Antes de que el Alzheimer borre un nombre o un rostro querido, el cerebro ya lleva años enviando señales que el mundo cotidiano apenas sabe leer. Investigadores de la Universidad de Chicago han encontrado una de esas señales en el lugar más íntimo y ordinario: la ducha. La disminución en la percepción de aromas durante el baño podría ser el primer susurro de un deterioro neurológico que comienza una década antes de que la memoria empiece a fallar, convirtiendo un acto tan simple como enjabonarse en una ventana hacia el futuro del cerebro.