La infraestructura oculta de la IA: anatomía del boom mundial de los centros de datos

Comunidades en Uruguay, España y Chile enfrentan competencia por recursos hídricos escasos debido a la instalación de centros de datos que consumen millones de litros diarios.
La nube se sostiene sobre concreto, acero y kilómetros de cableado
Reflexión sobre cómo la metáfora de la nube oculta la realidad física y material de los centros de datos.

Meta construirá un complejo de dos gigavatios para alojar un millón de procesadores de IA, equivalente al consumo de una ciudad de dos millones de personas. Los centros de datos de IA consumían el 4,4% de la electricidad estadounidense en 2023 y podrían triplicarse para 2028, rivalizando con industrias históricamente pesadas.

  • Meta construirá un complejo de dos gigavatios para alojar un millón de procesadores de IA
  • Brasil invierte 2.800 millones de dólares en tres proyectos de centros de datos en São Paulo
  • Los centros de datos de IA consumían el 4,4% de la electricidad estadounidense en 2023 y podrían triplicarse para 2028
  • Irlanda impuso una moratoria después de que sus 82 centros consumieran más del 20% de la electricidad nacional
  • Un centro mediano consume más de un millón de litros de agua diariamente

Meta planea construir un megacentro de datos del tamaño de Manhattan mientras Brasil invierte 2.800 millones de dólares en infraestructura. El crecimiento exponencial de la IA está redibujando el mapa energético mundial y generando tensiones por consumo de electricidad y agua.

Mark Zuckerberg anunció hace poco que Meta construirá un complejo de centros de datos tan vasto que ocuparía un área del tamaño de Manhattan. El proyecto consumirá dos gigavatios de potencia —la misma cantidad que una ciudad de dos millones de habitantes— y alojará más de un millón de procesadores gráficos dedicados a inteligencia artificial. En la misma semana, Brasil aprobó tres proyectos en São Paulo por 2.800 millones de dólares que demandarán más de 350 megavatios de la red eléctrica nacional, equivalente al consumo de cientos de miles de hogares. Estos dos anuncios simultáneos capturan la escala de un fenómeno que está redibujando el mapa energético del planeta: los centros de datos ya no son instalaciones técnicas discretas escondidas en las afueras. Se han convertido en asuntos de Estado, motores de inversión y objetos de disputa política.

Un centro de datos es, en apariencia, un edificio industrial que alberga miles de servidores procesando, almacenando y distribuyendo información digital. Cada mensaje de WhatsApp, cada película en streaming, cada transacción bancaria pasa por uno de ellos. Funcionan veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. El calor que generan los servidores requiere sistemas de refrigeración sofisticados, desde aire acondicionado industrial hasta enfriamiento por agua en ciclos cerrados. Existen distintos tipos: los de hiperescala, operados por Amazon Web Services, Microsoft, Google o Meta, pueden consumir cientos de megavatios cada uno. También crecen los centros "edge", ubicados cerca de las ciudades para reducir la latencia, algo esencial para videojuegos en línea, internet de las cosas y autos autónomos. Si internet es el sistema circulatorio de la sociedad digital, estos centros son su corazón.

Durante años, el crecimiento respondió a la expansión de servicios en la nube y al auge del video en línea. La inteligencia artificial cambió ese ritmo y lo volvió exponencial. Entrenar un modelo de lenguaje como los que impulsan los chatbots requiere billones de cálculos en procesadores especializados y un consumo eléctrico que supera por mucho al de las búsquedas tradicionales en la web. Una sola consulta a un sistema de IA puede usar diez veces más electricidad que una búsqueda en Google. Según el Instituto de Energía y Medioambiente de la Universidad Estatal de Pensilvania, en 2023 los centros de datos de IA ya consumían el 4,4 por ciento de la electricidad en Estados Unidos, y esa cuota podría triplicarse para 2028. La Agencia Internacional de la Energía proyecta que hacia 2030 los centros de datos absorberán alrededor del 20 por ciento de la demanda global de electricidad, colocando esta infraestructura al mismo nivel de industrias históricamente pesadas como el acero o la aviación.

El impacto no se limita a la energía. La refrigeración es otro factor crítico. Un centro mediano puede utilizar más de un millón de litros de agua por día. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estima que, de continuar la expansión de la IA, los centros de datos requerirán entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua al año hacia 2027, una cantidad superior al consumo anual de países como Dinamarca. En climas cada vez más secos, este detalle es fuente de tensiones con comunidades y autoridades.

Hoy existen unos 11.800 centros de datos en el mundo. Casi la mitad se encuentran en Estados Unidos, con polos enormes en Virginia del Norte —conocida como Data Center Alley—, Silicon Valley, Dallas y Chicago. Europa reparte su capacidad entre Londres, Frankfurt, Ámsterdam y París, aunque varias ciudades han comenzado a limitar nuevas construcciones por falta de espacio y de electricidad. En Asia destacan China, que con más de 400 centros se acerca al volumen europeo, además de Singapur, Hong Kong y Tokio. América Latina avanza con paso más lento, pero Brasil ya se consolidó como líder. São Paulo concentra casi 500 megavatios de capacidad instalada y atrae inversiones de gigantes como Equinix, Scala o Digital Realty. México emerge como segundo polo gracias al nearshoring y a la instalación de centros en Querétaro. Chile se suma con Santiago, un destino atractivo por su oferta de energía renovable y su clima frío, donde Google y Microsoft ya construyen instalaciones de gran escala.

El crecimiento acelerado despertó críticas en múltiples regiones. Irlanda es el ejemplo más claro: sus 82 centros de datos consumieron en 2023 más del 20 por ciento de la electricidad nacional, lo que obligó a imponer una moratoria para nuevas conexiones en Dublín. Singapur aplicó una pausa similar cuando sus centros alcanzaron el 7 por ciento de la demanda del país. Ámsterdam también frenó temporalmente la construcción de nuevos complejos. El agua es otro frente de batalla. En Uruguay, un proyecto para instalar un centro que usaría más de siete millones de litros diarios desató protestas en medio de una sequía prolongada. En España, comunidades en Aragón denunciaron que la nube "se bebía" sus ríos. En Santiago de Chile, grupos ambientalistas advierten que los centros de datos compiten con los embalses que abastecen a la población en época seca.

Las respuestas no se hicieron esperar. Las empresas tecnológicas están firmando contratos de largo plazo para abastecerse con energía eólica y solar, y se convirtieron en algunos de los mayores compradores de renovables del mundo. También experimentan con sistemas de enfriamiento que reducen el uso de agua y con la reutilización del calor residual para calefacción urbana, como ya ocurre en Estocolmo. El debate más innovador gira en torno a la energía nuclear. Google anunció un acuerdo para alimentar futuros centros de IA con pequeños reactores modulares, capaces de entregar unos 500 megavatios de manera constante y sin emisiones directas. Este tipo de reactores aún no están desplegados a gran escala, pero ilustran la búsqueda de soluciones estables y limpias para sostener la expansión de la nube.

Una sola consulta a un sistema de IA puede usar diez veces más electricidad que una búsqueda en Google
— Análisis del impacto energético de la inteligencia artificial
Los centros de datos se han convertido en un asunto de Estado, en motor de inversión y en objeto de disputa política
— Contexto del fenómeno global
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué la inteligencia artificial disparó tan abruptamente la construcción de centros de datos?

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Porque entrenar un modelo de lenguaje requiere billones de cálculos simultáneos en procesadores especializados. Una sola consulta a un sistema de IA consume diez veces más electricidad que una búsqueda en Google. Es un cambio de escala que no tiene precedente.

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¿Qué significa que Irlanda haya impuesto una moratoria?

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Significa que sus 82 centros de datos ya consumían más del 20 por ciento de toda la electricidad nacional en 2023. La infraestructura local simplemente no puede seguir el ritmo. Es un aviso de lo que puede ocurrir en otros lugares si no se planifica.

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¿Dónde está concentrada esta infraestructura?

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Casi la mitad de los 11.800 centros de datos del mundo están en Estados Unidos, especialmente en Virginia del Norte. Europa tiene Londres, Frankfurt, Ámsterdam. Asia tiene China con más de 400. América Latina es todavía pequeña, pero Brasil lidera con casi 500 megavatios en São Paulo.

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¿Cuál es el problema del agua?

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Un centro mediano consume más de un millón de litros diarios. Hacia 2027, se proyecta que los centros de datos necesitarán entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua al año. En Uruguay, España y Chile, esto genera conflictos reales con comunidades que enfrentan sequías.

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¿Qué están haciendo las empresas para resolver esto?

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Firmando contratos con productores de energía eólica y solar. Experimentando con sistemas de enfriamiento más eficientes. Y Google está apostando a pequeños reactores nucleares modulares que podrían entregar 500 megavatios sin emisiones directas.

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¿Es sostenible este crecimiento?

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Depende de si logran desacoplar la demanda de IA del consumo de energía fósil y de agua dulce. Las soluciones existen, pero requieren inversión masiva y coordinación global. Sin eso, veremos más moratorias como la de Irlanda.

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