Expertos confirman que humanos pueden contagiar COVID-19 a mascotas

Las mascotas podrían convertirse en un reservorio del virus
Los investigadores advirtieron que aunque los animales rara vez enferman, podrían albergar el coronavirus y reintroducirlo en humanos.

A mediados de 2021, investigadores holandeses y canadienses confirmaron que el vínculo cotidiano entre humanos y mascotas tiene una dimensión invisible: quienes contraen COVID-19 pueden transmitirlo a sus perros y gatos. Los animales rara vez enferman gravemente, pero su capacidad de albergar el virus plantea una pregunta más profunda sobre los puentes silenciosos que existen entre especies. La ciencia no pide que abandonemos a nuestras mascotas, sino que reconozcamos que el cuidado genuino a veces significa mantener distancia.

  • Dos estudios universitarios —uno holandés, uno canadiense— confirmaron que el COVID-19 cruza la barrera entre dueños y mascotas con más frecuencia de lo que se creía.
  • El 17,4% de las mascotas en hogares con casos positivos ya tenía anticuerpos, señal de que la exposición silenciosa era amplia y sostenida.
  • Los gatos que dormían en la cama de sus dueños mostraron tasas de infección dramáticamente más altas —67%— frente al 3% de los gatos callejeros sin contacto humano cercano.
  • La mayor alarma no es la salud animal, sino el riesgo de que las mascotas se conviertan en reservorios capaces de reintroducir el virus en la población humana.
  • Los expertos recomiendan tratar a las mascotas como se trataría a cualquier conviviente vulnerable: con distancia y precaución mientras dure el contagio.

A finales de junio de 2021, investigadores de la Universidad de Utrecht y la Universidad de Guelph presentaron ante el Congreso Europeo de Microbiología Clínica hallazgos que confirmaban una sospecha extendida entre dueños de mascotas: contraer COVID-19 implica un riesgo real de contagiar también al perro o al gato con quien se convive.

El equipo holandés analizó muestras de más de trescientos animales en hogares con casos positivos. Solo el 4,2% dio positivo en PCR, pero al buscar anticuerpos —huella de infecciones pasadas— la cifra saltó al 17,4%. La científica Els Broens fue directa: quienes tuvieran COVID-19 debían evitar el contacto con sus mascotas igual que lo harían con otras personas. La buena noticia fue que los animales infectados casi nunca desarrollaban síntomas graves. La preocupación real, explicó Broens, era otra: las mascotas podrían funcionar como reservorio del virus, manteniéndolo latente y con posibilidad de reintroducirlo en humanos.

El equipo canadiense aportó un detalle revelador sobre el riesgo diferenciado. La profesora Dorothee Bienzle descubrió que el 67% de los gatos domésticos y el 43% de los perros en hogares con COVID-19 tenían anticuerpos, frente a apenas el 9% de animales de refugio y el 3% de gatos callejeros. Los gatos que compartían cama con sus dueños mostraban mayor probabilidad de infección, algo que Bienzle atribuyó a sus receptores virales específicos y a la prolongada proximidad nocturna. Los perros, en cambio, parecían infectarse con independencia del nivel de contacto directo.

Ambos estudios dejaron preguntas abiertas: si las mascotas pueden transmitirse el virus entre sí, o si pueden reinfectar a personas, no quedó demostrado, pero tampoco pudo descartarse. Los investigadores recomendaron mantener distancia de las mascotas durante el período de contagio y separar a los animales infectados de otros en el hogar. El riesgo inmediato para la salud pública se consideró bajo, pero el mensaje fue claro: el virus no respeta las fronteras entre especies.

A finales de junio de 2021, investigadores de dos universidades presentaron hallazgos que confirmaban lo que muchos dueños de mascotas temían: si contraes COVID-19, es probable que se lo transmitas a tu gato o perro. Los estudios, uno de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos y otro de la Universidad de Guelph en Canadá, fueron presentados ante el Congreso Europeo de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas, aunque aún no habían sido publicados en revistas científicas revisadas por pares.

El equipo holandés analizó muestras de 156 perros y 154 gatos de 196 hogares donde al menos una persona había contraído el virus. Los números fueron reveladores: trece animales en total dieron positivo en pruebas de PCR, lo que representaba el 4,2 por ciento de la muestra. Pero cuando los investigadores buscaron anticuerpos—evidencia de infección previa—encontraron que 54 gatos y 23 perros, es decir el 17,4 por ciento, habían estado expuestos al virus en algún momento. Els Broens, científico del equipo de Utrecht, fue directo en su recomendación: quienes tuvieran COVID-19 debían evitar el contacto con sus mascotas de la misma manera que lo harían con otras personas.

Lo que tranquilizó a los investigadores fue que los animales infectados rara vez mostraban síntomas graves. Cuando los síntomas aparecían, eran leves y desaparecían rápidamente. Esto llevó a Broens a aclarar que la verdadera preocupación no era la salud de los animales, sino algo más inquietante: las mascotas podrían convertirse en un "reservorio" del virus, un lugar donde el coronavirus podría permanecer y potencialmente reintroducirse en la población humana en el futuro. Sin embargo, el estudio no encontró evidencia de que las mascotas transmitieran el virus de vuelta a los humanos, ni siquiera entre animales que vivían juntos en el mismo hogar.

El equipo canadiense llegó a conclusiones similares pero con detalles adicionales sobre qué mascotas corren mayor riesgo. Dorothee Bienzle, profesora de patología veterinaria en Guelph, señaló que los gatos parecían particularmente vulnerables, especialmente aquellos que dormían en la cama de sus dueños. Su investigación incluyó pruebas de anticuerpos en 48 gatos y 54 perros de hogares donde los propietarios habían tenido COVID-19, además de animales de refugios y gatos callejeros. Los números fueron dramáticos: el 67 por ciento de los gatos domésticos y el 43 por ciento de los perros dieron positivo en anticuerpos, comparado con solo el 9 por ciento de los animales de refugio y el 3 por ciento de los gatos callejeros.

Los investigadores canadienses hicieron preguntas detalladas a los dueños sobre cómo interactuaban con sus mascotas: cuánto tiempo pasaban juntos cada día, si las besaban, si permitían que los lamieran la cara, si dormían en la misma cama. Lo que descubrieron fue que los gatos que pasaban más tiempo con sus dueños y especialmente aquellos que compartían la cama tenían mayor probabilidad de estar infectados. Los perros, por el contrario, parecían infectarse independientemente del nivel de contacto directo. Bienzle concluyó que los gatos son más susceptibles debido a sus receptores virales específicos, y que la proximidad durante el sueño aumentaba significativamente el riesgo de exposición.

Aunque ambos estudios ofrecieron evidencia sólida de transmisión de humano a mascota, dejaron abiertas varias preguntas. Bienzle fue cuidadosa al hablar sobre la posibilidad de que las mascotas transmitieran el virus entre sí: "la evidencia es limitada, pero no se puede excluir". De manera similar, reconoció que aunque no se había demostrado que las mascotas transmitieran el virus a las personas, tampoco se podía descartar completamente. Los investigadores recomendaron que quienes tuvieran COVID-19 se mantuvieran alejados de sus mascotas y, por precaución, mantuvieran a los animales infectados separados de otros en el hogar. Lo que quedó claro fue que el virus podía saltar entre especies, pero que el riesgo inmediato para la salud pública seguía siendo bajo.

Debe evitar el contacto con su gato o perro, tal como lo haría con otras personas
— Els Broens, Universidad de Utrecht
Si alguien tiene COVID-19, hay una probabilidad sorprendentemente alta de que se lo transmita a su mascota
— Dorothee Bienzle, Universidad de Guelph
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los investigadores parecían más preocupados por el futuro que por lo que está sucediendo ahora?

Model

Porque encontraron que las mascotas pueden portar el virus sin enfermarse gravemente. Si un animal infectado nunca muestra síntomas, podría albergar el virus durante semanas o meses sin que nadie lo sepa. Eso es lo que significa ser un reservorio.

Inventor

¿Entonces el virus podría volver a los humanos desde una mascota?

Model

Teóricamente, sí. Pero aquí está lo importante: en estos estudios no encontraron que eso sucediera. Ni una sola transmisión de mascota a humano. Aún así, los científicos no pueden garantizar que sea imposible.

Inventor

¿Por qué los gatos parecen más vulnerables que los perros?

Model

Tiene que ver con la biología. Los gatos tienen receptores virales que el coronavirus puede usar más fácilmente. Además, los gatos que duermen en la cama de sus dueños están literalmente respirando el mismo aire durante horas. Es exposición pura.

Inventor

¿Qué tan común es que una mascota se infecte si su dueño tiene COVID?

Model

En los hogares estudiados, fue sorprendentemente común. Dos de cada tres gatos domésticos mostraban signos de infección previa. Pero aquí está lo tranquilizador: casi ninguno se enfermó gravemente. Algunos ni siquiera mostraron síntomas.

Inventor

¿Entonces la recomendación es simplemente mantener distancia?

Model

Exactamente. Si tienes COVID, aléjate de tu mascota como lo harías con otra persona. No la beses, no duermas con ella, minimiza el contacto. Es lo mismo que hacemos con los humanos, pero muchas personas no pensaban en sus mascotas de la misma manera.

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