Cuando una figura de influencia global como Elon Musk cuestiona la fiabilidad de los sistemas electorales automatizados, sus palabras dejan de ser un debate técnico para convertirse en un factor que moldea la percepción colectiva sobre la legitimidad democrática. La historia nos recuerda que el genio para resolver problemas de ingeniería no garantiza comprensión de los equilibrios institucionales que sostienen la vida pública. En un momento de polarización intensa, la confianza ciudadana en las instituciones electorales es un patrimonio frágil que exige responsabilidad compartida, no solo cert