El régimen ha sido descabezado, pero no destruido
Trump prometió acabar con Irán en días, pero el régimen sigue en pie aunque descabezado, con un nuevo líder aún más fundamentalista que su predecesor. La guerra ha abierto un segundo frente en Líbano donde Israel golpea duramente a civiles, y los aliados europeos de Trump se niegan a participar militarmente.
- Cerca de 3.000 muertos en cuatro semanas: 1.500 civiles en Irán, 1.100 en Líbano, 16 en Israel, 13 soldados estadounidenses
- 3,2 millones de desplazados internos en Irán; 1 millón en Líbano (20% de su población)
- Precio del petróleo saltó de 67,21 dólares (27 de febrero) a 115,90 dólares (9 de marzo)
- Ali Jamenei, líder supremo, fue asesinado; su hijo Mojtaba lo reemplazó, aún más fundamentalista
- El 59% de estadounidenses rechaza la guerra; solo el 25% la apoya
Tras un mes de conflicto iniciado el 28 de febrero, el plan de Trump de derrocar a Irán en "dos o tres días" ha fracasado, dejando cerca de 3.000 muertos, 3,2 millones de desplazados y una crisis energética global con el petróleo alcanzando 115 dólares.
Hace un mes, el 28 de febrero, Donald Trump prometió que la guerra sería breve. Dos o tres días, dijo, bastarían para decapitar el régimen iraní, destruir sus arsenales nucleares y balísticos, y permitir que el pueblo se levantara contra los restos de los ayatolás. Un nuevo gobierno amigable con Washington e Israel negociaría la paz. El plan, filtrado a Axios, parecía limpio en el papel. Cuatro semanas después, la realidad ha desmentido cada premisa.
Ni una rebelión interna ha derribado a los ayatolás. Ni los países del Golfo se unieron de inmediato a la causa estadounidense. Ni los aliados europeos de Trump intervinieron para mantener abierto el Estrecho de Ormuz. El régimen iraní ha sido descabezado, sí, pero no destruido. En su lugar gobierna Mojtaba Jamenei, hijo del difunto líder supremo Ali Jamenei, un hombre aún más fundamentalista que su padre y más cercano a la ala dura de los Guardianes de la Revolución. Bajo su mando, Irán se ha vuelto más represivo: más detenciones, más ejecuciones de civiles. La guerra que debía liberar al pueblo iraní lo ha sometido a un régimen más sanguinario.
El costo humano es brutal. Cerca de 3.000 muertos en cuatro semanas. En Irán, donde se libra el combate principal, han caído alrededor de 1.500 civiles y 5.500 heridos, según reportes de activistas de derechos humanos. En Líbano, donde Israel ha abierto un segundo frente contra Hezbolá con el argumento de combatir el terrorismo, han muerto 1.100 personas en el mismo período, la mayoría civiles. Los ataques israelíes a infraestructuras civiles han desplazado a un millón de libaneses, el 20 por ciento de la población total del país. En Irán, 3,2 millones de personas han sido desplazadas internamente. El analista Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, ha descrito la situación en Líbano como una limpieza étnica. En Israel, 16 personas murieron en ataques de misiles iraníes y 1.600 resultaron heridas. Estados Unidos ha perdido 13 soldados, seis de ellos en un accidente aéreo en Irak.
La narrativa oficial de Trump ha sido errática. Primero fue la amenaza nuclear iraní. Luego su capacidad balística. Después el autoritarismo del régimen. Luego la necesidad de adelantarse a un ataque iraní. La Casa Blanca no ha fijado un leitmotiv claro y legítimo. Según reportes de prensa estadounidense, Trump fue arrastrado a esta guerra por Netanyahu, incapaz de contener a su aliado israelí. La idea de que el presidente no sabe cómo salir del conflicto ha calado entre analistas y politólogos. Esto ha fracturado su base política. Joe Kent, director del Centro de Antiterrorismo de EEUU y figura visible del movimiento MAGA, renunció argumentando que Irán no suponía ninguna amenaza inminente. Una encuesta de Reuters e Ipsos del 1 de marzo mostró que el 59 por ciento de los estadounidenses rechazaba la guerra. Solo uno de cada cuatro la apoyaba. Para Trump, una operación terrestre en Irán sería una línea roja definitiva con su electorado. Sin embargo, el cambio de régimen que busca solo sería posible mediante una intervención en el terreno.
En Israel, la situación es inversa. El 91 por ciento de los israelíes apoyan la intervención contra Irán, su principal enemigo existencial. Desde el 28 de febrero, Irán y sus milicias han lanzado casi 500 misiles contra Israel. La cúpula de hierro intercepta el 90 por ciento, pero cuando hay ataques simultáneos su eficacia se debilita. Las bombas de racimo iraníes, ilegales bajo derecho internacional, han matado a civiles israelíes y palestinos, demostrando que el escudo antimisiles no es impenetrable. Netanyahu se ha coronado como el líder que enfrenta la amenaza existencial de Israel.
La guerra ha trastocado los precios de la energía global. El 27 de febrero, un día antes del inicio del conflicto, el barril de crudo costaba 67,21 dólares. El 9 de marzo alcanzó 115,90 dólares. Irán cerró el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20 por ciento del petróleo mundial, permitiendo solo el paso de barcos chinos. También atacó infraestructuras energéticas del Golfo, incluyendo las instalaciones de South Pars en Qatar, el mayor yacimiento de gas del mundo. El 23 de marzo, Trump anunció que no atacaría plantas energéticas iraníes durante cinco días. La tregua se extendió hasta el 6 de abril.
Los aliados de Trump en Europa no lo acompañan. Francia, Reino Unido y Alemania apoyan a Israel pero no participan militarmente. Emmanuel Macron y Keir Starmer han criticado suavemente que no fueron avisados del ataque. Giorgia Meloni, la ultraconservadora italiana, afirmó tajantemente que la guerra de Irán no era su guerra. Pedro Sánchez, presidente español, se negó a permitir que EEUU usara bases españolas para el conflicto. Los países del Golfo, pese a su enemistad histórica con Irán, temen verse arrastrados a una guerra abierta que dañaría sus economías y la imagen de prosperidad que han construido en Occidente.
Las negociaciones diplomáticas están estancadas. El 24 de marzo, Trump dijo que EEUU hablaba con los líderes correctos de Irán para un alto el fuego. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, lo negó. Dos días después, Trump reiteró que Irán suplicaba por un acuerdo. Araqchi volvió a desmentirlo, aunque reconoció haber recibido mensajes estadounidenses a través de intermediarios, principalmente Pakistán. EEUU presentó un plan de 15 puntos que incluye control del Estrecho de Ormuz, cierre de instalaciones nucleares iraníes y limitación de su programa de misiles. Irán contrapuso cinco exigencias: fin de la agresión militar, garantías de no reanudación, reparaciones por daños de guerra, cese en todos los frentes y reconocimiento de soberanía sobre Ormuz. La incompatibilidad es evidente. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, según reportes recientes, también negocian, buscando debilitar más a Irán para forzar condiciones de alto el fuego más favorables. El conflicto está lejos de resolverse por vía diplomática.
Citações Notáveis
Irán no suponía ninguna amenaza inminente para EEUU— Joe Kent, director del Centro de Antiterrorismo de EEUU, en su carta de renuncia
La situación humanitaria en Líbano ha sido descrita como una limpieza étnica— Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Cómo es posible que Trump haya subestimado tanto la capacidad de resistencia del régimen iraní?
El plan asumía que una decapitación quirúrgica del liderazgo provocaría un colapso interno. Pero los regímenes autoritarios tienen capas. Cuando caen los líderes, otros ocupan su lugar. En este caso, alguien aún más radical.
¿Y por qué sus aliados europeos se niegan a participar?
Porque ven lo que Trump no quería ver: que esta guerra no tiene un final claro. Europa ha aprendido esa lección en Afganistán e Irak. No quieren ser arrastrados a un pantano sin salida.
El precio del petróleo subió de 67 a 115 dólares. ¿Quién paga ese costo?
Todos. Cada persona que llena un tanque de gasolina, cada fábrica que depende de energía. Es un impuesto invisible sobre la economía global. Y Irán lo sabe. Es su única arma económica real.
¿Por qué Netanyahu apoya esto si Israel ya está bajo fuego constante?
Porque para Netanyahu, Irán es la amenaza existencial que justifica todo. El 91 por ciento de los israelíes lo respalda. Es su momento político más fuerte en años, incluso mientras los misiles caen.
¿Qué pasa si Trump intenta una invasión terrestre?
Pierde su base política. El movimiento MAGA votó por él para evitar guerras infinitas en el extranjero. Una invasión sería la traición definitiva. Pero sin invasión, el cambio de régimen que promete es imposible.
¿Entonces está atrapado?
Completamente. Prometió una victoria rápida y limpia. Tiene una guerra larga y sucia. No puede ganar sin hacer lo que prometió nunca hacer. Y no puede parar sin admitir que fracasó.