En 1932, once obreros inmigrantes almorzaron suspendidos a 260 metros sobre Nueva York, sin arneses ni redes, mientras construían el Rockefeller Center en plena Gran Depresión. La fotografía que capturó ese instante se volvió icónica, pero sus protagonistas permanecieron anónimos durante décadas, hasta que dos cineastas irlandeses rastrearon sus identidades desde un pub en Galway. Hoy, el mismo edificio ofrece a los visitantes la posibilidad de sentarse en una viga recreada —esta vez con cinturón de seguridad— como un gesto que une la memoria del sacrificio obrero con el turismo contemporáneo.
La icónica foto de obreros en el Rockefeller Center ahora puede recrearla en The Beam
Los obreros trabajaban sin protección de seguridad durante la construcción, reflejando la precariedad laboral del siglo XX y la discriminación enfrentada por inmigrantes durante la Gran Depresión.