En el horizonte del envejecimiento global, la tecnología digital emerge no como sustituto del cuidado humano, sino como extensión de él: una manera de llevar la fisioterapia, la rehabilitación y la estimulación cognitiva hasta donde la persona mayor se encuentra, preservando lo que más valora, su independencia. La autonomía en la vejez no se pierde de un solo golpe, y esa verdad abre la puerta a intervenciones que la sostienen, la entrenan y la recuperan con criterio clínico y alcance ampliado.