En el umbral de una transformación sin precedentes, la salud humana deja de ser un asunto de consultas y síntomas para convertirse en un flujo continuo de datos, predicciones y ajustes personalizados. Impulsada por la inteligencia artificial y una nueva generación de dispositivos que van desde la muñeca hasta debajo de la piel, esta revolución promete llevar la medicina de lo reactivo a lo proactivo de aquí a 2045. Sin embargo, como toda reimaginación profunda de la condición humana, trae consigo preguntas que la tecnología sola no puede responder: quién custodia nuestros datos más íntimos, y