En una jornada que los analistas recordarán como un recordatorio de la fragilidad de la prosperidad interconectada, los mercados asiáticos se hundieron el viernes bajo el peso simultáneo de tres fuerzas que rara vez coinciden: la duda sobre el valor real de la inteligencia artificial, la reanudación de hostilidades en Oriente Medio y el petróleo superando los cien dólares por barril. No fue la magnitud de cada crisis por separado lo que paralizó a los operadores, sino su coincidencia, que eliminó los refugios habituales y dejó a los mercados sin dirección hacia donde huir.