En los jardines de Piquío, frente al mar cantábrico, una esfera de piedra instalada en 1933 lleva más de nueve décadas revelando en silencio los secretos del día y la noche sobre la superficie terrestre. Conocida técnicamente como 'tierra paralela', es el instrumento astronómico de su clase más antiguo identificado en el mundo, y sin embargo permanece sin señalización alguna que explique su propósito a quienes la contemplan. La reciente restauración de los jardines abre una pregunta que el tiempo ha ido aplazando: ¿cuánto vale un patrimonio científico que nadie sabe que existe?
La 'tierra paralela' más antigua del mundo lleva 93 años en Santander sin explicación
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