La saturación eléctrica amenaza el desarrollo económico de Andalucía

El 92,8% de los nodos eléctricos de Andalucía está ocupado
Una saturación que supera en diez puntos la media española y ya ha dejado a Almería y Málaga sin capacidad para nuevas conexiones.

Andalucía enfrenta una encrucijada silenciosa: sus redes eléctricas, saturadas al 92,8% de capacidad, ya no pueden sostener el ritmo de una economía que aspira a crecer. En provincias como Almería y Málaga, el límite no es metafórico sino técnico, y la mitad de las solicitudes de conexión son rechazadas. Lo que está en juego no es solo energía, sino la capacidad de una región de convertir su potencial en realidad, en un momento en que la inversión privada mira la rentabilidad antes de comprometerse.

  • El 92,8% de los nodos eléctricos andaluces está ocupado, superando ampliamente la media nacional del 82,8%, y dos provincias han alcanzado ya su límite absoluto de conexiones.
  • Fábricas, centros de datos y desarrollos urbanísticos quedan paralizados porque la infraestructura que debería recibirlos simplemente no tiene capacidad para hacerlo.
  • El Gobierno ha prometido 13.500 millones en redes de transporte hasta 2030, pero la red de distribución —la que llega al cliente final— depende de privados que invierten a un ritmo insuficiente.
  • Un tope legal del 0,13% del PIB y una rentabilidad ofrecida del 6,36% frente al 7,5% europeo actúan como frenos estructurales que desincentivan el capital necesario.
  • Sin reformas urgentes en los marcos legales y en las condiciones de rentabilidad, el crecimiento económico que Andalucía experimenta hoy podría quedar atrapado por su propia infraestructura.

Andalucía está llegando a un punto de quiebre eléctrico. Sus redes de distribución acumulan décadas de inversión insuficiente y hoy operan al 92,8% de capacidad, muy por encima del 82,8% que registra el resto de España. Almería y Málaga han alcanzado el límite técnico: no pueden aceptar más conexiones. Cuando una empresa solicita conectarse a la red ante e-distribución, una de cada dos peticiones es rechazada. El resultado es concreto: proyectos industriales paralizados, centros de datos en suspenso, urbanizaciones que no pasan del papel.

El diagnóstico es compartido por el sector y la administración: hay que invertir en redes, y hay que hacerlo con urgencia. El Gobierno ha anunciado 13.500 millones de euros hasta 2030 para las redes de transporte de alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica. Sin embargo, la red de distribución —la que conecta los nodos con los clientes finales— depende de operadores privados. Endesa, el principal, prevé destinar unos 1.500 millones a Andalucía en tres años, una cifra respetable pero insuficiente ante la magnitud del problema.

Dos obstáculos estructurales explican la lentitud. Por un lado, un tope legal impide que el gasto en infraestructuras eléctricas supere el 0,13% del PIB, un límite concebido para una época de crecimiento predecible que ya no existe. Por otro, el Gobierno ofrece a las eléctricas una rentabilidad del 6,36% sobre sus inversiones, mientras el sector reclama el 7,5% vigente en Europa. Esa diferencia, aparentemente pequeña, desvía el capital hacia mercados más atractivos.

Si no se ajustan los marcos legales y las condiciones de rentabilidad, Andalucía corre el riesgo de que su crecimiento actual quede atrapado por la infraestructura que debería sustentarlo. Los cuellos de botella de infraestructura, cuando se dejan crecer, se vuelven muy costosos de deshacer.

Andalucía está llegando a un punto de quiebre. Las redes eléctricas que alimentan la región están tan saturadas que ya no pueden absorber más demanda, y esa realidad está comenzando a frenar proyectos concretos: fábricas que no pueden conectarse, centros de datos que quedan en suspenso, desarrollos urbanísticos que se quedan en el papel. El problema no es nuevo, pero su escala en Andalucía es alarmante. Mientras que en el resto de España el 82,8% de los nodos eléctricos está ocupado, aquí la cifra alcanza el 92,8%. Dos provincias —Almería y Málaga— han llegado ya al límite: literalmente no pueden aceptar más conexiones. Cuando una empresa o un promotor solicita conectarse a la red eléctrica ante e-distribución, la mitad de esas peticiones es rechazada. No es un problema teórico. Es un cuello de botella que está paralizando el crecimiento económico.

La causa es clara: décadas de inversión insuficiente en las infraestructuras que transportan y distribuyen la electricidad. Las redes no han crecido al ritmo que la economía necesita, especialmente ahora que la electrificación se ha convertido en una prioridad nacional. El sector eléctrico y la administración andaluza están de acuerdo en el diagnóstico y en la medicina: hay que invertir en redes, y hay que hacerlo ya.

El Gobierno ha dado un primer paso. Anunció que invertirá 13.500 millones de euros hasta 2030 en las redes de transporte de alta tensión, que son responsabilidad de Red Eléctrica. Eso es importante, pero insuficiente para Andalucía. La red de distribución —la que lleva la electricidad desde los nodos principales hasta los clientes finales— depende de operadores privados. Endesa, el principal de ellos, tiene previsto invertir unos 1.500 millones de euros en Andalucía durante los próximos tres años. Son cifras respetables, pero el ritmo sigue siendo lento comparado con la urgencia del problema.

Ahí aparecen dos obstáculos legales y económicos que explican por qué la inversión no crece más rápido. Primero, existe un tope legal: el gasto en infraestructuras de redes eléctricas no puede superar el 0,13% del PIB. Ese límite fue establecido en una época en que se esperaba un crecimiento vegetativo, predecible, de la demanda. Nadie anticipó la aceleración exponencial que requiere la electrificación de toda la economía. Segundo, el Gobierno ofrece a las empresas eléctricas una rentabilidad del 6,36% sobre sus inversiones. El sector reclama el 7,5%, que es lo que existe en el resto de Europa. Esa brecha de más de un punto porcentual puede parecer pequeña en los números, pero en términos de atracción de capital es significativa. Si la rentabilidad es menor que en otros países, el dinero fluye hacia otros lugares.

Lo que está en juego es el futuro económico de Andalucía. La región ya está viendo cómo proyectos se quedan sin ejecutar porque no hay capacidad eléctrica para conectarlos. Si no se resuelve esto con decisión y rapidez —si no se aumentan las inversiones, si no se ajustan los marcos legales y las rentabilidades—, el crecimiento actual que experimenta la región estará en grave riesgo. No es un problema de energía disponible. Es un problema de infraestructura. Y los problemas de infraestructura, si se dejan crecer, se vuelven muy caros de resolver.

Tanto el sector eléctrico como la Administración andaluza coinciden en que la principal manera de dejar atrás este embudo al desarrollo es invertir en redes eléctricas
— Editorial de Málaga Hoy
Andalucía se juega su desarrollo económico, porque ya está frenando proyectos
— Editorial de Málaga Hoy
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué Andalucía está peor que el resto de España en esto?

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Porque la región ha sido históricamente un destino de inversión industrial importante, y eso significa que hay más demanda de conexiones eléctricas. Pero las redes no han crecido al mismo ritmo. Es como una autopista que fue construida hace treinta años para el tráfico de entonces, y ahora tiene el triple de vehículos.

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¿Quién decide si una empresa puede conectarse o no?

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e-distribución, que es la filial de distribución de Endesa. Cuando recibes una solicitud de conexión y no hay capacidad en el nodo más cercano, tienes que rechazarla. No es una decisión discrecional. Es una limitación física.

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Entonces, ¿por qué el Gobierno no simplemente obliga a invertir más?

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Porque hay límites legales. Por ley, el gasto en redes está capped al 0,13% del PIB. Ese tope fue pensado para otro contexto. Y además, las empresas privadas necesitan rentabilidad. Si el Gobierno ofrece 6,36% y en Europa se consigue 7,5%, el dinero se va a otros países.

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¿Cuánto tiempo queda antes de que esto sea un problema mayor?

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Ya lo es. Almería y Málaga no pueden aceptar más demanda. El 50% de las solicitudes de conexión en Andalucía son rechazadas. Esto no es futuro. Es presente.

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¿Hay algún proyecto que haya sido bloqueado específicamente?

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El editorial no menciona proyectos concretos, pero habla de centros de datos, fábricas y desarrollos urbanísticos que están siendo frenados. Son sectores que requieren mucha energía y que son clave para el crecimiento regional.

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¿Qué necesita pasar ahora?

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Tres cosas: aumentar las inversiones, cambiar el tope legal del 0,13% del PIB, y ajustar la rentabilidad que el Gobierno ofrece a las empresas para que sea competitiva con Europa. Sin eso, el cuello de botella seguirá apretando.

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