Las apuestas online alcanzan a uno de cada cuatro adolescentes argentinos antes del Mundial 2026

Adolescentes desarrollan ludopatía con deudas impagables en seis meses, afectando su salud mental, rendimiento escolar y bienestar familiar.
Jamás había visto a un chico de 16 años que perdiera un departamento
Pavlovsky contrasta la velocidad y magnitud de las deudas que ven adolescentes hoy versus adultos en décadas anteriores.

El 25% de adolescentes argentinos entre 12 y 17 años ya apostó online, transformando un hábito marginal en práctica generalizada entre distintos sectores sociales. Jóvenes de estrato medio-bajo gastan 48.261 pesos mensuales en promedio en apuestas, casi tres veces más que el promedio general, con casos de deudas impagables.

  • Uno de cada cuatro adolescentes argentinos entre 12 y 17 años apostó online alguna vez
  • Jóvenes de estrato medio-bajo gastan 48.261 pesos mensuales en apuestas, casi tres veces el promedio general
  • Casos de ludopatía juvenil con deudas impagables surgieron masivamente tras el Mundial 2022
  • La mayoría de los adolescentes apuestan desde sus casas y cuartos

Uno de cada cuatro adolescentes argentinos apuesta online, fenómeno que se intensificará con el Mundial 2026. Expertos advierten sobre publicidad, influencers y riesgos de ludopatía juvenil.

Un usuario de X capturó el momento con una frase que se viralizó: mientras el país celebraba los goles del Mundial, lo que realmente estaba ocurriendo en esas multitudes era otra cosa. En el trabajo, en el tren, en la calle, la gente gritaba no solo por el fútbol sino por las apuestas que habían hecho sobre él. "Es el Mundial de la ludopatía", escribió, y la observación resonó porque toca algo que ya está sucediendo en Argentina sin que muchos adultos lo hayan notado completamente.

Uno de cada cuatro adolescentes argentinos entre 12 y 17 años ha apostado dinero en línea alguna vez. Ese dato, extraído de la encuesta Kids Online Argentina 2025, marca un punto de inflexión: las apuestas online dejaron de ser algo marginal, algo que hacían algunos adultos en casinos clandestinos o en viajes al exterior. Ahora es una práctica que atraviesa distintas edades y sectores sociales, normalizada por la tecnología, por las billeteras virtuales en el celular, por la publicidad que aparece en cada transmisión de fútbol. Federico Pavlovsky, psiquiatra y autor del libro Apuestas online: la tormenta perfecta, lo explica con claridad: el producto es perfecto. Rápido, sin fricciones, diseñado específicamente para captar a niños y adolescentes varones. No es un accidente que esto esté pasando.

Los grandes eventos deportivos actúan como aceleradores. El Mundial de Qatar 2022 fue la primera señal de alerta: una cascada publicitaria protagonizada por deportistas reconocidos, influencers, figuras que los chicos admiran. Un año y medio después, los consultorios de psiquiatría empezaron a llenarse de casos nuevos, adolescentes con problemas de ludopatía que antes no existían. Pavlovsky lo dice sin rodeos: "Los adolescentes en Argentina tenían problemas de la adolescencia, no tenían el problema de las apuestas online. Este tipo de pacientes no existía". Ahora existen. Ha visto chicos de 16 años con deudas impagables contraídas en seis meses. Cosas que antes solo veía en adultos de 40, 50 o 60 años que habían perdido todo en casinos.

Lo más preocupante es quién está gastando más dinero. Los jóvenes del estrato medio bajo destinan en promedio 48.261 pesos mensuales a las apuestas online, casi tres veces más que el promedio general de 16.769 pesos. Son chicos que no tienen mucho dinero pero que están apostando cantidades que no pueden permitirse perder. La publicidad tiene un rol central en esto. No hay duda, dice Pavlovsky, de que la publicidad incide especialmente en el público joven: te expone, te tienta, empezás a jugar. Y los influencers, los deportistas, las marcas asociadas a las apuestas están normalizando la lógica de predecir resultados deportivos con dinero real. Están moldeando a una generación en esto.

Con el Mundial 2026 aproximándose, la preocupación crece. Los jóvenes de hoy consumen mucho más fútbol que generaciones anteriores, tienen acceso permanente a través del celular, conocen las estadísticas, saben de selecciones. El Mundial funciona como puerta de entrada para quienes nunca apostaron y como incentivo para quienes ya lo hacen. Pavlovsky advierte que el principal desafío es que los adultos se involucren en la vida digital de los chicos. "Ya no va más esto de 'no entiendo de tecnología'", dice. Los chicos necesitan monitoreo, ayuda, adultos que cumplan algún rol. La mayoría apuesta en sus casas, en sus cuartos, donde nadie los ve.

No recomienda prohibir, sino hablar francamente. Las familias deben evitar naturalizar las apuestas y los juegos de pronósticos con premios. Deben estar atentas a señales de alerta: cambios bruscos de ánimo, bajo rendimiento escolar, preocupación excesiva por resultados deportivos, pedidos frecuentes de dinero entre compañeros, conflictos vinculados a deudas. El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires elaboró una guía para docentes que propone analizar publicidades de apuestas en las aulas, debatir la responsabilidad de influencers y deportistas, trabajar la diferencia entre conocimiento deportivo y azar, reflexionar sobre quién se beneficia realmente de estas plataformas. Los estudiantes pueden impulsar campañas de concientización propias. Pero todo esto debe ocurrir ahora, antes de que el Mundial amplíe aún más lo que ya está sucediendo. Pavlovsky lo dice claramente: "Esto ya está ocurriendo, pero todavía no explotó".

Los adolescentes en Argentina tenían problemas de la adolescencia, no tenían el problema de las apuestas online. Este tipo de pacientes no existía
— Federico Pavlovsky, psiquiatra
Esto ya está ocurriendo, pero todavía no explotó
— Federico Pavlovsky
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el Mundial específicamente actúa como un disparador tan potente?

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Porque combina tres cosas que funcionan juntas: la emoción colectiva del fútbol, la euforia de ver a tu país competir, y una publicidad masiva que dice que predecir resultados es fácil y puede hacerte rico. Los chicos ven muchos partidos, conocen estadísticas, y la publicidad les susurra que eso significa que pueden ganar dinero.

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¿Cuál es la diferencia entre un adolescente que apuesta ahora y uno hace diez años?

Model

Hace diez años, un chico que quería jugar tenía que ir a un casino, o conocer a alguien. Ahora está en su celular, en su cuarto, con una billetera virtual. No hay fricciones. Además, ve a sus ídolos deportivos promoviendo estas apps. Está normalizado.

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Los padres dicen que no entienden de tecnología. ¿Qué deberían hacer?

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Deberían empezar por reconocer que no necesitan ser expertos en tecnología para tener una conversación. Los chicos saben que sus padres no entienden, y eso es parte del problema. Necesitan sentarse a hablar francamente, sin juzgar, pero con claridad sobre lo que está pasando.

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¿Qué diferencia hay entre un chico que apuesta y uno que desarrolla ludopatía?

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La velocidad. Algunos chicos empiezan a jugar y después de seis meses tienen deudas impagables. Eso no pasaba con los adolescentes antes. Es un problema nuevo, y es grave.

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¿Las escuelas pueden hacer algo real?

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Pueden enseñar a los chicos a leer la publicidad críticamente, a entender que saber de fútbol no es lo mismo que predecir resultados, a ver quién se beneficia realmente. Pero también necesitan que las familias estén atentas a las señales de alerta: cambios de ánimo, bajo rendimiento, pedidos de dinero.

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¿Qué es lo que más te preocupa del Mundial 2026?

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Que ya está pasando, pero todavía no explotó. El Mundial va a amplificar todo esto. Y los chicos que ya están apostando van a apostar más, y los que no, van a empezar.

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