Entre los cuatro y los once años, el rostro de un niño no solo crece: se decide. En ese intervalo irrecuperable, la ortodoncia preventiva propone algo más ambicioso que alinear dientes: orientar el desarrollo craneofacial completo antes de que los desequilibrios se vuelvan permanentes. El doctor Domingo Martín, desde su clínica en Donostia, encarna una visión en la que la boca es una ventana al bienestar general del niño, y la intervención temprana, una forma de medicina preventiva en su sentido más profundo.