El Gobierno despliega su operativo en Diputados para asegurar la reforma laboral

El excel está muy fino, reconoce una fuente en estricta reserva
Los márgenes de votación para los títulos de la reforma laboral son tan ajustados que no hay espacio para sorpresas.

En el Palacio del Congreso argentino, el oficialismo de La Libertad Avanza desplegó toda su maquinaria política para defender una reforma laboral que el presidente Milei consideraba innegociable antes de partir hacia Washington. Con márgenes de votación que un operador describió como 'muy finos', el Gobierno custodió cada voto comprometido durante una sesión que se extendería hasta la madrugada, recordándonos que en democracia, los números no son certezas sino promesas que deben renovarse hora a hora. La reforma, con su controvertido Fondo de Asistencia Laboral, ponía a prueba no solo la aritmética parlamentaria sino la capacidad del poder ejecutivo de sostener coaliciones bajo presión.

  • El oficialismo proyectaba entre 130 y 140 votos, pero internamente reconocía que algunos títulos clave pendían de un hilo, con operadores advirtiendo que 'el excel está muy fino'.
  • Karina Milei canceló su viaje a Washington y toda la cúpula política se instaló en el despacho de Martín Menem como en un campamento de guerra, monitoreando cada movimiento legislativo en tiempo real.
  • Milei dejó una orden terminante antes de volar: ninguna concesión más en el articulado, cerrando la puerta a cualquier negociación de último momento que pudiera fracturar la coalición.
  • El Fondo de Asistencia Laboral, con contribuciones obligatorias de entre 1% y 2,5% según el tamaño empresarial, emergió como el artículo más vulnerable, donde los votos podían 'escaparse' con mayor facilidad.
  • Un paro nacional de transporte sumó incertidumbre logística, amenazando con impedir que algunos legisladores llegaran a tiempo al recinto antes de la votación nocturna.

La tarde en Diputados representaba una de las pruebas políticas más exigentes del año para La Libertad Avanza. El oficialismo llegaba con quórum asegurado y votos suficientes para la aprobación general, pero con márgenes tan ajustados en ciertos títulos que la estructura de poder no podía permitirse ninguna distracción.

Desde temprano, la mesa política del Gobierno convirtió el despacho del presidente de la Cámara, Martín Menem, en su base de operaciones. Allí se reunieron el ministro del Interior Diego Santilli, el secretario de Asuntos Estratégicos Ignacio Devitt y el jefe del bloque libertario Gabriel Bornoroni. Santiago Caputo monitoreaba desde la Casa Rosada, mientras Karina Milei había decidido quedarse en el país en lugar de acompañar a su hermano a Washington, señal inequívoca de cuánto pesaba esta sesión para el Gobierno.

Antes de partir hacia el Consejo de Paz presidido por Donald Trump, Javier Milei había dejado una instrucción clara: no había más espacio para ceder. El Gobierno ya había aceptado modificaciones durante las negociaciones en el Senado y luego había debido retroceder ante el escándalo por el artículo de licencias médicas. Esa etapa había terminado.

Los números proyectados —entre 130 y 140 votos afirmativos— eran suficientes, aunque apenas. Semanas de trabajo en tándem entre Menem y Santilli habían tejido los acuerdos necesarios, pero un operador admitió en reserva que la situación era delicada. El título más sensible era el del Fondo de Asistencia Laboral, un mecanismo de cuentas individuales financiado con contribuciones mensuales obligatorias: 1% para grandes empresas y 2,5% para pymes, con posibilidad de incremento por decreto. 'Ahí tenemos que custodiar bien de que no se retobe nadie', advertía un hombre clave del oficialismo.

La sesión se extendería hasta la madrugada. Un paro de transporte añadía una variable impredecible sobre la llegada de algunos legisladores, aunque el Gobierno insistía en que no sería un problema. La pregunta que flotaba en el aire era si los votos comprometidos a la mañana resistirían intactos hasta que sonara la campana final.

La tarde de sesiones en Diputados traería consigo una de las pruebas políticas más delicadas del año para el Gobierno. La Libertad Avanza se disponía a defender su reforma laboral ante la cámara baja, y desde temprano sus operadores más experimentados ya estaban en movimiento. El oficialismo confiaba en los números: tenían quórum asegurado, tenían votos para la aprobación general, y aunque algunos títulos del proyecto se movían en márgenes tan ajustados que parecían sostenerse apenas por un hilo, la estructura de poder estaba lista para custodiar cada adhesión comprometida.

Desde la mañana, la mesa política del Gobierno se instaló en el Palacio del Congreso como quien prepara un campamento para un sitio prolongado. El despacho del presidente de la Cámara, Martín Menem, se convirtió en la base de operaciones. Allí confluyeron Diego Santilli, ministro del Interior; Ignacio Devitt, secretario de Asuntos Estratégicos; y Gabriel Bornoroni, jefe del bloque libertario. A lo largo del día se sumó Eduardo Menem, el secretario de Gestión Institucional y armador nacional de La Libertad Avanza. Santiago Caputo, el asesor presidencial, monitoreaba todo desde la Casa Rosada, donde también permanecería Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, aunque se esperaba que se acercara al recinto en las últimas horas. Karina Milei, hermana del presidente, había decidido quedarse en el país en lugar de viajar a Washington con su hermano y el canciller, precisamente para estar atenta a una sesión que el Gobierno consideraba crítica.

Antes de partir hacia Estados Unidos para participar en el Consejo de Paz presidido por Donald Trump, Javier Milei había dejado una instrucción que resonaba en toda la estructura política: no había más espacio para ceder. Durante las negociaciones previas a la media sanción en el Senado, el Gobierno había aceptado modificaciones significativas. Luego había tenido que retroceder ante el escándalo desatado por un artículo que alteraba el esquema de licencias médicas. Pero eso se acababa. En Diputados, la línea era inflexible.

Los cálculos del oficialismo proyectaban entre 130 y 140 votos afirmativos para la mayoría de los títulos que componían el proyecto. Eso era suficiente, aunque apenas. Martín Menem y Diego Santilli llevaban semanas trabajando en tándem desde que la reforma había obtenido media sanción en el Senado, tejiendo acuerdos y asegurando compromisos. "Los 129 diputados los tenemos, eso es así", afirmaban las fuentes cercanas al operativo. Pero uno de los operadores reconoció, en estricta reserva, que "el excel está muy fino". Algunos títulos se movían en terreno peligroso.

El más sensible era el que contenía el Fondo de Asistencia Laboral, el FAL. Este mecanismo estaba diseñado para asistir a los empleadores privados en el cumplimiento del pago de indemnizaciones y otras obligaciones laborales. Cada empresa abriría una cuenta individual administrada como patrimonio separado en una entidad habilitada por la Comisión Nacional de Valores. El financiamiento vendría de contribuciones mensuales obligatorias: las grandes empresas aportarían el 1% de las remuneraciones brutas de cada trabajador, mientras que las micro, pequeñas y medianas empresas contribuirían con el 2,5%. Estos porcentajes podrían incrementarse hasta 1,5% y 3% respectivamente si el Poder Ejecutivo lo disponía con aprobación del Congreso. "Ahí tenemos que custodiar bien de que no se retobe nadie", advertía un importante hombre del oficialismo, consciente de que ese artículo era donde los votos más fácilmente podían escaparse.

La sesión se extendería hasta altas horas de la noche. El Gobierno había desplegado su estructura completa no por confianza ciega, sino porque sabía que en política, los números que parecen seguros a la mañana pueden evaporarse antes del atardecer. Cada diputado comprometido necesitaba ser custodiado, cada adhesión vigilada. El paro nacional de transporte añadía una variable impredecible: algunos legisladores podrían no llegar a tiempo a la capital federal. Pero el oficialismo insistía en que eso no sería un problema. Tenían los votos. La pregunta que quedaba en el aire, mientras la tarde avanzaba, era si esos votos resistirían intactos hasta que sonara la campana final.

Los 129 diputados los tenemos, eso es así
— Fuentes cercanas al operativo del oficialismo
Ahí tenemos que custodiar bien de que no se retobe nadie
— Importante hombre del oficialismo, refiriéndose al Fondo de Asistencia Laboral
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el Gobierno necesitaba instalar una base operativa en el Congreso desde la mañana si ya tenía los votos asegurados?

Model

Porque en política los números no son hechos consumados hasta que se cierran las urnas. Un diputado comprometido por la mañana puede cambiar de idea al mediodía. La presencia física, el contacto directo, la capacidad de negociar en tiempo real, eso es lo que convierte un acuerdo verbal en un voto real.

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¿Qué hace que el Fondo de Asistencia Laboral sea tan delicado?

Model

Es donde los intereses empresariales chocan más directamente con las preocupaciones de los legisladores. Obligar a las empresas a aportar entre el 1% y el 2,5% de las remuneraciones es dinero que sale de sus bolsillos. Algunos diputados pueden sentir presión de sus bases empresariales para votar en contra.

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¿Por qué Milei dejó instrucción de no ceder más después de lo que pasó con las licencias médicas?

Model

Porque cada concesión que hace un gobierno en una reforma importante sienta un precedente. Si cedes en un artículo, los legisladores ven que es posible presionarte y vuelven a intentarlo. Milei decidió que el Senado había sido el espacio para negociar. En Diputados, la línea era final.

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¿Qué significa que "el excel está muy fino"?

Model

Significa que los márgenes de votación son tan estrechos que no hay colchón. Si pierden tres votos en un título, ese título cae. No hay espacio para sorpresas, para ausencias inesperadas, para cambios de último momento. Cada voto cuenta como una unidad de peso.

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¿Por qué Karina Milei se quedó en el país en lugar de acompañar a su hermano a Washington?

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Porque la sesión de Diputados era considerada más importante que el evento internacional. Ella es secretaria general de la Presidencia y tiene un rol clave en la coordinación política interna. Su presencia en el país durante una votación crítica envía un mensaje: esto es lo que importa ahora.

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