En el cruce entre la divulgación científica y la experiencia clínica, la psicóloga Isabel Rojas Estapé propuso una conexión sugerente: quienes sienten el mundo con mayor intensidad —las llamadas personas altamente sensibles— podrían recurrir al tatuaje como forma de externalizar esa carga emocional. La idea resonó en las redes, pero la ciencia, fiel a su cautela, aún no ha trazado ese puente con evidencia sólida. Lo que sí permanece claro es que la alta sensibilidad no es fragilidad, sino una forma distinta de habitar la experiencia humana.