Cuando los reguladores estadounidenses abrieron en enero de 2024 las puertas a los fondos cotizados de bitcoin, la industria financiera respondió con una avalancha de productos que confundió el entusiasmo con la demanda real. Hoy, de los 448 ETF cripto lanzados en Estados Unidos y Europa, apenas un tercio alcanza el tamaño mínimo para sobrevivir económicamente. Es una historia antigua: la aprobación de algo nuevo no garantiza su adopción, y el mercado, implacable, está separando ahora a los que construyeron sobre roca de los que construyeron sobre euforia.