En un momento en que Ecuador, Chile y Colombia despliegan simultáneamente estrategias de mano dura contra el crimen organizado, América Latina repite un ciclo histórico que sus propias heridas conocen bien: la tentación de responder a la complejidad con la contundencia de la fuerza. Lo que distingue este episodio es la sombra de Washington detrás del impulso, y la advertencia de expertos que recuerdan que el crimen organizado no es una amenaza militar convencional, sino un fenómeno arraigado en la sociedad, la economía y la corrupción. La pregunta que subyace no es si los gobiernos actuarán co
La lucha contra el crimen cruza fronteras en América Latina
Las políticas de mano dura pueden provocar represión desproporcionada contra poblaciones vulnerables y riesgo de escalada de violencia territorial si fragmentan estructuras criminales sin fortalecer justicia.