Los astronautas en órbita experimentan cambios digestivos detectables en sangre: aumento de fermentación proteica intestinal y metabolitos potencialmente perjudiciales para la salud renal y cerebral. La ausencia de gravedad ralentiza el tránsito intestinal, agotando la fibra disponible y forzando a la microbiota a degradar proteínas, un proceso reversible al regresar a la Tierra.