La lista negra de Xavi: 13 futbolistas que deben abandonar el Barcelona

El Barcelona necesitaba que se fueran para poder respirar de nuevo
Xavi Hernández entregó una lista de 13 jugadores que debían abandonar el club para liberar masa salarial y reconstruir el equipo.

En el verano de 2022, Xavi Hernández se enfrentó a una verdad incómoda: antes de construir el Barcelona que imaginaba, debía desmantelar el que había heredado. Con una lista de trece nombres entregada al presidente Joan Laporta, el técnico trazó los límites de su proyecto, reconociendo que el exceso de plantilla y la asfixia salarial son enemigos tan peligrosos como cualquier rival en el campo. Es el eterno dilema del renovador: para que algo nuevo nazca, algo viejo debe ceder su lugar.

  • El Barcelona arrastra una plantilla sobredimensionada que impide fichar refuerzos y amenaza con dejar al equipo sin margen para competir en la élite.
  • Trece jugadores, desde veteranos como Dani Alves hasta jóvenes como Riqui Puig, reciben el mensaje de que su ciclo en el club ha terminado.
  • Las salidas avanzan a ritmos distintos: algunos ya partieron, otros negocian préstamos o rescisiones, y cada acuerdo cerrado libera un poco más de oxígeno económico.
  • El caso más tenso es el de Frenkie de Jong: Chelsea ofrece 80 millones, pero el holandés se niega a aceptar la rebaja salarial que Barcelona exige como condición para quedarse.

Xavi Hernández llegó al Barcelona con un mandato de reconstrucción, pero entendió pronto que reconstruir exige primero despejar los escombros. En el verano de 2022, entregó al presidente Joan Laporta una lista de trece futbolistas sin futuro en el proyecto azulgrana: no un acto de crueldad, sino de cirugía necesaria. La masa salarial asfixiaba al club e impedía traer los refuerzos que el equipo necesitaba con urgencia.

La lista reunía perfiles muy distintos: veteranos como Dani Alves y Samuel Umtiti, talentos que nunca terminaron de encajar como Riqui Puig, y piezas prestadas que regresaron a sus clubes de origen como Adama Traoré y Luuk de Jong. Cada salida tenía su propia lógica: Lenglet fue cedido al Tottenham, Mingueza vendido al Celta por tres millones, Neto a punto de cerrar con el Bournemouth, y Riqui Puig con rumbo al Los Ángeles Galaxy.

El caso más espinoso era el de Frenkie de Jong. El mediocampista holandés quería quedarse y disputar la Champions League, pero Chelsea ofrecía 80 millones de euros por él, una cifra difícil de ignorar. El club le pedía aceptar una reducción salarial; De Jong se negaba. El impasse persistía mientras el mercado avanzaba y Chelsea aguardaba con paciencia.

Lo que Xavi construyó con esa lista fue, en esencia, una declaración de principios: el Barcelona no podía seguir siendo un museo de contratos. Cada salida era un paso hacia un equipo más ágil, más competitivo, y más capaz de sostener la ambición que el proyecto exigía.

Xavi Hernández llegó al Barcelona con un mandato claro: reconstruir. Pero antes de poder edificar, necesitaba demoler. En el verano de 2022, el entrenador de 42 años se sentó con el presidente Joan Laporta y le entregó un documento que cambiaría el rostro del club: una lista de 13 jugadores que no tenían futuro en el proyecto azulgrana. No era un acto de crueldad, sino de cirugía. El Barcelona estaba hinchado, con demasiados cuerpos en demasiadas posiciones, y la masa salarial asfixiaba cualquier posibilidad de traer refuerzos que el equipo necesitaba desesperadamente.

La lista era extensa y variada. Incluía a Neto, Dani Alves, Óscar Mingueza, Sergiño Dest, Clément Lenglet, Samuel Umtiti, Frenkie de Jong, Riqui Puig, Miralem Pjanic, Adama Traoré, Luuk de Jong, Memphis Depay y Martín Braithwaite. Algunos eran veteranos que habían visto mejores días. Otros eran jóvenes talentos que simplemente no encajaban en los planes del nuevo técnico. Lo que todos compartían era una realidad incómoda: el Barcelona necesitaba que se fueran para poder respirar de nuevo.

La máquina de salidas comenzó casi inmediatamente. Adama Traoré y Luuk de Jong regresaron a sus clubes de origen tras terminar sus préstamos. Dani Alves, el lateral brasileño que alguna vez fue una leyenda del club, fichó por Pumas en México. Clément Lenglet fue cedido al Tottenham por una temporada completa, sin opción de compra que lo trajera de vuelta. Samuel Umtiti y Martín Braithwaite quedaron en una zona gris, negociando préstamos o rescisiones mientras el club buscaba la mejor salida para ambas partes.

Las ventas generaban dinero, aunque no tanto como el Barcelona hubiera deseado. Óscar Mingueza se fue al Celta por tres millones de euros, con el club azulgrana reservándose un porcentaje de una futura reventa. Neto estaba a punto de cerrar su traspaso al Bournemouth. Riqui Puig, el mediapunta cantera que nunca terminó de despegar, se dirigía a Los Ángeles Galaxy. Memphis Depay y Sergiño Dest también estaban en las últimas fases de sus negociaciones de salida. Cada venta era un paso hacia la liberación de espacio salarial, hacia la posibilidad de construir algo nuevo.

Pero había un caso que no encajaba perfectamente en el esquema. Frenkie de Jong, el mediocampista holandés de 25 años, quería quedarse. Quería jugar la Champions League con el Barcelona, competir en la máxima categoría europea. El problema era que Chelsea estaba dispuesto a pagar 80 millones de euros por él, una cifra que el Barcelona no podía rechazar fácilmente. De Jong, sin embargo, no aceptaba una reducción de salario, el precio que el club le pedía a cambio de permitirle quedarse. Era un impasse: el jugador deseaba permanecer, pero no en los términos que Barcelona ofrecía. Chelsea esperaba en las sombras, chequera en mano.

Lo que Xavi había hecho era tomar una decisión difícil pero necesaria. El Barcelona no podía seguir siendo un museo de futbolistas. Necesitaba ser un equipo, ágil y hambriento. La lista negra no era personal; era matemática. Era la única forma de que el club volviera a competir en serio, de que pudiera traer los refuerzos que necesitaba, de que pudiera pagar salarios competitivos a los jugadores que realmente formaban parte del futuro. Mientras el mercado de pases seguía su curso, cada salida era un paso más cerca de ese objetivo.

Frenkie de Jong quería jugar la Champions League con el Barcelona pero no aceptaba una baja salarial
— Situación reportada sobre el mediocampista holandés
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Xavi necesitaba hacer una lista de 13 jugadores? ¿No podría haber sido más selectivo?

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El Barcelona estaba quebrado, literalmente. Tenían demasiados jugadores ganando demasiado dinero, y no había espacio en el presupuesto para traer a quien realmente necesitaban. Era una cuestión de supervivencia financiera.

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Pero algunos de esos jugadores, como Frenkie de Jong, eran jóvenes y talentosos. ¿No era un desperdicio dejarlos ir?

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Frenkie quería quedarse, pero no aceptaba los términos. El Barcelona no podía permitirse mantener a alguien que ganaba como estrella si no estaba dispuesto a aceptar la realidad del club. Chelsea ofrecía dinero que el Barcelona necesitaba urgentemente.

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¿Cómo se sintieron los jugadores al enterarse de que estaban en esa lista?

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Algunos ya lo sabían. Otros, como Dani Alves, simplemente aceptaron que era hora de seguir adelante. No es agradable, pero en el fútbol profesional, los números hablan más fuerte que los sentimientos.

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¿Funcionó el plan de Xavi? ¿Logró liberar suficiente masa salarial?

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Eso dependía de cuántos de esos 13 jugadores realmente se fueran. Cada salida era un paso, pero el verdadero éxito se mediría en si Barcelona podía competir nuevamente en la Champions League.

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¿Qué pasó con los que no se fueron tan fácilmente, como Umtiti y Braithwaite?

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Quedaron atrapados en un limbo. El Barcelona quería cederlos o rescindir sus contratos, pero encontrar un club dispuesto a asumir sus salarios era complicado. Eran jugadores que nadie realmente quería, pero que el Barcelona tampoco podía simplemente descartar.

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