Con la misma discreción con que el tiempo transforma el cristal en opacidad, las cataratas van borrando el mundo sin que quien las padece lo advierta del todo. Millones de personas —no solo mayores, sino también adultos jóvenes afectados por diabetes, tabaquismo o exposición solar— conviven con una pérdida visual que el cerebro aprende a compensar hasta que ya no puede. La cirugía moderna, ambulatoria y altamente segura, no solo devuelve la transparencia al ojo: devuelve la autonomía, el color y la confianza a quienes habían olvidado cómo se ve el mundo con nitidez.