Durante millones de años, el cerebro humano creció hasta triplicar su tamaño original, y ese crecimiento exigió un combustible constante y abundante. Un nuevo estudio publicado en Science propone que los carbohidratos —primero los azúcares de frutas y miel, luego los almidones cocinados— fueron tan decisivos como la carne en esa expansión metabólica. La historia de cómo nos volvimos humanos pasa, en parte, por lo que pusimos en la boca antes de encender el primer fuego.