La carrera empieza justo después de entrar en la carrera
Eva Sanmartín (9,96 de nota) prepara oposiciones al CSIC en bioquímica; Diego Sánchez (9,95) estudia para el FIR en farmacéutica hospitalaria. Ambos reconocen que la excelencia académica no garantiza inserción laboral inmediata ni estabilidad en sectores como investigación y sanidad.
- Eva Sanmartín: 9,96 de nota en ABAU 2020, prepara oposiciones al CSIC en Bioquímica
- Diego Sánchez: 9,95 en ABAU 2020, estudia para el FIR en Farmacéutica hospitalaria
- Ambos siguen estudiando seis años después de obtener las mejores notas de Galicia
- Diego se presentó al FIR hace un año sin conseguir plaza; las plazas disponibles son pocas
Seis años después de obtener las mejores notas de la selectividad gallega de 2020, Eva y Diego continúan estudiando para acceder a plazas fijas en investigación y sanidad, revelando la precariedad del mercado laboral para titulados españoles.
Hace seis años, en el verano de 2020, cuando las mascarillas aún eran novedad y las aulas estaban medio vacías por el confinamiento, Galicia encontró una buena noticia entre la incertidumbre: las calificaciones de la selectividad. Sobresalientes casi perfectos. Expedientes impecables. Jóvenes brillantes que parecían avanzar en línea recta hacia el futuro.
Eva Sanmartín Vázquez, estudiante del IES Santiago Basanta Silva de Vilalba, obtuvo la mejor nota de Galicia en la ABAU de aquel año. Un 9,96 de media final. Tenía 17 años y la certeza de que el esfuerzo siempre encontraba recompensa. Hoy, con 23, sigue estudiando. No en una universidad, sino preparando oposiciones para el CSIC, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La carrera universitaria no fue el final del camino, sino apenas el primer tramo de una larga batalla hacia la estabilidad.
Eva eligió Bioquímica en Lugo después de muchas dudas vocacionales. Terminó la carrera en cuatro años, completó un máster en Sevilla, y ahora estudia por su cuenta para entrar en el sistema público de investigación científica. "La verdad es que actualmente está muy complicado entrar en el mercado laboral, sobre todo en el mundo de la investigación", explica con serenidad. Detrás de sus palabras asoma la precariedad estructural de buena parte de la ciencia española. "Cualquier trabajo que me permitiese dedicarme a la investigación y tener estabilidad sería ahora mismo un sueño". Entre sesiones de estudio, entrena triatlón. Volvió hace poco a competir después de dejarlo parcialmente durante la carrera. La metáfora es evidente: resistencia, disciplina, fondo. "La constancia y la perseverancia en el estudio me han permitido llegar hasta aquí", resume.
Mientras Eva prepara sus oposiciones, Diego Sánchez Pinzón, estudiante del CPR Plurilingüe Rosalía de Castro de Vigo, recuerda también perfectamente aquel verano extraño de 2020. Obtuvo un 9,95 en la fase general de la ABAU y más de un 13,5 tras ponderar las específicas. Su nombre apareció entonces entre las mejores calificaciones de Galicia. Hoy sigue sentado ante apuntes, aunque muy distintos. Diego eligió Farmacia en la Universidade de Santiago, acabó la carrera en cinco años, y ahora prepara el FIR, el examen que permite acceder a la formación sanitaria especializada para farmacéuticos, equivalente al MIR de Medicina. Quiere trabajar en un hospital y especializarse en análisis clínicos. "Farmacia me gustó un montón porque es una carrera muy variada. Tiene química, bioquímica, física… haces muchísimas cosas distintas", cuenta.
Durante las prácticas descubrió que prefería el laboratorio al contacto directo con pacientes. "La relación paciente-farmacéutico no se me da tan bien como la del laboratorio", admite. El año pasado se presentó al FIR apenas seis meses después de acabar la carrera y no consiguió plaza. No dramatiza. "Sabía que era una opción real. Las plazas son pocas y este año espero que sea el bueno". Ahora estudia a diario en la biblioteca del campus compostelano. "Estudio todos los días. Igual me cojo una semana en agosto", dice entre risas. Su objetivo también desemboca en la misma palabra que repiten muchos titulados jóvenes: estabilidad. "Aspiro a tener una plaza fija para análisis clínicos en hospital, que sería mi objetivo ideal". La residencia dura cuatro años. Después vendrá otro examen, otra oposición o una interinidad.
Ambos coinciden en algo más profundo: la transformación personal que llega después de abandonar el instituto. Diego reconoce que la universidad relativizó aquella obsesión adolescente por las notas. "Antes todo estaba enfocado a la nota. En la carrera me di cuenta de que los amigos y la vida universitaria también eran importantes". La generación de la pandemia aprendió pronto que las matrículas de honor no blindan frente a la incertidumbre laboral. Los expedientes brillantes siguen siendo una llave poderosa, pero ya no garantizan un camino recto. Las dos mejores notas de la selectividad gallega de 2020 encadenan hoy oposiciones, exámenes y años extra de formación en busca de una estabilidad que parecía más cercana cuando salieron del instituto convertidos en símbolo del mérito académico. Mientras tanto, estos días, otros miles de estudiantes gallegos vuelven a mirar compulsivamente las notas de corte y a calcular décimas. Algunos sienten que se juegan el futuro en una cifra con tres números. Tal vez dentro de seis años descubran, como Eva y Diego, que la carrera empieza justo después de entrar en la carrera.
Citações Notáveis
La verdad es que actualmente está muy complicado entrar en el mercado laboral, sobre todo en el mundo de la investigación— Eva Sanmartín Vázquez
Antes todo estaba enfocado a la nota. En la carrera me di cuenta de que los amigos y la vida universitaria también eran importantes— Diego Sánchez Pinzón
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué dos estudiantes con las mejores notas de Galicia siguen estudiando seis años después?
Porque las notas de corte no son el final. Son la puerta de entrada a un sistema donde la estabilidad laboral requiere años más de formación, oposiciones, exámenes. La excelencia académica abre caminos, pero no los cierra.
¿Qué cambió entre 2020 y ahora para ellos?
Todo y nada. Siguen siendo brillantes, siguen estudiando con disciplina. Pero descubrieron que eso no es suficiente. El mercado laboral en investigación y sanidad es precario. Las plazas fijas son pocas. La incertidumbre no está en las notas, sino en conseguir trabajo.
¿Cómo viven esa realidad?
Con serenidad, pero con claridad. Eva dice que tener estabilidad sería "un sueño". Diego no dramatiza cuando le rechazaron el FIR, pero sigue estudiando cada día. No hay resignación, pero sí realismo.
¿Qué aprendieron que no esperaban?
Que las amistades y la vida universitaria importan tanto como las notas. Que la obsesión adolescente por las calificaciones es solo el principio. Que el verdadero reto viene después.
¿Qué significa esto para los estudiantes que ahora miran las notas de corte?
Que dentro de seis años descubrirán lo que Eva y Diego ya saben: que la carrera no empieza en la universidad. Empieza después de terminarla.