En junio de 2026, la supercomputadora china LineShine tomó el primer lugar del ranking TOP500, devolviendo a China a la cúspide del poder computacional mundial tras casi una década de ausencia. Con 2.198 exaflops de capacidad, esta máquina instalada en Shenzhen supera en un 20% a su predecesor estadounidense, El Capitán, y recuerda que la carrera por la supremacía tecnológica es, en el fondo, una conversación entre naciones sobre quién define el futuro. El cambio de guardia no es solo un dato técnico: es un símbolo de ambiciones civilizatorias que se miden en núcleos, gigahertz y exabytes.