De la Espriella anuncia plan económico: ajuste fiscal, energía y vivienda como pilares

Cada mes que espera, el costo de corregirlo crece
Economistas advierten sobre la urgencia del ajuste fiscal en los primeros 360 días del gobierno de De la Espriella.

Abelardo de la Espriella asume la presidencia de Colombia con un programa económico que reconoce tres urgencias históricas: las finanzas públicas deterioradas, un sector energético en declive y una deuda social en materia de vivienda. Su apuesta es la velocidad —ajustes en los primeros 360 días— como antídoto a la inercia que, según los economistas que lo asesoran, convierte los problemas manejables en crisis irreversibles. El plan no inventa soluciones nuevas, sino que intenta ejecutar con disciplina lo que otros gobiernos postergaron.

  • El déficit fiscal colombiano sangra y cada mes sin corrección lo hace más costoso: De la Espriella se compromete a llevarlo al 4,8% del PIB en menos de un año, respaldado por economistas de las principales universidades del país.
  • Las reservas de petróleo y gas caen mientras la generación eléctrica enfrenta sequías y falta de inversión, configurando una crisis energética que el nuevo gobierno promete atacar con decisiones aceleradas y mayor seguridad jurídica para los inversionistas.
  • El mercado de vivienda excluye a la mayoría: el plan 'País de Propietarios' apunta a que el 50% de los hogares colombianos acceda a casa propia mediante créditos al 2% de interés y subsidios renovados bajo el esquema Mi Casa Ya 2.0.
  • La infraestructura regresa al centro de la estrategia no como gasto sino como motor: obras públicas que generan empleo, atraen capital privado y crean condiciones para el crecimiento de otros sectores.
  • El mayor riesgo del plan es su propia ambición: gobernar con velocidad puede corregir trayectorias, pero la prisa sin precisión también multiplica los errores en un contexto fiscal y energético que no admite margen de maniobra.

Abelardo de la Espriella llega a la presidencia con una agenda que reconoce sin rodeos tres heridas abiertas: el déficit fiscal, la crisis energética y la exclusión del mercado de vivienda. Su gobierno se ha fijado un horizonte de 360 días para llevar el déficit al 4,8% del PIB, una meta construida junto a economistas de los Andes, la Nacional, la Javeriana y Fedesarrollo. El mensaje de estos expertos es contundente: cada mes de demora encarece la solución y eleva el costo político de corregir.

En materia energética, las reservas de petróleo y gas caen y la generación eléctrica enfrenta presiones acumuladas. De la Espriella propone acelerar proyectos estratégicos, fortalecer alianzas público-privadas y reducir obstáculos regulatorios. La promesa de mayor seguridad jurídica apunta directamente a los inversionistas, que necesitan certeza de que las reglas del juego no cambiarán con cada cambio de gobierno.

La tercera apuesta es el plan 'País de Propietarios': créditos al 2% de interés, subsidios bajo un renovado Mi Casa Ya 2.0 y simplificación de trámites para que el 50% de los hogares colombianos pueda acceder a vivienda propia. Menos burocracia significa proyectos más ágiles y constructores con mayor certeza para invertir. La infraestructura, en este esquema, no es un gasto sino el motor que genera empleo y atrae capital privado.

El sello del gobierno que comienza es la velocidad. Velocidad fiscal, energética y constructiva. El potencial es real: actuar con decisión en los primeros meses puede cambiar la trayectoria de una economía que lleva años acumulando problemas postergados. El riesgo también es real: la prisa sin precisión genera errores que un contexto tan ajustado difícilmente puede absorber.

Abelardo de la Espriella llega a la presidencia con una agenda económica que toca tres heridas abiertas: un déficit fiscal que sangra, un sector energético en caída libre, y un mercado de vivienda que necesita oxígeno. Su gobierno plantea cerrar el hueco fiscal en los primeros 360 días, llevando el déficit a 4,8 por ciento del PIB. No es un número arbitrario. Es el resultado de conversaciones con economistas de las principales universidades del país —los Andes, Nacional, Javeriana— y de Fedesarrollo, el centro de investigación que ha documentado durante años cómo las finanzas públicas se deterioran cuando no se actúa a tiempo.

La advertencia de estos expertos es clara y sin matices: cada mes que pasa sin ajuste fiscal hace la solución más cara. No es una amenaza. Es una ecuación. Cuando los gobiernos demoran, los mercados se mueven primero, y luego el costo político de corregir es mucho más alto. De la Espriella parece haber entendido esto. Su programa de gobierno dedica recursos y atención a lo que otros gobiernos posponen.

Pero el déficit no es el único problema que hereda. El sector energético está en crisis. Las reservas de petróleo y gas caen. La generación eléctrica enfrenta presiones que van desde la sequía hasta la falta de inversión. De la Espriella propone frenar esta caída con acciones que incluyen acelerar proyectos clave, fortalecer las alianzas entre el sector público y privado, y reducir los obstáculos regulatorios que ralentizan las decisiones. También promete mayor seguridad jurídica, que es la forma de decir que los inversionistas necesitan saber que las reglas no van a cambiar cada seis meses.

La tercera pata de la estrategia es la vivienda. El gobierno lanzará un plan llamado País de Propietarios, que busca que el 50 por ciento de los hogares colombianos acceda a casa propia. Suena ambicioso. Los números sugieren que podría funcionar: créditos al 2 por ciento de interés, subsidios bajo el nombre Mi Casa Ya 2.0, y una reingeniería fiscal que reduce los trámites. Menos burocracia significa que los proyectos se mueven más rápido. Menos trámites significa que los constructores pueden invertir con más certeza.

La infraestructura vuelve al centro de la estrategia económica. No como un gasto, sino como una inversión que genera empleo, atrae inversión privada, y crea las condiciones para que otros sectores crezcan. De la Espriella ha colocado esto en el corazón de su plan, no en los márgenes.

Lo que viene es un gobierno que apuesta a la velocidad. Velocidad en el ajuste fiscal para evitar que la crisis se profundice. Velocidad en las decisiones energéticas para frenar la caída de reservas. Velocidad en la construcción para que las familias accedan a vivienda. El riesgo es que la velocidad sin precisión genera errores. El potencial es que un gobierno que actúa rápido en los primeros 360 días puede cambiar la trayectoria de la economía.

Entre más tarde se inicie el ajuste más costoso resultará
— Expertos de universidades Andes, Nacional, Javeriana y Fedesarrollo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el déficit fiscal es tan urgente? ¿No puede esperar un año?

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Porque cada mes que espera, el costo de corregirlo crece. Los expertos lo dicen claramente: tarde o temprano hay que hacer el ajuste. Hacerlo ahora es más barato que hacerlo en crisis.

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¿Y la energía? ¿Qué tan grave es la caída de reservas?

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Lo suficientemente grave como para que sea una de las tres prioridades del gobierno. Sin energía confiable, nada más funciona. Las inversiones se van a otros países.

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El plan de vivienda promete créditos al 2 por ciento. ¿Eso es sostenible?

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Depende de cómo se financie. Si es con subsidios fiscales bien diseñados y con una banca que realmente presta a esa tasa, sí. Si es un parche, no.

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¿Qué pasa si el ajuste fiscal es muy duro?

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Hay riesgo de contracción económica en el corto plazo. Pero la alternativa es una crisis de confianza que es mucho peor. De la Espriella está apostando a que la velocidad del ajuste lo hace menos doloroso.

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¿Cuál es el verdadero reto aquí?

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Hacer tres cosas a la vez sin que una sabotee a la otra. Ajuste fiscal, reactivación energética, y estímulo a la vivienda. Si falla una, las otras se tambalean.

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