Con miles de drones, Alemania o Francia podrían pelear un par de días contra Rusia
El Strum Blade ucraniano cuesta $1.500 y corta cables de fibra óptica de drones enemigos, mientras que un Patriot cuesta $4 millones, demostrando la efectividad de costos bajos. Ucrania planea producir 5 millones de drones este año (13.000 diarios) y exportar $2.000 millones en armamento, cubriendo el 50% de sus necesidades militares frente al 10% en 2022.
- Ucrania planea producir 5 millones de drones en 2026, más de 13.000 diarios
- El Strum Blade cuesta $1.500; un Patriot cuesta $4 millones
- Ucrania exportará aproximadamente $2.000 millones en armamento en 2026, diez veces más que en 2021
- La industria local cubre el 50% de requerimientos militares ucranianos, comparado con 10% en 2022
- Ucrania cuenta con aproximadamente 450 empresas que fabrican drones
Ucrania ha desarrollado una industria de drones de bajo costo que revoluciona la guerra moderna, produciendo millones de unidades anuales y posicionándose como líder tecnológico global en defensa.
En un centro de pruebas al aire libre en la región de Leópolis, Yevgeny Semenov, un ingeniero de 34 años y expilotos de aviación, sostiene un cordel de metal enrollado en una bobina. Es el corazón del Strum Blade, el último invento ucraniano en una guerra que se ha convertido en un laboratorio de innovación tecnológica sin precedentes. El dron cuadricóptero levanta la bobina, desciende el filamento hasta que un contrapeso toca tierra, y avanza para cortar los cables de fibra óptica que los rusos utilizan para controlar sus drones Zhdun, esos aparatos que permanecen emboscados durante horas en las carreteras de abastecimiento, esperando el paso de vehículos ucranianos. Cuando el cable se corta, el dron enemigo pierde toda capacidad de ataque. El costo: mil quinientos dólares. La efectividad: limpiar diez kilómetros de ruta por hora.
Esta ecuación de bajo costo y alta efectividad define la revolución que Ucrania está liderando en la guerra moderna. Según Semenov, el noventa por ciento de las bajas ucranianas ocurren durante operaciones de abastecimiento o reemplazo de tropas, cuando los vehículos transitan por las rutas donde acechan los drones enemigos. La única forma de detener estos aparatos es cortarles el cable. Es un problema grave, pero también una oportunidad para innovar. El Strum Blade representa exactamente eso: una solución ingeniosa que cuesta una fracción de lo que cuesta un misil Patriot, que ronda los cuatro millones de dólares.
En la misma tienda de campaña, Semenov exhibe el Interceptor Strum, un dron diseñado para derribar los Shaheed iraníes que Rusia utiliza en sus ataques. Desde 2024, Ucrania ha desplegado aproximadamente siete mil interceptores de este tipo, requiriendo un promedio de tres para destruir cada Shaheed. El precio de un Strum ronda los mil dólares. Un Shaheed cuesta más de veinte mil. La matemática es brutal: mientras Occidente invierte millones en sistemas defensivos tradicionales, Ucrania produce aparatos que cuestan cientos de euros y que pueden ser reemplazados rápidamente cuando se pierden. Mikhailo Visarsky, ingeniero de la firma Uadamage, lo expresa con claridad: Occidente sigue mejorando caballos mientras Ucrania diseña coches. Su dron de detección de minas puede reconocer una hectárea en una hora, cien veces más rápido que los detectores tradicionales que utilizaban la misma tecnología de hace setenta años.
La Semana de la Tecnología del Uttc, celebrada esta semana en Leópolis, reunió a casi cincuenta empresas especializadas en desminado y tecnologías relacionadas con la guerra. Fue el enésimo escaparate de la espectacular evolución de la industria militar ucraniana. Simultáneamente, casi sesenta empresas ucranianas presentaban sus innovaciones en Eurosatory-2026, la principal feria de tecnología militar del mundo, en París. Allí mostraron desde misiles balísticos hasta un nuevo dron submarino kamikaze capaz de transportar mil kilos de explosivos, además de decenas de diseños de aparatos aéreos y robots terrestres que están produciendo las compañías locales.
Ucrania ha decidido transformar su rol en la arquitectura de defensa europea. Hace cuatro años, tras la invasión rusa de 2022, el país era principalmente receptor de ayuda militar. Ahora se posiciona como socio tecnológico. En mayo, el presidente Zelenski anunció que Ucrania ya no enviaría militares a entrenamientos en el extranjero porque la enseñanza europea estaba desfasada para la guerra de drones que se libra en su territorio. También declaró que el país había alcanzado un excedente de capacidad de producción del cincuenta por ciento en ciertos tipos de armas. La industria local ahora cubre aproximadamente el cincuenta por ciento de los requerimientos militares ucranianos, comparado con apenas el diez por ciento en 2022.
Ihor Bezkaravainyi, viceministro de Economía a cargo del desminado, presente en el evento de Leópolis, fue directo: Europa tiene que empezar a ver a Ucrania como socio, no como receptor de ayuda. La tecnología que está desarrollando el país es efectiva y barata, y representa un cambio radical en las reglas del juego. Mientras Europa gasta millones en sistemas defensivos que pueden ser superados por drones que cuestan cientos de euros, Ucrania produce soluciones prácticas. Zelenski anunció en febrero que el país planea abrir una decena de centros de exportación de armamento en diversas ciudades europeas durante 2026. Según el jefe de estado, Ucrania cuenta con aproximadamente cuatrocientas cincuenta empresas que fabrican drones, de las cuales entre cuarenta y cincuenta son líderes del mercado. Todo el mundo quiere invertir.
Los números son asombrosos. Ihor Fedirko, director del Consejo Ucraniano de la Industria de Defensa, estimó que solo este año el país podría exportar armas por valor de dos mil millones de dólares, diez veces más que en 2021, justo antes de la ofensiva rusa. Del Ministerio de Defensa local confirmó que de los ciento setenta y cinco nuevos modelos de armas y equipamiento militar aprobados en mayo, el noventa y tres por ciento ya son producidos totalmente por empresas locales. Kiev ha firmado en los últimos meses contratos multimillonarios con gigantes como Airbus Defensa y Espacio, la alemana Quantum Systems y la estadounidense Auterion. El doce de junio, Airbus anunció un acuerdo estratégico con Skyfall, productora ucraniana de drones, para establecer el escudo aéreo de múltiples niveles que la Unión Europea pretende implementar. Dos días antes, MBDA, fabricante del misil de crucero Taurus, rubricó una alianza similar con Armor, empresa ucraniana especializada en drones de largo alcance.
Pero la cifra que genera carcajadas entre los expertos ucranianos es esta: Ucrania producirá este año cinco millones de drones. Es decir, más de trece mil por día. Cuando Semenov escucha que Alemania o Francia cuentan con miles de drones, rompe a reír. Con miles de drones, dice, esos países podrían pelear un par de días contra Rusia y después tendrían que rendirse. La tecnología cambia cada tres meses en esta guerra. Lo que servía ayer es historia hoy. Esa es la velocidad a la que Ucrania está innovando, y es la velocidad a la que el mundo de la defensa europea está siendo obligado a repensar sus estrategias.
Citas Notables
La tecnología que está desarrollando Ucrania es efectiva y barata. Supone un cambio radical de las reglas del juego. Mientras, Europa sigue gastando millones en un sistema defensivo que puede ser superado por drones que cuestan cientos de euros.— Ihor Bezkaravainyi, viceministro de Economía de Ucrania
En esta era, la tecnología cambia cada tres meses. Lo que servía ayer, hoy es historia.— Yevgeny Semenov, director de la firma productora del Strum Blade
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que Ucrania, un país en guerra, esté produciendo más drones que cualquier potencia europea?
Porque la guerra los obligó a innovar o morir. No tenían el lujo de esperar a que los sistemas occidentales llegaran. Tuvieron que inventar soluciones rápidas, baratas y que funcionaran mañana, no en cinco años.
Pero ¿de dónde sale la capacidad industrial? ¿Cómo se construye una industria de drones en medio de un conflicto?
Mucha de esa capacidad ya existía en el sector de tecnología de la información. Cuando la invasión comenzó, ingenieros de software y startups de IT se reconvirtieron. Vieron un problema real y empezaron a resolverlo. No había burocracia que los frenara.
El costo es lo que más sorprende. Un Strum cuesta mil dólares, un Patriot cuesta cuatro millones. ¿Eso significa que los sistemas occidentales son ineficientes?
No exactamente. Los Patriot hacen cosas que un Strum no puede hacer. Pero en esta guerra específica, en este momento, la efectividad por dólar es brutal. Ucrania descubrió que no necesita sistemas perfectos. Necesita sistemas que funcionen, que sean reemplazables y que evolucionen cada tres meses.
¿Qué significa que Ucrania quiera ser un socio de defensa de Europa en lugar de solo un receptor de ayuda?
Significa que el poder ha cambiado de manos. Europa necesita lo que Ucrania sabe hacer. Y Ucrania sabe que eso tiene valor. No es solo orgullo. Es una realidad económica. Los europeos están gastando millones en sistemas que pueden ser superados por drones que cuestan cientos de euros.
¿Qué pasa después de la guerra? ¿Toda esta capacidad de producción desaparece?
Eso es lo que Bezkaravainyi sugiere que no suceda. Dice que es como Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Japón fabricaba vehículos baratos para el ejército estadounidense durante Corea, y eso se convirtió en su economía. Ucrania podría hacer lo mismo con drones. Hoy para la guerra. Mañana para entregar pizzas.