma coordinada, los ecosistemas pueden sanar. Lo que acaba en el océano no desaparece. Y los PFAS, tampoco.

Los delfines y ballenas que nadan en los océanos del mundo cargan en sus cuerpos una carga química que nunca desaparece. Se trata de los PFAS, compuestos sintéticos conocidos como "químicos eternos" porque, una vez liberados al ambiente, prácticamente no se degradan. Durante décadas han sido ingredientes invisibles en objetos cotidianos: las sartenes antiadherentes de las cocinas, las espumas que extinguen incendios en aeropuertos, los textiles impermeables de las chaquetas, los empaques que envuelven alimentos. Cada uso industrial, cada descarga, cada producto descartado ha alimentado una contaminación que ahora permea todos los ecosistemas del planeta.

Un equipo internacional de investigadores acaba de completar la primera evaluación global de cómo estos químicos se acumulan en los odontocetos, el grupo de cetáceos que incluye delfines, orcas, marsopas, cachalotes y ballenas dentadas. Los científicos eligieron estos animales como centinelas de la salud oceánica por una razón simple: viven décadas, ocupan los peldaños más altos de la cadena alimentaria y, al consumir peces y calamares, integran en sus tejidos toda la contaminación que ha sido absorbida por sus presas. Examinar sus órganos es como leer un registro histórico de lo que ha sucedido en el mar.

Para el estudio, los investigadores compilaron información de 713 muestras de hígado procedentes de 33 especies diferentes, recolectadas en 13 países entre 2000 y 2023. El hígado fue el órgano elegido porque es donde estos compuestos tienden a concentrarse con mayor intensidad, uniéndose a las proteínas presentes en el tejido. Los científicos analizaron cinco PFAS ampliamente documentados y utilizaron modelos estadísticos para entender qué variables influían en sus concentraciones: el tipo de especie, la ubicación geográfica, el sexo del animal, su edad y el año en que fue recolectada la muestra.

Los hallazgos revelaron un patrón claro: la especie y el lugar donde viven los animales son los dos factores que más explican la cantidad de PFAS acumulada. Algunas especies presentaban niveles dramáticamente más altos que otras, incluso cuando habitaban regiones similares, lo que sugiere que características biológicas y ecológicas como la dieta, el metabolismo, la longevidad y la posición en la cadena alimentaria juegan un papel determinante. Las diferencias geográficas fueron marcadas: el océano Pacífico registró las concentraciones más elevadas, un patrón que probablemente refleja décadas de actividad industrial concentrada en esa región y el transporte de estos compuestos a través de las corrientes oceánicas.

Otro descubrimiento perturbador involucra a las crías. Los machos presentaban mayores concentraciones de PFAS que las hembras, un fenómeno explicado por la transferencia materna: las hembras eliminan parte de estos contaminantes al transferirlos a sus crías durante la gestación y, especialmente, durante la lactancia. Los individuos jóvenes o de menor tamaño tendían a presentar concentraciones más altas que los adultos, un resultado que parecería contradictorio pero que los autores explican de dos maneras. Primero, las crías ya nacen con una carga importante de PFAS heredada de sus madres. Segundo, existe un efecto de dilución por crecimiento: a medida que el animal aumenta de tamaño, los contaminantes se distribuyen en una mayor cantidad de tejido, reduciendo la concentración medida por gramo de hígado, aunque la cantidad total de PFAS en el organismo continúe aumentando.

Lo más preocupante es lo que reveló el análisis de muestras recolectadas durante más de dos décadas: las concentraciones de PFAS parecen haber aumentado con el paso del tiempo. Aunque algunos de estos compuestos han sido restringidos o prohibidos en varios países, continúan persistiendo durante décadas en el ambiente. Además, siguen utilizándose otros PFAS similares que también terminan llegando a los ecosistemas marinos. Los autores del estudio escribieron que, aunque aún quedan interrogantes importantes sobre los efectos de estos contaminantes persistentes en ballenas y delfines, la contaminación generalizada observada es motivo de gran preocupación.

Los investigadores proponen un camino hacia adelante: continuar con el monitoreo riguroso, reforzar las regulaciones y trabajar para reducir la liberación de PFAS al medio ambiente. Señalan un precedente histórico: cuando se comprobó que la capa de ozono se estaba erosionando, las naciones acordaron eliminar gradualmente los productos químicos responsables, y la capa de ozono se está recuperando. Los contaminantes persistentes representan uno de los principales desafíos de contaminación de nuestro tiempo. Cuanto mejor se comprenda cómo se acumulan en ballenas y delfines, mejor preparados estaremos para reducir la contaminación futura y proteger los ecosistemas marinos. Lo que acaba en el océano no desaparece sin más. Y los PFAS tampoco.

Si bien aún quedan interrogantes importantes sobre los efectos de los contaminantes persistentes en ballenas y delfines, la contaminación generalizada que hemos observado es motivo de gran preocupación
— Autores del estudio, publicado en The Conversation
Cuanto mejor comprendamos cómo se acumulan estos contaminantes en ballenas y delfines, mejor preparados estaremos para reducir la contaminación futura y proteger los ecosistemas marinos
— Investigadores del estudio global
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué estos químicos son tan problemáticos si ya se han prohibido en algunos lugares?

Model

Porque los PFAS no desaparecen. Una vez en el ambiente, persisten durante décadas. Y aunque algunos se han restringido, se siguen usando variantes similares que terminan en el océano de todas formas.

Inventor

¿Cómo llegan exactamente a los delfines y ballenas?

Model

A través de la cadena alimentaria. Estos animales comen peces y calamares que ya han acumulado los químicos. Como viven muchos años y están en la cúspide de la cadena, la contaminación se concentra en sus cuerpos con el tiempo.

Inventor

Me sorprende que los animales jóvenes tengan más contaminación que los adultos.

Model

Hay dos razones. Primero, nacen ya contaminados porque sus madres les transfieren los PFAS durante el embarazo y la lactancia. Segundo, a medida que crecen, los químicos se distribuyen en más tejido, así que la concentración por gramo disminuye, aunque el total en el cuerpo siga aumentando.

Inventor

¿Qué tan grave es esto para la supervivencia de estas especies?

Model

Aún no se sabe con precisión. Lo que sí sabemos es que estos químicos están asociados con efectos tóxicos, alteraciones hormonales y problemas inmunológicos. La contaminación generalizada que encontraron es motivo de gran preocupación.

Inventor

¿Hay esperanza de que esto mejore?

Model

Los investigadores creen que sí, pero requiere acción global. Señalan el caso del ozono: cuando el mundo se unió para eliminar los químicos dañinos, la capa se comenzó a recuperar. Aquí necesitamos regulaciones más estrictas y reducción real de PFAS en el ambiente.

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