En el umbral de una de las preguntas más antiguas de la humanidad —¿estamos solos?—, dos civilizaciones tecnológicas han decidido mirar juntas hacia las estrellas con instrumentos sin precedente. La misión europea LIFE y la china Vida 2.0 representan dos filosofías distintas para un mismo propósito: leer en la luz de mundos lejanos las huellas químicas que solo la vida sabe escribir. Si alguna de ellas logra detectar metano, ozono o vapor de agua en la atmósfera de una exotierra, el cosmos dejará de ser un silencio y se convertirá en una respuesta.