En un momento en que la tierra exige más de lo que el ojo humano puede anticipar, una empresa suiza llega a Argentina con la promesa de escuchar a las plantas antes de que estas griten. Vivent Biosignals instala pequeños electrodos en los tallos de los cultivos para leer sus señales eléctricas, detectando estrés hídrico, nutricional o por plagas hasta diez días antes de que aparezca cualquier síntoma visible. Es la vieja aspiración agrícola —conocer el campo antes de que el daño sea irreversible— traducida ahora al lenguaje de la inteligencia artificial y los biosensores.