En un país donde el fútbol es destino y los talentos brotan en cada rincón, la tecnología ha comenzado a tender puentes entre el anonimato y la oportunidad. Kauê Fiuza, un delantero de 16 años del interior de Brasil, fue fichado por el Juventude no por el ojo de un cazatalentos, sino por los datos que arrojó CUJU, una aplicación de inteligencia artificial que evalúa a jóvenes futbolistas mediante ejercicios estandarizados. Este traspaso, el primero de su tipo, no anuncia el fin del juicio humano en el fútbol, sino el inicio de una conversación más amplia sobre quién merece ser visto y cómo.