El argentino está acostumbrado al esfuerzo que pocas veces es recompensado
Tras 36 años de espera, el triunfo de Argentina en Qatar 2022 desencadenó en las calles del país una oleada de murales que convirtieron la imagen de Lionel Messi en símbolo colectivo. Desde Rosario hasta Villa Fiorito, desde Palermo hasta Puán, los muralistas salieron a capturar no solo un rostro, sino un instante cargado de historia: el de un hombre que persiguió durante décadas algo que finalmente alcanzó. En esas paredes pintadas, Argentina no celebraba únicamente un campeonato, sino el viejo valor humano del esfuerzo que, por una vez, fue recompensado.
- En apenas dos semanas, decenas de murales de Messi brotaron en ciudades de todo el país, transformando fachadas anónimas en altares espontáneos de celebración.
- La frase '¿Qué mirá' bobo? Andá pa' allá' se viralizó con tal fuerza que pasó de los teléfonos a las paredes, encarnando la picardía argentina que los hinchas reconocen como propia.
- En Balcarce, un mural pintado antes del Mundial de Rusia se convirtió en santuario: los vecinos dejaban velas y rosarios, y el artista cumplió su promesa pintando la Copa sobre el hombro de Messi.
- Los muralistas no solo celebraban una victoria deportiva, sino que respondían a años de críticas injustas hacia el capitán, convirtiendo cada obra en una reivindicación pública.
- Las obras trascienden lo efímero: una esquina de Palermo fue rebautizada 'Esquina Messi' en los mapas en apenas dos días, señal de que la gente decidió, sin decreto alguno, inscribir este momento en la geografía de la ciudad.
En las dos semanas que siguieron al triunfo en Qatar, los muralistas argentinos salieron a las calles con pinceles y escaleras para capturar algo que iba más allá del fútbol. Querían fijar el instante: Messi levantando la Copa, con la túnica negra del estadio Lusail ondeando sobre sus hombros.
Maximiliano Bagnasco eligió una esquina de Palermo Hollywood para retratar ese momento junto a Emiliano Martínez, De Paul y Paredes. Para él, la túnica árabe —otorgada a quienes alcanzan la victoria— era lo que diferenciaba esta conquista de todas las anteriores. Al día siguiente de comenzar su obra, la esquina ya aparecía en los mapas digitales como 'Esquina Messi'. La gente lo había decidido sola.
La frase viral '¿Qué mirá' bobo? Andá pa' allá' también encontró su lugar en las paredes: en Villa Fiorito, en La Plata, en San Telmo. En Balcarce, un mural pintado en 2018 se convirtió en santuario cuando los vecinos comenzaron a dejar velas y rosarios. Su autor, Nicolás Lahitte, cumplió una promesa hecha durante la final: si Argentina ganaba, pintaría la Copa sobre el hombro de Messi.
En Puán, Jonatan Ramborger terminó su mural un día antes de la final. Cuando Argentina ganó, los habitantes del pueblo fueron a festejar junto a la obra. 'Está asociado a un momento de alegría colectiva, eso lo vuelve más potente', dijo. En Córdoba, Roberto Cortez volvió a su mural hiperrealista para agregar la imagen que faltaba: Messi con la copa y el bisht, sonriendo. Para Cortez, la obra era también una defensa. 'El argentino está acostumbrado al esfuerzo que pocas veces es recompensado', explicó, 'y esto fue como una victoria de todos.'
En Rosario, la ciudad natal del capitán, miles de personas se congregaron bajo un mural de sesenta y nueve metros que lo retrataba con la mano en el corazón. La obra se llamaba 'De otra galaxia y de mi ciudad'. Esa tensión —lo extraordinario y lo propio, lo universal y lo barrial— era exactamente lo que todos esos muralistas habían intentado capturar.
En las dos semanas que siguieron al triunfo de Argentina en Qatar, algo sucedió en las calles del país que iba más allá del fútbol. Los muralistas salieron con sus pinceles y sus escaleras, y comenzaron a pintar a Lionel Messi en cada rincón que pudieron alcanzar. No era solo su rostro lo que querían capturar. Era el momento: ese instante en el que levantaba la Copa del Mundo, la túnica negra que le habían colocado en el estadio Lusail ondeando sobre sus hombros, la expresión de quien finalmente había conseguido lo que durante más de dieciséis años había perseguido.
Maximiliano Bagnasco, un muralista que ya había pintado a Maradona en Italia, eligió la esquina de Darwin y Gorriti en Palermo Hollywood para su obra. Quería capturar ese momento específico: Messi con la túnica negra, acompañado por Emiliano Martínez, Rodrigo de Paul y Leandro Paredes. Bagnasco había esperado durante todo el torneo por ese instante. Cuando vio las imágenes de la ceremonia, supo que esa era la que debía pintar. "Era el primer momento que Messi levantaba la copa", explicó. La túnica negra, le parecía, era lo que realmente diferenciaba esta victoria de todas las anteriores. En la cultura árabe, esa prenda se otorga para rendir homenaje a quienes alcanzan un estatus elevado, a los guerreros que obtienen la victoria. Bagnasco lo respetaba. Lo que sucedió después fue casi mágico: al día siguiente de comenzar el mural, cuando pidió un café por una aplicación de delivery, vio que la esquina ya aparecía en los mapas como "Esquina Messi". Apenas dos días. La gente había decidido, sin que nadie lo pidiera oficialmente, que ese lugar llevaría ese nombre.
La frase que Messi había lanzado durante una entrevista después del partido contra Países Bajos se viralizó instantáneamente. "¿Qué mirá' bobo? Andá pa' allá." Tenía ese tono de picardía, ese dejo maradoniano que los argentinos reconocen al instante. Pronto apareció en tazas, remeras, llaveros. Y también en las paredes. En Villa Fiorito, el barrio que Maradona había hecho suyo, Messi cobró protagonismo de repente. Su rostro junto a esa frase, los colores de la bandera detrás. La misma expresión se pintó en La Plata, en la intersección de las calles 1 y 67, resultado de la iniciativa de una familia local. En San Telmo, el artista Mario Abad retrató otro momento del partido contra Países Bajos: cuando Messi reprodujo el gesto de Román Riquelme frente a Louis Van Gaal, ese guiño burlón que era una respuesta a las críticas del técnico neerlandés.
En Balcarce, al sudeste de Buenos Aires, Nicolás Lahitte había pintado un mural de Messi sonriendo con la camiseta celeste y blanca en 2018, antes del Mundial de Rusia. Cuando Argentina ganó en Qatar, ese mural se convirtió en algo inesperado: un santuario. Los vecinos colocaban velas, pelotas, rosarios. Lahitte volvió a su obra y decidió pintar la Copa del Mundo sobre el hombro de Messi. "Agregar la Copa fue como una especie de promesa", contó. No había sido planeado. Sucedió durante la final, cuando amigos le dijeron que si ganaban irían a prender velas. Él respondió que si iban, él pintaría la Copa.
En Quilmes, el equipo municipal de Arte y Muralismo decidió representar la alegría con Messi levantando el trofeo sobre un fondo de confeti en los colores de la bandera. En Puán, al suroeste de Buenos Aires, Jonatan Ramborger ilustró al capitán acomodándose la cinta en el brazo con una mirada serena. El municipio le había propuesto el trabajo y él no dudó. Para Ramborger, Messi representaba algo más que un jugador. Era el capitán, el que se pone delante, el que lleva la bandera y aguanta los golpes cuando las cosas no salen bien. "Se lo ha criticado mucho injustamente y él se sobrepuso a todo", dijo. El sábado 17 de diciembre, un día antes de la final, el mural recibía sus últimas pinceladas. Cuando Argentina ganó, los habitantes de Puán fueron a festejar con la obra, se sacaron fotos. "Está asociado a un momento de alegría colectiva, eso lo vuelve más potente", concluyó Ramborger.
En Rosario, la ciudad natal de Messi, los artistas Marlene Zuriaga y Lisandro Urteaga habían retratado al jugador el año anterior en una medianera de sesenta y nueve metros de alto, con la mano en el corazón. La obra se llamaba "De otra galaxia y de mi ciudad". Cuando Argentina ganó, miles de personas se congregaron en las calles de Rosario para festejar a su campeón. En Córdoba, Roberto Cortez había comenzado un trabajo hiperrealista después de la Copa América, ilustrando distintas etapas de la vida de Messi: de niño con la remera de Newell's, de adulto con su icónico saludo con los dedos índices en alto, gritando un gol. Después de Qatar, Cortez volvió a su obra porque le parecía incompleta. Faltaba la imagen de Messi en su último Mundial, con la copa en brazos, sonriendo con el bisht. Para Cortez, el mural era también una defensa. Quería dejarle su apoyo sincero a alguien que había sido blanco de críticas injustas. "Messi trabajó mucho, se esforzó, dejó todo por nuestro amado país", dijo. "El argentino está acostumbrado al esfuerzo que pocas veces es recompensado y esto fue como una victoria de todos."
Notable Quotes
Era el primer momento que Messi levantaba la copa y decidí que tenía que ser esa— Maximiliano Bagnasco, muralista
Messi trabajó mucho, se esforzó, dejó todo por nuestro amado país y al final obtuvo lo que tanto merecía— Roberto Cortez, muralista de Córdoba
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué crees que los muralistas sintieron tanta urgencia de pintar a Messi justo después de Qatar? ¿No había tiempo para esperar?
Porque el momento era irrepetible. Messi había estado persiguiendo eso durante dieciséis años. Los artistas sabían que estaban pintando no solo a un jugador, sino el instante en que algo que parecía imposible finalmente sucedía.
Maximiliano Bagnasco eligió específicamente la imagen de Messi con la túnica negra. ¿Qué tiene esa prenda que la hace tan importante?
En la cultura árabe, esa túnica se otorga a los guerreros que obtienen la victoria, a las personas que alcanzan un estatus elevado. Para Bagnasco, eso hacía que la imagen fuera única, diferente de todos los mundiales anteriores. Era un homenaje dentro del homenaje.
La frase "¿Qué mirá' bobo? Andá pa' allá" aparece en varios murales. ¿Por qué esa frase en particular resonó tanto?
Porque tenía ese tono maradoniano que los argentinos reconocen al instante. No era una frase de un campeón distante. Era la voz de alguien que estaba en el partido, que respondía con picardía. Era Messi siendo argentino de una manera que antes no había mostrado públicamente.
En Balcarce, el mural de 2018 se convirtió en un santuario después de Qatar. ¿Qué significa eso?
Significa que la gente necesitaba un lugar físico donde depositar su esperanza, su fe. Cuando ganaron, ese mural ya estaba ahí, esperando. Lahitte volvió y agregó la Copa porque el mural estaba incompleto sin ella. La gente había hecho una promesa silenciosa.
Roberto Cortez dijo que el mural era también una defensa de Messi contra sus críticos. ¿Crees que el arte urbano puede ser un acto político?
Absolutamente. Cuando Cortez pinta a Messi en San Francisco después de años de críticas injustas, no está solo celebrando. Está diciendo: esto es lo que vimos, esto es lo que valoramos. Los murales se convirtieron en la voz de la gente en las paredes.