El verano se ha comido parte de la primavera y parte del otoño
En la España de mayo de 2026, los termómetros marcan casi 30 grados donde los libros de texto prometen primavera. Lo que antes era el entretiempo —esa estación de capas y moderación— ha cedido su lugar a un verano que llega un mes antes y se niega a marcharse. Los expertos no hablan ya de anomalías pasajeras, sino de una transformación climática que reescribe el calendario y cobra un precio humano creciente.
- Las temperaturas de mayo superan los 30 grados en gran parte de España y alcanzan los 40 en el sur, valores propios de agosto que llegan con una velocidad de cambio de hasta 15 grados en pocos días.
- El entretiempo ha desaparecido: el verano se extiende ahora hacia la primavera y el otoño, y los episodios de calor que antes duraban dos o tres días se prolongan hasta dos semanas.
- Desde 2018, ningún año ha registrado temperaturas normales en España; cuatro años consecutivos han sido extremadamente cálidos, y la temperatura media del país ha subido 1,75 grados desde 1961.
- Las ciudades amplifican el problema a través del efecto isla de calor, y el calor extremo se asocia directamente a un aumento en las tasas de mortalidad, especialmente en entornos urbanos.
- Los expertos reclaman una adaptación urgente —en infraestructuras, rutinas laborales y hábitos cotidianos— advirtiendo que esto ya no es una amenaza futura, sino la realidad del presente.
En mayo de 2026, los libros de texto españoles siguen describiendo la primavera como una estación de temperaturas moderadas. Pero mientras los maestros explican esa lección, los termómetros marcan casi 30 grados fuera del aula, y en el sur peninsular algunos lugares han rozado los 40. No es un accidente meteorológico aislado: es el síntoma de una transformación más profunda.
Desde mediados de mayo, una onda de calor envuelve el país con temperaturas entre 5 y 10 grados por encima de lo esperado. Lo más inquietante no es solo la intensidad, sino la velocidad: en pocos días los termómetros oscilaron hasta 15 grados. El meteorólogo Mario Picazo lo resume con precisión: el calentamiento global se ha comido el entretiempo. El verano llega un mes antes y, además, los episodios de calor que antes duraban dos o tres días ahora se extienden durante dos semanas.
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología confirman la tendencia. El último año con temperaturas normales en España fue 2018. Desde entonces, la pauta ha sido implacable: cuatro años extremadamente cálidos consecutivos, y una temperatura media que ha subido 1,75 grados desde 1961. El verano pasado registró una anomalía superior a 2 grados.
Los efectos van más allá de los termómetros. El calor extremo golpea la salud pública, la agricultura y el turismo. En las ciudades, el asfalto y los edificios crean islas de calor que amplifican las temperaturas y, combinadas con la contaminación, elevan las tasas de mortalidad. Los expertos insisten: ya no se puede tratar esto como una anomalía puntual. La adaptación —desde las infraestructuras hasta las rutinas diarias— no es una preparación para el futuro. Es una necesidad del presente.
En las aulas españolas, los libros de texto siguen enseñando que la primavera es una estación de temperaturas moderadas, con máximas alrededor de los 20 grados y mínimas cercanas a los 12. Era el entretiempo, ese período que exigía vestirse por capas, prepararse para los cambios bruscos. Pero en mayo de 2026, mientras los maestros explican esta lección, los termómetros fuera marcan casi 30 grados. En el sur peninsular, algunos lugares han alcanzado los 40. No es un accidente meteorológico aislado. Es el síntoma de una transformación más profunda.
Desde mediados de mayo, una onda de calor envuelve España. Las temperaturas han subido entre 5 y 10 grados por encima de lo esperado para esta época, valores que corresponderían más a agosto que a mayo. Lo más inquietante no es solo la intensidad, sino la velocidad: en cuestión de días, los termómetros oscilaron hasta 15 grados. Hace décadas, un episodio así habría sido impensable. Ahora se repite con regularidad creciente.
Mario Picazo, meteorólogo, lo explica con claridad: el calentamiento global se ha comido el entretiempo. "El verano se ha hecho fuerte y se ha comido parte de la primavera y parte del otoño", dice. Las altas temperaturas llegan un mes antes de lo normal y se demoran más en marcharse. Pero hay algo más preocupante aún. Antes, un episodio de calor como este duraba dos o tres días como máximo. Ahora se extiende durante dos semanas, con temperaturas más altas de lo que la época permite. "Este tipo de extremos es uno de los síntomas más claros del cambio climático", afirma.
Los números que proporciona Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, pintan un cuadro desolador. El último año con temperaturas normales en España fue 2018. Desde entonces, la pauta ha sido implacable: un año cálido, dos muy cálidos, y cuatro extremadamente cálidos consecutivos. Para encontrar un año más frío de lo normal hay que retroceder a 2013. Desde 1961, la temperatura media en España ha subido alrededor de 1,75 grados. El año pasado, junio estuvo 3,6 grados por encima de lo habitual, y el verano completo registró una anomalía superior a 2 grados.
Los efectos trascienden los termómetros. El calor extremo impacta la salud pública, la agricultura, el turismo. En las ciudades, el problema se multiplica. El asfalto y los edificios crean lo que se conoce como islas de calor, amplificando las temperaturas. Sumado a la contaminación atmosférica, esto se asocia claramente a un aumento en las tasas de mortalidad durante estos episodios. Picazo insiste en que ya no podemos tratarlo como una anomalía puntual. El calor asfixiante "estará cada vez más presente en España". Los expertos reclaman que nos adaptemos desde las infraestructuras hasta nuestras rutinas de trabajo y costumbres cotidianas. No es una advertencia sobre el futuro. Es una descripción del presente que ya está aquí.
Citações Notáveis
El verano se ha hecho fuerte y se ha comido parte de la primavera y parte del otoño. Las altas temperaturas llegan hasta un mes antes de lo normal y tardan más en irse.— Mario Picazo, meteorólogo
Este tipo de extremos es uno de los síntomas más claros del cambio climático— Mario Picazo, meteorólogo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué importa que mayo sea 10 grados más caluroso de lo normal? ¿No es solo un mes?
Porque mayo no debería ser así. Cuando un mes entero se comporta como otro mes completamente diferente, significa que las estaciones mismas están desapareciendo. Los niños ya no aprenderán qué es el entretiempo porque no existirá.
Mencionas que antes los episodios de calor duraban dos o tres días. ¿Qué cambió?
La atmósfera tiene más energía ahora. El calentamiento global no solo sube las temperaturas, las mantiene elevadas durante más tiempo. Un episodio que antes era una excepción de tres días ahora es una regla de dos semanas.
¿Cuándo fue la última vez que España tuvo un año normal?
2018. Hace ocho años. Desde entonces, cada año ha sido más cálido de lo que debería. Cuatro de los últimos ocho años fueron extremadamente cálidos. Eso no es variabilidad natural. Eso es una tendencia.
Hablas de islas de calor en las ciudades. ¿Qué significa eso en términos de vidas?
Significa que en una ciudad, el calor es aún más sofocante que en el campo. El asfalto y el hormigón absorben y reirradian el calor. Cuando sumas eso a la contaminación, las tasas de mortalidad suben. No es abstracto. La gente muere.
¿Qué debería cambiar ahora?
Todo. Las infraestructuras, los horarios de trabajo, cómo vivimos. Pero primero, tenemos que dejar de verlo como una anomalía. El calor extremo no es una excepción. Es la nueva normalidad.