La ingeniería ha reescrito la seguridad del Guadalmedina
Durante más de un siglo, un número heredado del desastre de 1907 fijó el miedo colectivo ante el Guadalmedina en 600 metros cúbicos por segundo. La ingeniería contemporánea, armada con 69 modelizaciones y décadas de datos acumulados, ha reducido esa cifra a 460, no por optimismo, sino por precisión. La presa del Limonero, con sus nuevos márgenes de seguridad ampliados, convierte ese río temido en un canal calculado. Sobre esa base, el proyecto de los puentes-plaza puede por fin avanzar: no como una apuesta, sino como una certeza técnica.
- Un estudio de 1909 había gobernado durante más de un siglo cada decisión sobre el río, convirtiendo la incertidumbre histórica en norma de ingeniería.
- La revisión del caudal de referencia —de 600 a 460 m³/s— desbloquea un proyecto paralizado durante décadas y redefine el umbral de riesgo aceptable para la ciudad.
- La presa del Limonero opera ahora con un nivel máximo de llenado reducido de 21 a 14 hectómetros cúbicos y un resguardo físico de 15 metros, ampliando el margen de reacción a 24 horas ante una alerta extrema.
- Los puentes-plaza se diseñan con al menos un metro de distancia entre el agua y el tablero, garantizando que ningún puente se convierta en barrera durante una crecida.
- El riesgo residual calculado es del 1% por siglo: una cifra que, según los expertos, permite tomar decisiones con confianza técnica y no con miedo heredado.
Durante más de cien años, el número 600 rigió el Guadalmedina. Ese caudal máximo, fijado tras la riada de 1907 y codificado en un estudio de 1909, fue la base de todos los cálculos posteriores. Ahora, con el proyecto de los puentes-plaza en marcha y adjudicado a la consultora Esteyco, la ingeniería moderna lo ha reemplazado por 460 metros cúbicos por segundo. La diferencia de 140 no es un simple ajuste: es el paso del diseño por miedo al diseño por precisión.
El nuevo caudal no nace de la confianza ciega, sino de una acumulación rigurosa de estudios. El informe de Tragsatec de 2023 estableció en 240 m³/s el caudal máximo de las cuencas aguas abajo de El Limonero para un período de retorno de 500 años. A esa cifra se le aplicó el escenario más adverso posible —casi un 30% de acarreos y la hipótesis, irreal, de que todos los arroyos crecieran simultáneamente—, obteniendo 310 m³/s. Sumados los aportes de la presa del Limonero en su escenario más conservador, el resultado fue 460. El proceso incluyó 69 modelizaciones diferentes, lideradas desde el Ayuntamiento por la concejala de Sostenibilidad Penélope Gómez, ingeniera de Caminos.
La presa del Limonero es el corazón de esta seguridad. Su nivel máximo de llenado ha bajado de 21 a 14 hectómetros cúbicos, pero la capacidad real antes de que entre en funcionamiento el aliviadero alcanza casi los 28. Es, en la práctica, una segunda presa vacía. La cota máxima del agua ha descendido de 104 a 94 metros sobre el nivel del mar, con un límite físico de 109, lo que deja un resguardo de 15 metros. Esos márgenes permiten hasta 24 horas de reacción ante un fenómeno extremo, con posibilidad de abrir compuertas incluso días antes de una alerta meteorológica.
Sobre esta base, los puentes-plaza se diseñan con al menos un metro de distancia entre la lámina de agua y el tablero, para que el río pueda pasar sin encontrar obstáculos. El profesor Leonardo Nanía, de la Universidad de Granada, califica el conjunto como sumamente conservador. La probabilidad de que la presa no pueda con una avenida extraordinaria es del 1% cada cien años. Después de décadas de parálisis, el Guadalmedina tiene por fin una ingeniería que permite construir sin miedo.
Durante más de un siglo, un número mágico ha gobernado cada decisión sobre el Guadalmedina: 600 metros cúbicos por segundo. Ese era el caudal que los ingenieros creían que el río podía descargar, cifra establecida en 1909 tras la devastadora riada de 1907 y que se convirtió en la base de todos los cálculos posteriores. Ahora, con el proyecto de los puentes-plaza en marcha, esa cifra ha sido reescrita por la ingeniería moderna. El nuevo número es 460 metros cúbicos por segundo, y esa diferencia de 140 no es solo un ajuste técnico: es la diferencia entre diseñar con miedo a lo desconocido y diseñar con precisión.
Leonardo Nanía, profesor de Mecánica de Estructuras e Ingeniería Hidráulica en la Universidad de Granada, ha seguido de cerca los trabajos que sustentan el anteproyecto de los puentes-plaza, adjudicado a la consultora Esteyco. Lo que encontró fue un proceso de rigor casi obsesivo. Se realizaron 69 modelizaciones diferentes, incluyendo escenarios tan adversos que son altamente improbables. El equipo de trabajo, liderado desde el Ayuntamiento por la concejala de Sostenibilidad Penélope Gómez —ella misma ingeniera de Caminos—, buscó solapar fases para avanzar más allá del anteproyecto sin hipotecar decisiones futuras, como la posible ampliación del soterramiento del tráfico hasta el Puerto. Cada paso tenía que encajar minuciosamente en los cálculos hidráulicos.
La reducción de 600 a 460 metros cúbicos por segundo no surge de la confianza excesiva, sino de la acumulación de estudios técnicos de vanguardia. El informe de Tragsatec de 2023 determinó que el caudal máximo de las cuencas aguas abajo de El Limonero para un período de retorno de 500 años es de 240 metros cúbicos por segundo. A esa cifra se le aplicó el escenario más adverso imaginable: se sumó casi un 30 por ciento de acarreos y sedimentos, y se asumió algo que no ocurre en la realidad, que todos los arroyos tengan una crecida simultánea y viertan a la vez al cauce principal. El resultado fue 310 metros cúbicos por segundo. Luego, se añadieron los aportes de la presa del Limonero en el escenario más conservador, con los desagües de fondo cerrados: 150 metros cúbicos por segundo. La suma: 460.
La presa del Limonero es la clave de esta seguridad. Jorge Robles, quien durante años ha exigido seguridad desde su puesto como Comisario de Aguas, elogia su comportamiento. Es una de las mejores presas de materiales sueltos que existen, dice, y su comportamiento frente a filtraciones y otros problemas es excelente. Los márgenes de seguridad se han ampliado significativamente. El nivel de llenado máximo antes era de 21 hectómetros cúbicos; ahora es de 14. Pero eso no es lo que le cabe al embalse. Hasta que desaguara por el aliviadero —esa abertura y tobogán que empiezan a vaciar por gravedad cuando se llega al nivel máximo— hay casi 28 hectómetros cúbicos disponibles. Es como una segunda presa vacía, capaz de asumir la carga durante muchísimas horas. La altura a la que se deja que llegue el agua también ha bajado: de 104 metros sobre el nivel del mar a 94 metros. El límite físico es 109 metros, lo que deja un resguardo de 15 metros.
Estos márgenes permiten algo crucial: un fenómeno extremo aguas arriba y aguas abajo da 24 horas para tomar decisiones. Los desagües de fondo pueden bajar el volumen embalsado en hasta 8 hectómetros cúbicos al día, y las previsiones son cada vez más finas. Se pueden abrir compuertas los días anteriores a una alerta meteorológica. El Guadalmedina sigue siendo el canal de desagüe de una presa, pero ahora es un canal diseñado con precisión.
Los puentes-plaza se diseñan sobre esta base técnica. El resguardo —la distancia entre la lámina de agua y el tablero del puente— será siempre de al menos un metro. Eso significa que el agua tendrá espacio para pasar sin convertir los puentes en una barrera. La luz, la forma y la dimensión de cada puente se han calculado para dejar paso al agua. Los acarreos y sedimentos que se consideran en los cálculos parten de campañas geotécnicas y estudios erosivos realizados específicamente para este proyecto.
Nanía resume el resultado con una palabra: sumamente conservador. Y pone cifra al riesgo. La probabilidad de que la presa no pueda con una avenida extraordinaria es del 1 por ciento cada 100 años, o del 0,01 por ciento al año. Es un número que permite dormir tranquilo. Después de décadas de parálisis, el proyecto de los puentes-plaza tiene ahora la base técnica para avanzar. La ingeniería ha reescrito la seguridad del Guadalmedina, y esa reescritura es lo que permite que una obra largamente esperada finalmente se haga.
Citações Notáveis
Este proyecto es seguro y espero que se haga muy pronto— Jorge Robles, Comisario de Aguas
La seguridad es innegociable, tiene que ser extrema. Y la presa es una de las mejores de materiales sueltos que existen— Jorge Robles
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué ese número de 600 metros cúbicos por segundo se mantuvo durante más de un siglo si era incorrecto?
No era incorrecto en su momento. Se estableció tras la riada de 1907 basándose en los datos disponibles entonces. El problema es que se convirtió en dogma. Nadie lo cuestionó porque era el número oficial, y cambiar números oficiales requiere coraje político y técnico.
¿Qué cambió para que ahora se pudiera bajar a 460?
Tres cosas. Primero, mejores datos sobre el comportamiento real de la cuenca. Segundo, estudios erosivos y geotécnicos específicos que no se habían hecho antes. Tercero, y quizá lo más importante, nuevas normas de explotación de la presa que permiten una gestión más fina del agua.
Esos 69 modelos diferentes que mencionas, ¿por qué tantos?
Porque querían eliminar toda duda. Cada modelo probaba un escenario diferente: lluvia simultánea en todos los arroyos, sedimentos máximos, desagües cerrados, desagües abiertos. Buscaban el peor caso posible para asegurarse de que incluso en ese caso, el sistema aguantaba.
El resguardo de un metro entre el agua y el puente parece muy ajustado.
Lo parece, pero no lo es. Ese metro se calcula después de asumir que todos los arroyos crecen a la vez, que hay sedimentos al máximo, que llueve de forma extrema. Es un metro de seguridad real, no de seguridad teórica.
¿Y si la presa falla?
La presa no va a fallar. Pero si hipotéticamente fallara, hay 24 horas de margen porque el embalse puede descargar 8 hectómetros cúbicos al día. Eso es tiempo para evacuar, para tomar decisiones. La seguridad no es un número, es un sistema.
¿Qué significa que el riesgo sea del 1 por ciento cada siglo?
Significa que en 100 años, hay una probabilidad del 1 por ciento de que ocurra una avenida tan extraordinaria que supere los cálculos. Es decir, que en 100 años probablemente no ocurra. Y si ocurre, el sistema está diseñado para aguantarlo.