En agosto de 2026, Estados Unidos y Japón ejecutaron una operación monetaria sin precedentes: Washington imprimió dólares para sostener el yen mediante acuerdos de recompra que amplían el balance de la Reserva Federal. Detrás de este gesto de estabilidad se esconde una paradoja: la intervención relaja las condiciones monetarias justo cuando la economía estadounidense ya rebosa liquidez y la Fed debería endurecer su política. La historia monetaria rara vez ofrece soluciones sin coste; esta vez, el precio podría ser la credibilidad misma de los bancos centrales.