Brito: Argentina puede ser polo global de energía e IA con Vaca Muerta y RIGI

De exportador de recursos a productor de industrias con proyección internacional
La visión de Brito sobre cómo Argentina podría transformar su rol en la economía global aprovechando su potencial energético.

En un momento en que la inteligencia artificial redefine dónde fluye el capital global, Argentina emerge como candidata inesperada a convertirse en nodo energético y tecnológico de primer orden. Jorge Brito, presidente de Genneia, presentó ante ministros y ejecutivos en la Asamblea General de la OEA en Panamá una visión que combina la abundancia energética del país —Vaca Muerta, vientos patagónicos, sol norteño— con un marco regulatorio de largo plazo para atraer la infraestructura que alimenta los grandes modelos de IA. La pregunta de fondo no es si Argentina tiene los recursos, sino si tendrá la constancia institucional para convertirlos en industria.

  • Los centros de datos que sostienen la IA generativa consumen electricidad a escala industrial, y eso ha convertido la disponibilidad energética en el nuevo campo de batalla para atraer inversión tecnológica global.
  • Argentina llega a esa disputa con credenciales reales: más de 6.000 megavatios renovables instalados, factores de carga eólica entre los mejores del mundo y el gas no convencional de Vaca Muerta como respaldo firme.
  • El RIGI intenta resolver la herida histórica de la imprevisibilidad: ofrecer certeza fiscal, aduanera y cambiaria por treinta años para que proyectos de retorno lento —licuefacción, transmisión, data centers— sean financieramente viables.
  • El riesgo real es la competencia regional: Chile y Brasil también poseen ventajas energéticas y marcos institucionales más consolidados, y la ventana para posicionarse no permanecerá abierta indefinidamente.
  • La apuesta de Brito no es solo exportar energía barata, sino escalar hacia ecosistemas tecnológicos con valor agregado, pasando de país proveedor de recursos a país productor de industrias del conocimiento.

La inteligencia artificial está redibujando la geografía económica del mundo, y Jorge Brito, presidente de Genneia, sostiene que Argentina tiene una oportunidad concreta de ocupar un lugar central en ese mapa. Su argumento, expuesto ante ministros y ejecutivos en el marco de la 56ª Asamblea General de la OEA en Panamá, parte de una realidad técnica: los sistemas de IA generativa consumen electricidad en cantidades masivas, y quienes deciden dónde instalar infraestructura tecnológica miran cada vez más la disponibilidad energética como factor determinante.

Lo que distingue a Argentina, según Brito, es la complementariedad de sus recursos. El país ya supera los 6.000 megavatios de capacidad renovable instalada, cuenta con algunos de los mejores vientos del planeta en la Patagonia, tiene potencial solar significativo en el noroeste y posee en Vaca Muerta una reserva de gas no convencional de escala mundial. Esa combinación —renovables, gas y proyectos de transmisión en desarrollo— permite imaginar una oferta energética capaz de abastecer tanto mercados externos como nuevas industrias intensivas en consumo eléctrico.

Pero la energía sola no alcanza. Brito señala al RIGI como el instrumento que puede convertir el potencial en inversión real: el régimen ofrece previsibilidad fiscal, aduanera y cambiaria por treinta años, un horizonte que cambia radicalmente la ecuación para proyectos de gran escala que requieren capital inicial masivo y períodos de retorno extendidos. Sin esa certeza, los inversores internacionales simplemente no se comprometen.

La visión que propone va más allá de exportar recursos. El verdadero salto, argumenta, consiste en usar esa abundancia energética para anclar cadenas de valor tecnológicas: no solo atraer centros de datos, sino construir ecosistemas de innovación que generen mayor valor agregado. La pregunta que permanece abierta es si Argentina logrará materializar esa oportunidad antes de que Chile, Brasil u otros competidores regionales con marcos institucionales más estables se adelanten en la carrera.

La inteligencia artificial está reescribiendo la geografía económica mundial, y Argentina podría estar posicionada para capturar una parte significativa de esa transformación. Así lo plantea Jorge Brito, presidente de Genneia, quien sostiene que la combinación de recursos energéticos del país —desde el gas no convencional de Vaca Muerta hasta los vientos patagónicos y el potencial solar del noroeste— crea una oportunidad sin precedentes para convertir a Argentina en un polo global de energía e inteligencia artificial.

La premisa es simple pero poderosa: los modelos de IA generativa que dominan la conversación tecnológica actual consumen cantidades enormes de electricidad. Los centros de datos que alimentan estos sistemas necesitan energía abundante, confiable y con baja huella de carbono. Eso ha transformado la disponibilidad energética en uno de los factores más críticos para decidir dónde invertir en infraestructura tecnológica. Brito presentó esta visión durante un diálogo de alto nivel organizado en Panamá en el marco de la 56ª Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, en un panel que reunió a ministros y ejecutivos de empresas energéticas internacionales.

Lo que distingue el argumento de Brito es que no se trata simplemente de exportar energía. Argentina, señaló, ya cuenta con más de 6.000 megavatios de capacidad renovable instalada y posee algunos de los mejores factores de carga eólicos del planeta. Esa infraestructura, combinada con el potencial del gas natural licuado de Vaca Muerta y los proyectos de transmisión eléctrica en desarrollo, crea una oferta energética capaz de abastecer tanto mercados externos como nuevas industrias intensivas en consumo eléctrico. La complementariedad entre estos recursos —convencionales, no convencionales y renovables— es lo que coloca a Argentina en una posición favorable frente a la demanda global creciente.

Pero la oportunidad no se concreta sin certidumbre regulatoria. Aquí entra el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, el RIGI, que Brito describe como una herramienta clave para acelerar proyectos de infraestructura. El régimen ofrece previsibilidad fiscal, aduanera y cambiaria por treinta años, un horizonte temporal que cambia radicalmente la ecuación económica para proyectos de gran escala como plantas de licuefacción de gas natural o nuevas líneas de transmisión eléctrica. Sin esa previsibilidad, los inversores internacionales simplemente no se comprometen con proyectos que requieren capital inicial masivo y períodos de retorno extendidos.

El desafío que Brito plantea va más allá de la infraestructura. La verdadera oportunidad, según su visión, consiste en utilizar esos recursos energéticos para generar nuevas cadenas de valor vinculadas a la economía del conocimiento y a la infraestructura tecnológica. No se trata de quedarse en la exportación de recursos naturales, sino de pasar a ser productor de industrias asociadas con proyección internacional. Eso significa no solo atraer centros de datos, sino también desarrollar ecosistemas de innovación tecnológica que generen mayor valor agregado.

Esta perspectiva refleja un cambio en cómo se piensa el desarrollo económico argentino. Durante décadas, el país ha sido visto como exportador de commodities energéticos. La propuesta de Brito sugiere que la convergencia entre abundancia energética, marco regulatorio más predecible y demanda global de infraestructura tecnológica abre una ventana para un desarrollo de largo plazo con características diferentes. La pregunta que queda abierta es si Argentina logrará materializar esa oportunidad o si otros países con ventajas similares —como Chile o Brasil— se adelantarán en la carrera por atraer esas inversiones.

Argentina puede convertirse en un hub global de energía e inteligencia artificial porque cuenta con una combinación única de recursos naturales, infraestructura en desarrollo y un marco regulatorio que empieza a brindar la previsibilidad que demandan las inversiones de largo plazo
— Jorge Brito, presidente de Genneia
La Argentina tiene la oportunidad histórica de pasar de ser un exportador de recursos a convertirse en un productor de energía y de industrias asociadas con proyección internacional
— Jorge Brito
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué la inteligencia artificial cambió tanto el juego para países como Argentina?

Model

Porque la IA consume energía a una escala que antes no existía. Un centro de datos moderno puede demandar tanto como una ciudad pequeña. De repente, tener energía abundante y limpia no es un lujo, es una necesidad competitiva.

Inventor

Pero Argentina siempre tuvo recursos energéticos. ¿Qué es diferente ahora?

Model

La diferencia es que antes esos recursos se exportaban como commodities. Ahora hay una oportunidad de quedarse con la cadena de valor completa: no solo vender gas o electricidad, sino atraer las industrias que la consumen.

Inventor

¿Y el RIGI es suficiente para que eso suceda?

Model

Es necesario pero no suficiente. El RIGI da previsibilidad por treinta años, lo que permite que inversores internacionales hagan cuentas. Pero también necesitas infraestructura de transmisión, talento local, y que el resto de las políticas no contradiga esa previsibilidad.

Inventor

¿Qué tan realista es pensar que Argentina puede competir con otros países por esos centros de datos?

Model

Tiene ventajas reales: vientos patagónicos de clase mundial, potencial solar, gas no convencional. Pero también compite con Chile, Brasil, México. La pregunta es si Argentina puede mantener la estabilidad regulatoria el tiempo suficiente.

Inventor

¿Cuál sería el impacto si esto funciona?

Model

Cambiaría la estructura económica del país. En lugar de depender de ciclos de precios de commodities, tendrías industrias de alto valor agregado con empleo calificado. Pero eso requiere que el país piense en décadas, no en años.

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