Durante décadas, un objeto celeste viajó en silencio entre las rocas catalogadas del sistema solar, portando un secreto que nuestras categorías no estaban preparadas para reconocer. El cuerpo conocido como 1998 SH2, clasificado rutinariamente como asteroide, reveló en agosto de 2025 —al pasar a 3,1 millones de kilómetros de la Tierra— que su órbita no seguía las leyes que gobiernan a las rocas inertes: algo dentro de él lo estaba empujando. Lo que parecía un error de cálculo resultó ser la firma discreta de un cometa oscuro, un tipo de objeto que expulsa gas sin exhibir la cola luminosa que lo