Cuando un rey elige con qué coche recorrer sus caminos privados, esa elección deja de ser trivial y se convierte en un gesto cargado de significado. El Rey Felipe VI ha convertido a Cupra —marca nacida del espíritu deportivo de Seat y profundamente arraigada en la industria española— en su compañera habitual de ruta, tanto en el día a día como en sus vacaciones mallorquinas. En un tiempo en que las decisiones de consumo se leen como declaraciones de valores, la preferencia sistemática del monarca por fabricantes nacionales plantea una pregunta que trasciende el garaje real: ¿qué responsabilida