En los márgenes de la vida moderna, donde el aislamiento se ha vuelto costumbre, la neurociencia comienza a revelar el precio biológico de estar solos. Investigadores de Northwestern y el Instituto Salk han identificado el circuito cerebral que, en ratones macho, convierte la soledad en sed de alcohol —un hallazgo que ilumina por qué los hombres, más que las mujeres, buscan en el alcohol un refugio frente al desamparo social. El estudio, publicado en Nature Neuroscience, no solo traza un mapa del sufrimiento invisible, sino que señala nuevas puertas terapéuticas para quienes beben no por place