En julio de 2026, el fuego consumió más de 77.000 hectáreas en Ávila —una superficie equivalente a la ciudad de Nueva York— convirtiéndose en el incendio forestal más devastador jamás registrado en España. Al otro lado de los Pirineos, Francia vivía su propia catástrofe: más de 42.000 hectáreas arrasadas y, por primera vez en su historia, la aparición de un pirocumulonimbos, una nube de fuego que genera su propio clima. Los satélites de la NASA documentaron las cicatrices desde el espacio, y los científicos advierten que lo ocurrido no es una excepción, sino el preludio de una nueva normalidad
La NASA captura desde el espacio la mayor cicatriz de fuego de España, más grande que Nueva York
Miles de vecinos fueron obligados a evacuar sus hogares en zonas de Ávila, Madrid y la Gironda francesa, mientras desaparecieron animales domésticos y fauna salvaje entre las llamas.