Juega quien lo merece, no quien tiene un nombre grande
En apenas treinta y ocho días, el técnico portugués Luís Castro ha revertido la caída libre del Levante UD en el Ciutat de València, devolviendo al club una identidad competitiva que parecía extraviada. Su llegada no trajo promesas vacías sino un sistema claro: la meritocracia como eje, la cantera como horizonte y la plasticidad táctica como herramienta. Lo que ocurre en Orriols es un recordatorio de que los colectivos humanos, cuando encuentran un propósito compartido, pueden transformarse con una velocidad que desafía el escepticismo.
- El Levante llegó a Castro en caída libre: nueve jornadas sin ganar en casa, vestuario fracturado y una afición que había comenzado a desconfiar de su propio equipo.
- La meritocracia sacudió el vestuario de raíz: titulares históricos perdieron su estatus automático mientras jóvenes desconocidos emergían con goles y asistencias decisivas.
- Los resultados ante rivales de élite —victoria en el Pizjuán, punto ante el Atlético, competitividad en el Bernabéu— demuestran que la transformación no es ilusión sino realidad medible.
- La defensa se ha vuelto sólida, siete goleadores distintos han aparecido en cinco partidos y el Ciutat de València ha recuperado su condición de fortín temido.
- El objetivo es la permanencia en Primera División, y el equipo avanza hacia ella con la convicción de quien sabe que cada partido que resta es una final sin margen de error.
Treinta y ocho días fueron suficientes para que Luís Castro cambiara la cara de un Levante que se desmoronaba. Cuando el técnico portugués llegó a Orriols, encontró un vestuario fracturado, una afición desconfiada y una espiral de resultados que amenazaba con hundir al club. Hoy, la ilusión ha vuelto al Ciutat de València de forma tangible: en puntos, en victorias, en la manera en que el equipo se planta ante cualquier rival sin miedo.
El motor de la transformación ha sido la meritocracia. En el Levante de Castro no existen nombres intocables: juega quien entrena mejor y quien demuestra compromiso real. Esa filosofía ha desplazado a titulares indiscutibles de la etapa anterior y ha abierto la puerta a jugadores como Losada, Pablo Martínez, Alan Matturro o Hugo Raghouber, que han respondido con goles y actuaciones de nivel. La cantera también ha ganado protagonismo: Kareem Tunde, Paco Cortés, Carlos Espí y Nacho Pérez han encontrado minutos y los han aprovechado, añadiendo valor de proyección al club.
En lo táctico, Castro ha dotado al equipo de una plasticidad que antes no existía. El Levante puede dominar el balón con salida audaz de los centrales o replegarse en un bloque defensivo ordenado y golpear al contragolpe. El cambio de esquema —de un 4-4-2 a estructuras de 4-2-3-1 o 4-3-3 en ataque y un 5-4-1 en defensa— ha dado mayor verticalidad a los extremos y ha equilibrado la participación de los laterales.
Los números respaldan el discurso. Primera victoria en casa tras nueve jornadas en blanco, triunfo por 0-3 en el Pizjuán, punto ante el Atlético, competitividad en el Bernabéu. Dos porterías a cero, siete goleadores distintos en cinco partidos y una defensa que ha recuperado contundencia. El Ciutat de València ha vuelto a ser un estadio temible, y la comunión entre afición y equipo —ese jugador número doce— se ha reactivado con fuerza.
La permanencia en Primera División sigue siendo el objetivo prioritario, y Castro lo tiene claro: lo que viene ahora son finales. Difícil, sí. Imposible, no.
Treinta y ocho días. Ese es el tiempo que Luís Castro ha necesitado para transformar un Levante que se desmoronaba. Cuando el técnico portugués llegó a Orriols, el equipo estaba atrapado en una espiral de resultados agónica, la afición desconfiada, el vestuario fracturado por las decisiones de su antecesor. Hoy, menos de seis semanas después, los granotas respiran de nuevo. La ilusión ha vuelto al Ciutat de València, no como un sentimiento vago sino como algo tangible, medible en puntos, en victorias, en la manera en que el equipo compite contra cualquiera sin miedo.
La transformación no ha sido mágica. Ha sido sistemática. Castro llegó con una idea clara: en su equipo no hay estrellas, no hay nombres que jueguen por decreto. Juega quien lo merece, quien entrena mejor, quien demuestra con voluntad y rendimiento que tiene derecho a estar en el once. Esa filosofía de la meritocracia ha sacudido el vestuario como pocas cosas lo hacen. Unai Vencedor, Kervin Arriaga, Manu Sánchez, Etta Eyong y Morales, titulares indiscutibles con Julián Calero, han experimentado de primera mano lo que significa perder ese estatus automático. Mientras tanto, otros han emergido: Losada con dos goles, Pablo Martínez con un gol y una asistencia decisiva, Diego Pampín con buenas sensaciones, Alan Matturro con un gol y actuaciones sólidas, Hugo Raghouber dueño de la medular. No existe equipo A o equipo B. Existe un grupo de jugadores implicado al cien por cien con la idea del entrenador, con el club y con la afición.
La cantera es otra de las prioridades elementales de Castro. Ha repetido en rueda de prensa la importancia de fortalecer las categorías inferiores, de dar oportunidades a futbolistas jóvenes. Esa meritocracia abre la puerta a promesas de dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte años. La edad es un número. Kareem Tunde ha respondido con grandes actuaciones en el once inicial. Paco Cortés ha vuelto con ese perfil habilidoso y regateador diferencial. Carlos Espí ha tenido mayor inclusión y ha marcado ante el Sevilla. Nacho Pérez ha sido convocado. Todo ello añade valor en términos de revalorización y proyección futura para la entidad.
En lo táctico, Castro ha inyectado plasticidad al juego. El Levante ahora refleja capacidad para adaptar su jugabilidad según el rival y el contexto. En cinco encuentros ha mostrado dos ideas complementarias: una de mayor dominio y tenencia de balón, con atrevimiento de los centrales en salida y combinaciones rápidas; otra más defensiva, ordenada, efectiva, con capacidad para contragolpear en fases de menor control. Ha cambiado el esquema de un 4-4-2 a un 4-2-3-1 o 4-3-3 en ataque, y un 5-4-1 en defensa, incrustando a Raghouber como pivote defensivo para fortalecer la línea defensiva. Los extremos recuperan importancia, dando mayor profundidad y verticalidad ofensiva, además de ayudas en zona defensiva. Los laterales han adoptado un rol más defensivo o equilibrado, sin exponerse en demasía a los contraataques rivales, pero saliendo a la contra en transiciones rápidas como centradores.
Los números hablan. En cinco partidos, el Levante ha sumado entre ocho y quince puntos posibles. Ha logrado su primera victoria de la temporada en casa tras nueve jornadas consecutivas sin ganar en el Ciutat: un 3-2 contra el Elche que liberó toda la tensión acumulada. Ha conseguido un triunfo por 0-3 ante el Sevilla en el Pizjuán. Ha empatado 1-1 contra el Espanyol, sexto clasificado, en casa. Ha sacado un punto del Atlético de Madrid también en el Ciutat. Ha competido con opciones ante el Real Madrid en el Bernabéu. El calendario que esperaba Castro no era sencillo, y aun así ha logrado resultados importantes contra rivales de gran calado.
La defensa ha mejorado de manera evidente. Dos porterías a cero, ante Sevilla y Atlético. La contundencia de Dela, Matías y Matturro. Un Ryan salvador en portería. Los laterales han sido partícipes de dos goles en transiciones rápidas: un centro de Toljan tocado por Morales en el tanto de Carlos Espí ante el Sevilla, y otro gran centro lateral del alemán en el remate de Pablo Martínez frente al Elche. Hasta siete goleadores distintos han emergido en los últimos cinco partidos: Matturro, Dela, Carlos Álvarez, Carlos Espí, Pablo Martínez y Losada dos veces. Esto demuestra lo enchufado que está el equipo en cada demarcación, sin importar posición.
El Ciutat de València ha recuperado su fortaleza. Las grandes noches han vuelto. La emoción hasta el final, esa épica característica de nunca rendirse, ha regresado a las gradas. La afición, preparada para este maratón de finales sin pausa hasta el final de la temporada, quiere volver a ser ese jugador número doce, mostrar ese apoyo incondicional pase lo que pase. La comunión afición-equipo ya ha demostrado de qué es capaz. Castro lo tiene claro: todo lo que viene ahora son finales, y se necesita un equipo valiente, competitivo e intenso. El Levante debe ser ese equipo rocoso y aguerrido, al que cueste mucho ganar, que pelea contra cualquiera. La permanencia en Primera División es el objetivo prioritario. Difícil sí, imposible no.
Notable Quotes
Para Luís Castro, no existen las estrellas, los grandes nombres, los juegos por decreto. Juega el que lo merece, el que mejor ha entrenado.— Análisis de la filosofía del técnico portugués
Todo lo que vienen ahora son finales, y se necesita de un equipo valiente, competitivo e intenso.— Luís Castro, según su enfoque para la recta final de la temporada
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué funciona tan rápido el cambio de Castro? Treinta y ocho días parece poco tiempo para transformar un equipo.
Porque no es solo táctica. Es mentalidad. Castro llegó y dijo: aquí no hay estrellas, juega quien lo merece. Eso es brutal para un vestuario que estaba acostumbrado a otra cosa. La meritocracia duele, pero también libera.
¿Libera a quién? ¿A los que entran o a los que salen del once?
A ambos. Los que pierden su puesto se ven obligados a entrenar mejor o aceptar que no están al nivel. Los que entran, como Kareem Tunde o los laterales jóvenes, sienten que tienen una oportunidad real. No es un favor, es un derecho ganado.
Pero la cantera es una apuesta de futuro. ¿No es arriesgado meter a chavales de dieciséis años en una lucha por la permanencia?
Castro lo ve diferente. Para él, la edad es un número. Si un chico de dieciséis entrena mejor que un veterano de treinta, juega el de dieciséis. Y además, eso revaloriza el club. Ganas ahora y construyes para después.
¿Y la defensa? Dos porterías a cero contra Sevilla y Atlético no es casualidad.
No. Castro cambió el esquema, metió a Raghouber como pivote defensivo, reorganizó los laterales. Ahora el equipo sabe cuándo atacar y cuándo defender. Tiene plasticidad, como dicen. Se adapta al rival.
¿Qué pasa si pierden? ¿Se desmorona todo de nuevo?
Eso es la pregunta. Castro ha creado esperanza, pero la permanencia es un maratón. Un par de derrotas seguidas y el ambiente puede cambiar. Pero por ahora, el equipo cree. Y eso es lo que no tenían hace seis semanas.