La inmunoterapia transforma el cáncer renal en una enfermedad crónica controlable

Miles de pacientes con cáncer renal en España enfrentan nuevos desafíos psicológicos y de reincorporación laboral derivados de supervivencias prolongadas, requiriendo apoyo sanitario especializado aún no disponible.
Algunos pacientes podrían no volver a tener nunca más el tumor
Un oncólogo describe cómo la inmunoterapia abre la posibilidad de erradicación, no solo de control crónico.

Pacientes con cáncer renal avanzado logran ahora supervivencias de más de nueve años sin recaída, transformando una enfermedad antes mortal en condición crónica controlable. La doble inmunoterapia ha mejorado significativamente la calidad de vida, con muchos pacientes manteniendo actividad normal sin toxicidades importantes durante años.

  • Pacientes con cáncer renal avanzado logran supervivencias de más de nueve años sin recaída
  • En España, 9.774 casos nuevos estimados en 2025 y 2.245 muertes en 2023
  • La doble inmunoterapia ha mejorado significativamente la calidad de vida sin toxicidades importantes
  • El sistema sanitario carece de unidades especializadas para largos supervivientes

La inmunoterapia ha revolucionado el tratamiento del cáncer renal, permitiendo supervivencias superiores a nueve años y abriendo la posibilidad de erradicación en algunos pacientes, aunque el sistema sanitario aún debe adaptarse a esta nueva realidad.

Hace diez años, los oncólogos que trataban el cáncer renal avanzado tenían una conversación difícil con sus pacientes. Explicaban que intentarían controlar la enfermedad, que buscarían ralentizar su avance, que harían lo posible. Hoy esa conversación ha cambiado de raíz. "Ahora podemos decirles que existe una oportunidad real de erradicarla", dice Pablo Maroto, oncólogo del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. La inmunoterapia, especialmente en su forma de doble tratamiento para pacientes con enfermedad avanzada, ha transformado lo que era una sentencia en una posibilidad abierta.

En España, el cáncer de riñón es el octavo más prevalente. Los números son significativos: se estiman 9.774 casos nuevos en 2025 y 2.245 muertes en 2023, según la Sociedad Española de Oncología Médica. Afecta más a hombres que a mujeres, en una proporción de dos o tres a uno. Los factores de riesgo conocidos son el tabaquismo, la obesidad y la hipertensión, aunque los especialistas sospechan que hay otros aún sin identificar. Lo peculiar de este tumor es que muchas veces se descubre por casualidad, durante pruebas diagnósticas realizadas por otras razones. Cuando se detecta en fases tempranas y sin síntomas, las perspectivas mejoran. Pero los casos metastásicos siguen llegando con enfermedad avanzada, frecuentemente anunciados por la hematuria, la presencia de sangre en la orina.

Lo que ha cambiado todo es la inmunoterapia. Antes, con los tratamientos anteriores, había lo que Miguel Ángel Climent, oncólogo del Instituto Valenciano de Oncología, describe como "una especie de fecha de caducidad". Los pacientes respondían durante un tiempo, pero inevitablemente la enfermedad progresaba. Ahora existen pacientes que permanecen vivos y sin recaída más de nueve años después de iniciar el tratamiento. "Eso antes era imposible de plantear", dice Climent. Algunos pacientes llevan más de cinco años con la enfermedad controlada sin necesidad de tratamiento activo. Los oncólogos todavía son cautelosos con la palabra "curación", pero el concepto empieza a formar parte de la conversación científica. Maroto lo matiza: "Cronificar no es exactamente lo mismo que curar. Cronificar implica convivir siempre con la enfermedad. Aquí empezamos a vislumbrar que algunos pacientes podrían no volver a tener nunca más el tumor".

La revolución no es solo sobre números de supervivencia. Ha transformado la calidad de vida. Muchos pacientes llegan a la consulta con una vida prácticamente normal, sin toxicidades importantes. Pero esta transformación ha traído consigo nuevas complejidades que el sistema sanitario aún no está preparado para manejar. La aparición del largo superviviente plantea interrogantes sin respuesta clara: cuánto tiempo debe mantenerse el seguimiento, cada cuánto deben realizarse pruebas radiológicas. Y más allá de lo clínico, hay dimensiones psicológicas y sociales que requieren atención especializada. Muchos pacientes viven con una sensación permanente de incertidumbre. "Cada prueba médica supone semanas de ansiedad", señala Climent. La reincorporación laboral añade estrés, y los especialistas reconocen que aún no comprenden bien cómo ese estrés influye en la inmunidad y en la enfermedad misma.

Ovidio Fernández, oncólogo del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense, resume la situación: "Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva realidad clínica. Hoy hablamos con normalidad de largos supervivientes en cáncer renal, algo que hace pocos años era impensable". Pero esa nueva realidad expone las grietas del sistema. No existen unidades específicas dedicadas a largos supervivientes. Los recursos de psicooncología varían enormemente entre hospitales. Fernández demanda explícitamente: "Necesitamos más apoyo psicológico, más enfermería especializada, más programas de ejercicio físico y más coordinación con Atención Primaria".

La gran incógnita científica sigue siendo por qué algunos pacientes responden a la inmunoterapia y otros no. A diferencia de otros tumores, el cáncer renal todavía carece de biomarcadores fiables que permitan predecir la respuesta. Los pacientes se clasifican en tres grupos pronósticos —bueno, intermedio y malo— según el estado general, la presencia de anemia y otros parámetros analíticos, pero eso no es suficiente para anticipar quién se beneficiará realmente del tratamiento.

A pesar de estas incertidumbres pendientes, el mensaje de los especialistas es inequívocamente optimista. "No estamos curando todos los cánceres, pero nos estamos acercando", reconoce Maroto. Pablo Gajate, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, es más específico: aunque no todos los cánceres renales se curan, "muchos pacientes concretos sí se han curado gracias a la inmunoterapia". La investigación ahora se centra en perfeccionar esa revolución: identificar biomarcadores predictivos, seleccionar mejor a los pacientes, reducir toxicidades y adaptar el sistema sanitario a una población cada vez mayor de personas que viven años con la enfermedad controlada. El desafío ya no es solo médico, sino organizacional y humano.

Antes explicábamos que íbamos a intentar controlar la enfermedad y ahora podemos incluso decirles que existe una oportunidad real de erradicarla
— Pablo Maroto, oncólogo del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona
Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva realidad clínica. Hoy hablamos con normalidad de largos supervivientes en cáncer renal, algo que hace pocos años era impensable
— Ovidio Fernández, oncólogo del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué el cáncer renal ha sido tan invisible comparado con otros tumores?

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Porque muchos casos se detectan por casualidad, durante pruebas por otras razones. No tiene síntomas claros en fases tempranas. Y cuando llega metastásico, ya es tarde. Eso lo mantiene fuera del radar público.

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Pero la inmunoterapia cambió algo fundamental, ¿no?

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Cambió todo. Antes había una fecha de caducidad. Ahora hay pacientes nueve años sin recaída. Es la diferencia entre una sentencia y una posibilidad.

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¿Entonces estamos hablando de curación?

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Los oncólogos son cautelosos. Pero sí, algunos pacientes podrían no volver a tener el tumor nunca más. Eso es diferente de cronificar, que significa vivir siempre con la enfermedad.

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¿Cuál es el problema ahora?

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Que el sistema sanitario no está preparado. No hay unidades para largos supervivientes. El apoyo psicológico es variable. Y los pacientes viven con ansiedad permanente entre pruebas.

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¿Qué necesitan realmente?

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Más que medicinas. Necesitan psicólogos, enfermeras especializadas, programas de ejercicio, coordinación con Atención Primaria. Y respuestas sobre cuándo pueden dejar de ir al hospital.

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¿Saben por qué funciona en unos y no en otros?

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No. Ese es el gran misterio. No hay biomarcadores que predigan quién responderá. Es lo próximo que hay que resolver.

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