En Ulán Bator, durante la COP17 sobre desertificación, la ONU colocó ante el mundo una verdad incómoda: la sequía ya no es una calamidad de regiones lejanas, sino una amenaza estructural que ha crecido un 30 por ciento desde el año 2000 y que, de no mediar acción colectiva, alcanzará a tres de cada cuatro personas en 2050. Lo que antes era un problema de fronteras conocidas —el Sahel, el Cuerno de África— hoy estrecha el Canal de Panamá y reseca la Amazonía, recordándonos que la fragilidad del agua es, en el fondo, la fragilidad de toda civilización.
La ONU advierte que la sequía se ha intensificado un 30 % desde 2000 y amenaza economías globales
La sequía afectará a tres de cada cuatro personas en 2050, impactando medios de vida globales y forzando restricciones que afectan comercio internacional y comunidades vulnerables.