La paz será incompleta mientras las mujeres rurales sanen solas

Mujeres rurales víctimas del conflicto armado padecieron desplazamiento, amenazas, violencia sexual, pérdidas y miedo, cargando trauma no atendido años después de la firma del acuerdo.
La paz no será completa mientras las mujeres rurales sigan sanando solas
Reflexión sobre la incompletitud del posconflicto colombiano sin atención integral a la salud mental de las mujeres víctimas del conflicto armado.

En los territorios rurales colombianos, la firma del acuerdo de paz no clausuró las heridas que el conflicto armado dejó en los cuerpos y las memorias de las mujeres. Una alianza entre universidades británicas y colombianas trabaja ahora en la Serranía del Perijá para co-crear, junto a lideresas comunitarias, herramientas de apoyo psicosocial que nazcan del territorio mismo. Es un reconocimiento tardío pero necesario: la paz incompleta que no atiende el trauma emocional de las mujeres rurales no es, en rigor, paz.

  • Años después del acuerdo de paz, miles de mujeres rurales colombianas siguen cargando trauma no atendido: desplazamiento, violencia sexual, duelos sin cierre y miedo a contar lo que vivieron.
  • La ausencia de servicios especializados de salud mental en territorios como la Serranía del Perijá convierte el sufrimiento en una condena silenciosa, agravada por estigmas culturales y barreras geográficas.
  • Una alianza entre la University of Exeter, la Universidad de la Costa y la Fundación Universitaria del Área Andina propone romper ese silencio co-creando herramientas psicosociales junto a organizaciones como Asojuntas, Muvicen y Asomuca.
  • El proyecto apuesta por reconocer a las mujeres rurales como sujetas políticas y portadoras de conocimiento, no como receptoras pasivas de soluciones diseñadas desde las ciudades.
  • El horizonte es claro pero exigente: la reparación real requiere que el Estado, la academia y la sociedad dejen de hablar por las víctimas y comiencen, por fin, a escucharlas.

Colombia firmó la paz, pero en los territorios rurales la guerra persiste de otras formas: en los cuerpos de mujeres desplazadas, amenazadas y violadas; en los duelos que nunca cerraron; en el miedo a contar lo que pasó. Hablar de paz sin hablar de estas mujeres es hablar de una paz que no existe.

Estas mujeres fueron madres en medio del horror, cuidadoras cuando todo se desmoronaba, lideresas que organizaron comunidades enteras. Colombia les exigió fortaleza antes de ofrecerles cuidado. Les pidió resiliencia sin garantizar acompañamiento.

En la Serranía del Perijá surge ahora una alianza distinta. La University of Exeter se asoció con la Universidad de la Costa y la Fundación Universitaria del Área Andina para trabajar junto a mujeres comunitarias y organizaciones sociales locales. El proyecto —Global Partnership and Impact: Empowering Rural Resilient Women in Post-Conflict Colombia— parte de una premisa ética: la capacidad científica y territorial existe en el país que vive el conflicto.

La palabra clave es co-creación, y no es retórica vacía. Las mujeres rurales no son receptoras pasivas: son portadoras de conocimiento sobre dónde duele su territorio, qué las ha mantenido vivas y qué necesitan para sanar. El proceso reúne a lideresas, organizaciones como Asojuntas, Muvicen y Asomuca, e investigadoras para construir respuestas con sentido territorial. Hay saberes que nacen en la montaña y en las juntas de acción comunal, no en los escritorios universitarios.

Uno de los grandes vacíos del posconflicto ha sido precisamente la salud mental. Se habló de reparación económica, restitución de tierras y memoria histórica, pero se ignoraron las consecuencias emocionales de la guerra. El trauma no desaparece porque el país decida pasar la página. La violencia sexual no se supera con silencio. Y la resiliencia no puede convertirse en una exigencia moral para quienes tuvieron que sobrevivirlo todo.

La reparación verdadera comienza cuando se deja de hablar por las víctimas y se empieza a escucharlas, no como gesto simbólico sino como decisión política y ética. Hay mujeres que han sostenido comunidades enteras sin haber tenido jamás un espacio para contar su historia. La paz no será completa mientras sigan sanando solas.

Colombia firmó un acuerdo de paz, pero en los territorios rurales la guerra sigue viva de otras formas. Vive en los cuerpos de las mujeres que fueron desplazadas, amenazadas, violadas. Vive en las noches sin dormir, en los duelos que nunca cerraron, en el miedo a contar lo que pasó. Hablar de paz sin hablar de estas mujeres es hablar de una paz que no existe.

Las mujeres rurales víctimas del conflicto armado cargaron más que su propio dolor. Fueron madres en medio del horror, cuidadoras cuando todo se desmoronaba, campesinas que siguieron sembrando, lideresas que organizaron a sus comunidades, guardianas de historias que nadie quería escuchar. Muchas fueron atacadas directamente. Otras cargaron el sufrimiento de sus familias y sus pueblos. Y aun así, resistieron. Pero Colombia les exigió fortaleza antes de ofrecerles cuidado. Les pidió resiliencia sin garantizar acompañamiento.

En la Serranía del Perijá, una región montañosa donde la historia del conflicto no está solo en los informes sino en las voces de sus lideresas, surge ahora una alianza diferente. La University of Exeter del Reino Unido se asoció con la Universidad de la Costa y la Fundación Universitaria del Área Andina para trabajar junto con mujeres comunitarias y organizaciones sociales locales. El nombre del proyecto es largo: Global Partnership and Impact: Empowering Rural Resilient Women in Post-Conflict Colombia. Lo que importa es lo que significa: una universidad británica decidió confiar en el trabajo de dos universidades colombianas, reconociendo que la capacidad científica, ética y territorial existe aquí, en el país que vive el conflicto.

La palabra clave es co-creación, y no es un adorno retórico. Significa que las mujeres rurales no son receptoras pasivas de ayuda diseñada por otros. Son sujetas políticas, lideresas, portadoras de conocimiento y experiencia. Saben dónde duele su territorio, qué las ha mantenido vivas, qué necesitan para sanar. El proyecto busca desarrollar conjuntamente una herramienta de apoyo psicosocial informada en trauma, resiliencia y empoderamiento. Pero el valor real no está solo en el producto final. Está en el proceso: reunir a mujeres rurales, lideresas, organizaciones como Asojuntas, Muvicen y Asomuca, e investigadoras para conversar, escuchar, validar experiencias y construir respuestas que tengan sentido en el territorio. La academia debe tener la humildad de reconocer que no todo conocimiento nace en la universidad. Hay saberes que nacen en la montaña, en las juntas de acción comunal, en las conversaciones entre mujeres, en la capacidad de organizar una comunidad cuando nadie más llega.

Uno de los grandes vacíos del posconflicto colombiano ha sido la atención a la salud mental. Se habló de reparación económica, restitución de tierras, justicia y memoria histórica. Todo eso es necesario. Pero falta comprender las consecuencias emocionales, familiares y comunitarias que dejó la guerra, especialmente en las mujeres rurales. El trauma no desaparece porque el país decida pasar la página. El miedo no se borra con una resolución administrativa. La violencia sexual no se supera con silencio. El duelo no se cierra cuando no hubo justicia. Y la resiliencia no puede convertirse en una exigencia moral para quienes tuvieron que sobrevivirlo todo.

La salud mental en contextos rurales no puede pensarse con los modelos diseñados para las grandes ciudades. Las barreras geográficas, económicas, institucionales y culturales son distintas. En muchos territorios no hay acceso suficiente a profesionales especializados. Los servicios son escasos o distantes. Persisten estigmas que dificultan hablar del dolor emocional. Por eso, las redes comunitarias, las lideresas y las herramientas construidas desde el territorio son esenciales.

La reparación verdadera comienza cuando el país deja de hablar por las víctimas y empieza a escucharlas. No como gesto simbólico, sino como decisión política, académica y ética. Escuchar para comprender, diseñar mejor, no repetir, sanar. Hay heridas que no aparecen en las estadísticas pero siguen determinando la vida de las personas. Hay mujeres que no han tenido espacio para contar su historia pero han sostenido comunidades enteras. Hay territorios que no necesitan discursos de compasión, sino alianzas serias, respetuosas y sostenidas. La paz no será completa mientras las mujeres rurales sigan sanando solas.

La reparación verdadera comienza cuando el país deja de hablar por las víctimas y empieza a escucharlas
— Autoras de la columna
Co-crear no es invitar a validar algo ya decidido; es construir desde el comienzo con ellas
— Autoras de la columna
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué es tan importante que una universidad británica trabaje con universidades colombianas en esto? ¿No podrían hacerlo ellas solas?

Model

Porque cuando una institución internacional reconoce la capacidad científica y ética de las universidades locales, eso cambia la dinámica de poder. No es una universidad del norte llegando a salvar a las víctimas. Es una alianza donde ambas partes aportan desde su lugar.

Inventor

Pero el proyecto habla de co-creación. ¿Qué significa eso en la práctica? ¿No es solo una palabra bonita?

Model

No. Significa que las mujeres lideresas no están ahí para validar algo ya decidido. Están desde el comienzo, contando qué necesitan, qué ha funcionado en sus comunidades, qué saben que la academia no sabe. Es la diferencia entre ser estudiadas y ser protagonistas.

Inventor

¿Cuál es el problema más urgente que estas mujeres enfrentan ahora, años después del acuerdo?

Model

El trauma emocional sin atender. Se habló de reparación económica, de tierras, de justicia. Pero nadie preguntó cómo sanar las noches sin dormir, el miedo a hablar, el duelo que nunca cerró. Y en territorios rurales, ni siquiera hay profesionales de salud mental disponibles.

Inventor

¿Por qué la academia tiene que salir de sí misma para hacer esto?

Model

Porque tiene una responsabilidad ética con los territorios que ha ignorado. No puede limitarse a formar profesionales para el mercado o a publicar artículos desconectados de la realidad. Tiene que acompañar procesos reales de transformación.

Inventor

¿Qué pasa si esta alianza funciona? ¿Cuál sería el cambio?

Model

Que otras iniciativas entiendan que escuchar no es un gesto simbólico. Es una decisión política. Y que la paz no se construye solo en los salones del poder, sino en los encuentros comunitarios donde las mujeres finalmente pueden contar su historia sin estar solas.

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