Cuando el logro de alguien cercano llega a nuestros oídos, no siempre despierta aplausos. La psicología revela que el silencio ante el éxito ajeno rara vez nace de la maldad, sino de un mecanismo más íntimo: el triunfo del otro actúa como espejo que devuelve el reflejo de lo que aún nos falta. Desde la teoría de la comparación social de Leon Festinger hasta las heridas emocionales no resueltas, la incapacidad de felicitar habla, sobre todo, de quien calla.