La televisión finalmente dejó de ser pequeña en 2025
En 2025, la televisión dejó de ser un medio menor para convertirse en un espacio donde la ambición narrativa no conoce fronteras geográficas ni temáticas. Desde Barcelona hasta Buenos Aires, pasando por Londres y Estocolmo, las series de este año se atrevieron a explorar lo incómodo, lo complejo y lo humano con una madurez que pocas veces se había visto antes. La ficción española, en particular, emergió como una voz propia e inconfundible en un panorama dominado históricamente por las grandes producciones anglosajonas.
- La televisión de 2025 rompió con la idea de que lo grande solo viene de Hollywood: la ficción española compitió de tú a tú con los títulos internacionales más esperados.
- Series como Pubertat y The Pitt se adentraron en territorios incómodos —abuso entre menores, colapso sanitario en tiempo real— sin red de seguridad ni concesiones al espectador.
- El ranking de 27 títulos refleja una tensión productiva entre plataformas globales como Netflix, HBO Max y Apple TV, y producciones locales que se niegan a ser satélites de nadie.
- La variedad temática —esperpento, survival horror, thriller político, comedia monárquica, western histórico— señala una industria que ya no busca un único tipo de audiencia.
- El resultado es una televisión que confía en su público: ritmos lentos, temas difíciles y finales que no siempre consuelan, pero que dejan huella.
El 2025 ha sido el año en que la televisión dejó de ser pequeña, no solo en pantalla sino en ambición. Si algo define este ciclo de ficción es que habló en varios idiomas, aunque el español sonó con una fuerza particular.
Strangers Things cerró con una temporada final más madura y ambiciosa que todo lo anterior. The Studio ofreció comedia absurda, The Pitt retrató el colapso hospitalario en tiempo real con la urgencia de un electrocardiograma, e It: Bienvenidos a Derry recuperó el terror claustrofóbico. Pero la ficción española se impuso sobre todas ellas.
Yakarta convirtió el bádminton y la derrota vital en una fábula sobre la dignidad. Superestar devolvió a Nacho Vigalondo a su mejor forma dentro de la tradición del esperpento. Y Pubertat, la apuesta más valiente de Leticia Dolera, usó los castells como metáfora de una sociedad que debe sostener a sus jóvenes mientras abría un diálogo honesto sobre consentimiento y violencia heredada.
Fuera de España, El eternauta elevó a Ricardo Darín al survival horror con una adaptación del cómic legendario. Andor demostró que Star Wars funciona mejor como thriller político que como saga familiar. Y Slow Horses siguió regalando humor negro y espías pringados con una vigencia sorprendente.
Lo que emerge de todo esto es una televisión que confía en que su audiencia puede seguir historias complejas, tolerar ritmos lentos y encontrar belleza en lo extraño. No es solo entretenimiento: es ficción que habla sobre educación sexual, xenofobia, colapso institucional y el origen del mal. En 2025, la mejor televisión no vino de un solo lugar. Vino de todas partes a la vez.
El 2025 ha sido el año en que la televisión finalmente dejó de ser pequeña. No solo en pantalla, sino en ambición, en alcance, en la variedad de historias que se atrevió a contar. Y si hay algo que define este año de ficción es que ha hablado en varios idiomas, aunque el español ha sonado particularmente fuerte.
Los que crecieron con Stranger Things pudieron cerrar ese capítulo con una temporada final que superó lo que vino antes: más madura, más ambiciosa, más dispuesta a explorar lo que significa aceptarse a uno mismo para tener control sobre lo que nos rodea. Mientras tanto, quienes buscaban algo completamente nuevo encontraron opciones que iban desde la comedia absurda de The Studio hasta el drama hospitalario en tiempo real de The Pitt, pasando por el terror claustrofóbico de It: Bienvenidos a Derry. Pero entre todas estas apuestas internacionales, la ficción española se ha impuesto con una fuerza que no se puede ignorar.
Yakarta cuenta la historia de un profesor de gimnasia derrotado y una mujer con una raqueta que intentan conquistar la capital de Indonesia a través del bádminton. Suena absurdo hasta que lo ves y descubres que es una fábula sobre cómo no ser el último en la vida no está tan mal. Superestar, dirigida por Nacho Vigalondo, recupera al mejor cineasta español y lo hace en la tradición más española posible: el esperpento. Y Pubertat, la apuesta más valiente de Leticia Dolera, parte de un abuso entre menores para abrir un diálogo honesto sobre educación sexual, consentimiento y violencia heredada, usando los castells como metáfora de una sociedad que debe sostener a sus jóvenes.
Pero el ranking de este año no es solo sobre lo español. Ricardo Darín finalmente vio nevar en Buenos Aires en El eternauta, una adaptación de un cómic legendario que lo elevó a los altares del survival horror. The Pitt llegó con la taquicardia de The Bear pero con la nostalgia de Urgencias, mirando sin paliativos a un sistema sanitario que colapsa en tiempo real. Andor confirmó que la mejor televisión de Star Wars no necesita a los Skywalker, sino de thriller político e intriga de espionaje. Y Slow Horses demostró que incluso después de un final sangriento, los espías más pringados del MI5 todavía tienen humor negro que regalar, incluyendo lo que podría ser el mejor chiste de pedos jamás filmado.
La variedad es lo que define 2025. Hay thrillers políticos que arrancan como misterios tranquilos en comunidades pacíficas y terminan siendo algo mucho más amenazante. Hay comedias monárquicas con Anna Castillo divirtiendo y enterneciendo a partes iguales. Hay westerns en miniserie que se adentran en la América profunda del siglo XIX, donde los choques culturales entre mormones, nativos americanos y pioneros crean escenarios de violencia y supervivencia. Hay incluso una serie sobre una periodista precaria que tumba a un ministro de Exteriores en Suecia.
Lo que emerge de todo esto es una televisión que se atreve a ser más ambiciosa, más madura, más dispuesta a explorar temas incómodos. No es solo entretenimiento. Es ficción que habla sobre educación sexual y consentimiento, sobre el colapso de sistemas de salud, sobre la xenofobia intrínseca de la sociedad estadounidense, sobre cómo el mal se origina y qué consecuencias acarrea en las familias. Es televisión que confía en que su audiencia puede seguir historias complejas, que puede tolerar ritmos lentos si la recompensa es profundidad, que puede encontrar belleza en lo extraño y lo incómodo.
Y mientras el mundo sigue mirando hacia las grandes plataformas internacionales, 2025 ha demostrado que la mejor televisión no viene de un solo lugar. Viene de Londres, de Buenos Aires, de Estocolmo, de Barcelona, de Madrid. Viene de directores que ya conocemos y de nuevas voces que se atreven a contar historias que nadie más se atreve a contar. Eso es lo que hace que este año sea diferente. No es que haya más series. Es que finalmente, la televisión está siendo lo que siempre debería haber sido: un medio para contar las historias más importantes, sin importar de dónde vengan.
Citações Notáveis
Nunca te disculpes por sentir algo por tus pacientes— Diálogo de The Pitt
La ficción española ha destacado un año más, con producciones tan variadas y sobresalientes como Yakarta, Superestar o Pubertat— Redacción de CINEMANÍA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que la ficción española ha tenido un año tan fuerte en 2025?
Porque se atrevió a contar historias que nadie más estaba contando. Yakarta es sobre un profesor fracasado y bádminton, pero es una fábula sobre la derrota. Pubertat parte de un abuso para hablar de consentimiento. No son historias fáciles, pero son honestas.
¿Qué diferencia hay entre una serie ambiciosa y una que simplemente es larga?
La ambición no es sobre duración. Es sobre qué te atreves a explorar. The Pitt mira un sistema sanitario colapsando sin paliativos. Andor convierte la política en thriller. Eso es ambición: confiar en que tu audiencia puede seguirte a lugares incómodos.
Mencionas mucho la madurez. ¿Qué significa eso en televisión?
Significa que no necesitas explicar todo. Significa que puedes tener ritmos lentos si la recompensa es profundidad. Significa que puedes terminar una historia sin resolver todos los misterios. Stranger Things final lo entiende: la verdadera batalla es interna.
¿Hay algo que conecte todas estas series tan diferentes?
Sí. Todas ellas desconfían de las respuestas fáciles. Todas miran la realidad de frente, aunque sea a través de la ficción. Ya sea un western sobre choques culturales o una comedia sobre un profesor de gimnasia, todas preguntan: ¿cómo vivimos realmente?
¿Qué le falta a la televisión después de un año como este?
Nada que no pueda encontrar en 2026. Lo que 2025 demostró es que la televisión finalmente creció. Ahora el desafío es mantener esa ambición sin perder la audiencia que la hizo posible.