Hace casi medio siglo, la psicóloga Dorothy Tennov le dio nombre a una forma de deseo que no pide permiso: la limerencia, ese estado donde los pensamientos sobre otra persona se vuelven intrusivos e imparables. Lo que entonces era un fenómeno acotado por la distancia y el olvido, hoy encuentra en las redes sociales un ecosistema diseñado para prolongarlo sin límite. Los algoritmos, las historias efímeras y los perfiles siempre accesibles han convertido una antigua condición humana en algo más persistente, más visible y, según los expertos, potencialmente más dañino.
Limerencia: cómo las redes sociales intensificaron la obsesión amorosa del siglo XXI
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